A propósito del ritmo en la traducción del soneto 30 de William Shakespeare. Un caso especial, Pedro Pérez Prieto

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Lunes, 27 de julio de 2026.

Cuando allá por el año 2006 terminé de traducir los Sonetos de William Shakespeare, alguien me convenció de que tenía que publicarlos. Me puse en contacto con todas las editoriales posibles, pero o bien no respondieron a mi ofrecimiento o fue para darme una respuesta negativa. Como no tenía experiencia en estos asuntos empecé a cavilar y me dije que quizás una agencia literaria podría ser de alguna utilidad. Elegí una que llevaba poco tiempo funcionando y rellené el formulario. Justo cuando pulsé «enviar», vi que al final de la página decía «aceptamos todo menos teatro y poesía». Mi gozo en un pozo, pensé. Para mi asombro, se pusieron en contacto conmigo y me pidieron que les diera el nombre de algunas editoriales que pudieran interesarme. Así lo hice y a los pocos días me comunican que una de esas editoriales había solicitado el manuscrito y que, una vez en su poder, habían decidido que tuviéramos una reunión.

¿A qué viene todo esto? Sí, se trata del ritmo en el soneto. El director de esa editorial en aquel entonces, Emilio Pascual, excelente escritor y magnífico sonetista, nos recibió a la hora en punto en que se nos había citado y después de los correspondientes saludos y presentaciones, entramos en materia. Emilio tenía ante sí el manuscrito y pude observar que en algunos sonetos había colocado un punto delante de algún verso. A pesar de que creía saber el motivo de dichos puntos, le pregunté por ello y traté de justificar mi elección. Eran versos con ritmo dactílico. Me aseguró que la tradición del soneto en español dice que el ritmo debe ser yámbico, con acento rítmico en la sexta o en la octava sílabas y que solo en un caso muy especial no sería criticado si lo usaba.

Deseoso de ver publicada mi traducción, prometí que cambiaría el ritmo de los versos señalados. He de decir que un endecasílabo dactílico ocasional, oportuno y bien traído no me sonaba mal junto a otros endecasílabos; pero teniendo en cuenta que los sonetos de William Shakespeare tienen un ritmo bien definido y homogéneo, no encontré inconveniente alguno para que así fuera en mi traducción. Así que esa misma tarde los versos señalados pasaron a ser de ritmo yámbico si bien yo seguía pensando en las palabras de Emilio de que «solo como excepción sería aceptable» y en cuál podría ser la excepción.

Permítaseme hacer un inciso y explicar por qué ese ritmo dactílico me resulta tan atractivo. En la escuela mixta del pueblecito en que pasé mi infancia usábamos la enciclopedia Álvarez, pero tuve la fortuna de que Dña. Ángeles, la maestra, me entregara una de las enciclopedias que llegaron con la visita del señor Inspector y que me parecieron más atractivas y que, además, eran más voluminosas. Debió de sorprenderme contemplándolas y sospecharía mi interés.  Lo primero que hice fue leer todos los poemas que contenía, que eran bastantes, y aprenderlos de memoria. Me atraían especialmente el soneto y el romance, el endecasílabo y el octosílabo; pero mi poema favorito era «Marcha triunfal», de Rubén Darío. Efectivamente, el ritmo era dactílico. Años más tarde tuve la suerte de tener magníficos profesores de latín, uno de ellos nos pedía, además de la traducción correspondiente, medir los hexámetros de la Eneida que estábamos traduciendo ese curso. Aunque conocíamos las reglas para saber si las sílabas eran largas o breves, a veces teníamos dudas, pero allí estaba el 5.º pie de cada hexámetro que obligatoriamente tenía que ser un dáctilo y nos sacaba de apuros. Rubén Darío y Virgilio son los responsables de mi amor por el ritmo dactílico.

Entiendo que el endecasílabo dactílico recibiera el nombre de endecasílabo de gaita gallega; pero creo que es más que eso pues la medida no es algo aislado, sino que interactúa con otros elementos.

Estoy convencido de que la poesía es concentración y consonancia. Es decir, no es el lenguaje ordinario y corriente de la prosa, es poético. Tiene un ritmo primario, que es la medida, y un ritmo secundario, que es la emoción, el sentimiento. Y ambos ritmos están entrelazados. Al igual que la pintura necesita un soporte y la música una estructura, la poesía necesita el ritmo. Todas las grandes composiciones poéticas son grandes composiciones rítmicas, pero no todas las grandes composiciones rítmicas son grandes composiciones poéticas. El ritmo ha de tener sentido. Ha de haber un equilibrio. Y concordancia, es decir, correspondencias: las imágenes, metáforas, comparaciones, rima… Todo eso que permite establecer unas relaciones que de otra forma serían contrarias a la razón.

En todo texto literario —en el poema con mayor intensidad— existe una relación entre los diferentes planos lingüísticos cuya constante interacción da lugar a un haz de significados perceptibles. Este resultado, esta unión indestructible de forma y contenido es el idiolecto estético del poema. Esto es lo que ha de trasladar el traductor porque la forma es el contenido desplegado y el contenido está en la forma. Son inseparables, y esos significados perceptibles son el resultado de la interacción de los planos morfosintáctico, fónico y semántico del texto.

Hecho este inciso, vuelvo al soneto 30. He de decir que nuestras expectativas de ver la publicación de los Sonetos se vieron frustradas pues Emilio nos comunicó que le habían informado de que había un compromiso anterior de la editorial para traducirlos.

Cuando volví a repasar mi traducción unos días más tarde, observé que en el soneto 30 no había ningún punto delante de sus versos a pesar de que eran todos y cada uno de ritmo dactílico. ¡Ese era el caso especial, la excepción! En muchas ocasiones, el primer verso del poema original determina en cierto modo la estructura y tono de los siguientes. El verso primero del soneto 30 de William Shakespeare para sorpresa y asombro ¡era un verso de ritmo dactílico!

 When to the sessions of sweet silent thought

En mi traducción es un endecasílabo dactílico pleno:

Dulce pensar en silentes sesiones

He dicho que, a veces, es determinante para mí el comienzo de un poema y aquí se me presentaba la ocasión que había esperado para llevarlo a cabo. Tuve la fortuna de empezar con un endecasílabo dactílico pleno y reproducir la aliteración sibilante de este primer verso. El resto de versos son endecasílabos dactílicos plenos con sus acentos en 1.ª, 4.ª, 7.ª y 10.ª. Solo dos son dactílicos puros, con acento en 4.ª, 7.ª y 10.ª. Creo que las numerosas aliteraciones, sobre todo en el tercer serventesio, insisten y refuerzan ese ritmo.

Decía más arriba que ese ritmo primario, que es la medida, va entrelazado con el ritmo secundario, que es el sentimiento y la emoción. En este soneto los recuerdos no son alegres, hay pesar y tristeza, se queja por las oportunidades, amistades y amores perdidos; el tono es meditativo y pesaroso. Todo ello influye en el ritmo. Nada de la alegría de la gaita gallega. Es serio y quejumbroso puesto que ese sentimiento lo invade todo. Van pasando los recuerdos como en procesión, lentamente: «ir de dolor en dolor lentamente» (v. 10) o «con honda calma doliente» como diría quien fue maestro varios años en mi segundo pueblo, Piedrahíta, Gabriel y Galán. Es un ritmo lento, marcado y acentuado por las aliteraciones: «por triste cuenta de antiguos lamentos» (v. 11). Ah, pero, ¡cómo cambia todo en el pareado final! Ya el primer verso del pareado inicia la transición a una alegría desbordante y ahora sí, el último verso es alegre, digamos que es un endecasílabo ¡de gaita gallega!

Creo que la tradición y costumbres relacionadas con la medida pueden acoger o adaptarse a situaciones nuevas por el hecho de que la emoción y el sentimiento tienen la capacidad de modular el ritmo.

El actor Juanjo Reiz se propuso durante el COVID-19 interpretar un soneto de mi traducción cada día. Puntual como un reloj, jamás faltó a la cita. Lo interesante es que aún sigue con su promesa y nos ofrece a los numerosos seguidores dos poemas diferentes cada día, intercalando de vez en cuando alguno de los sonetos de William Shakespeare. Más de cinco años y sin solución de continuidad. Aunque Juanjo y yo hemos trabajado juntos con los sonetos, nunca le comenté todo esto sobre el soneto 30 porque yo estaba esperando a poder escuchar su interpretación, sí interpretación, como suele corregir con cierto enfado si alguien le dice que está recitando o declamando. Puede verse su interpretación en You Tube y ahorrarse todo o parte de lo que acabo de escribir porque la interpretación que hace de este soneto es magnífica: William Shakespeare – SONETO 30 – Juanjo Reiz

Me alegro de que el verso dactílico sea reconocido como modelo rítmico de todos los endecasílabos de un poema; pero creo que después de Rubén Darío ya no se ve —así lo siento— como una irregularidad la aparición del dactílico junto a los endecasílabos tradicionales en un poema y que ocasionalmente puede manifestarse junto a los de ritmo yámbico. Ya lo mostró —cómo no— William Shakespeare en el comienzo del soneto 30 y yo no quise dejar pasar la ocasión de hacer un soneto con endecasílabos dactílicos plenos.

Aquí dejo el original y la traducción. Ah, por si algún lector se pregunta si, al final, encontré quién quisiera publicar esta traducción, he de decir que apareció en la editorial Nivola[1] y después en Grupo Sial Pigmalión[2].

 

 

SONNET 30

When to the sessions of sweet silent thought
I summon up remembrance of things past,
I sigh the lack of many a thing I sought,
And with old woes new wail my dear time’s waste;

Then can I drown an eye, unused to flow,
For precious friends hid in death’s dateless night,
And weep afresh love’s long since cancelled woe,
And moan th’ expense of many a vanished sight:

Then can I grieve at grievances foregone,
And heavily from woe to woe tell o’er
The sad account of fore-bemoaned moan,
Which I new pay as if not paid before.

But if the while I think on thee, dear friend,
All losses are restored and sorrows end.

 

 

 

SONETO 30

Dulce pensar en silentes sesiones,
cito memorias de cosas pasadas,
faltan y anhelo también ambiciones,
hoy por ayer tantas horas gastadas.

Puedo anegar estos ojos, cansados,
por los amigos en noche infinita,
lloro de amor viejos males pasados,
gasto el lamento que lo ido concita.

Puedo penar por pasados tormentos,
ir de dolor en dolor lentamente
por triste cuenta de antiguos lamentos,
pago de nuevo si no es suficiente.

Pero si pienso en ti, amigo querido,
saldo mi cuenta y las penas olvido.

 

 

[1] PÉREZ PRIETO, Pedro. (2008). Sonetos. William Shakespeare. Tres Cantos: Nivola.

[2] PÉREZ PRIETO, Pedro. (2016). Sonetos. William Shakespeare. Madrid: Grupo Sial Pigmalión.

 

Pedro Pérez Prieto (Navaescurial, Ávila, 1953) es licenciado en Filología Moderna (Francés e Inglés) por la Universidad de Salamanca, y en Filología Española por la UNED. Traduce poesía de forma continuada desde el año 2003. Su traducción de los Sonetos de William Shakespeare (Nivola, noviembre de 2008) recibió en 2009 el Premio Esther Benítez que otorga ACE Traductores. Ha traducido Arena y espuma y una selección de Dichos espirituales, de Gibran Kahlil Gibrán bajo el título de Aforismos en la colección A la mínima en la editorial Renacimiento. En noviembre de 2014 se publicó su antología bilingüe Poesía en lengua inglesa. Antología esencialEl Corsario, de Lord Byron, en 2015; una reedición revisada de los Sonetos de William Shakespeare en 2016 e Historia de Cardenio, de Shakespeare y Fletcher en 2017; todas estas en la editorial Sial Pigmalión y en edición bilingüe. En esta misma editorial aparecerán próximamente Poemas sobrenaturales, de Coleridge y otras dos antologías. Acaba de publicarse Poemas, de Christopher Caudwell y no tardará en aparecer Tres poemas, de Hannah Sullivan.

 

 

 

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