Jueves, 23 de abril de 2026.
Desde 2015, los alumnos de la asignatura de Traducción Literaria de la Facultad de Traducción e Interpretación, que imparte Juan Gabriel López Guix en la Universidad Autónoma de Barcelona, colaboran con una lectura en los actos organizados por ACE Traductores y VASOS COMUNICANTES con motivo del 23 de abril, Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor.
La lectura de este año es la séptima en el formato digital inaugurado en 2020. En las anteriores ediciones digitales, los relatos leídos fueron «Algunas reflexiones sobre el sapo común» de George Orwell (2020), «El corazón delator» de Edgar Allan Poe (2021),«Un fantasma gramatical» de Elia W. Peattie (2022), «El misterio de la casa adosada» de Edith Nesbit (2023), «Las aventuras de Sherlaw Kombs» de Robert Barr (2024) y «El maestro de Moxon» de Ambrose Bierce (2025). En esta ocasión, el texto elegido es La tumba de H. P. Lovecraft.
Lovecraft: sobre tumbas y metempsicosis
I
Howard Phillips Lovecraft nació en 1890 en Providence (Rhode Island), la ciudad con la que siempre se identificó. Sin embargo, la profesión de su padre, que era viajante de comercio, hizo que pasara sus primeros años en diversos lugares de Massachusetts. No había cumplido aún los tres años cuando su padre empezó a tener ataques alucinatorios y fue internado en un hospital psiquiátrico de Providence, en el que finalmente murió en 1898. De modo que madre e hijo se trasladaron a esa ciudad, donde se instalaron en casa del abuelo materno. El pequeño Howard creció protegido por una madre posesiva cuya salud mental no dejaría de deteriorarse hasta su muerte en 1921 (ocurrida en el mismo hospital que su marido). La muerte del abuelo, en 1904, llevó a la quiebra de su compañía de construcción de regadíos, la división del patrimonio familiar y el fin de la posición acomodada para Howard y su madre.
De salud enfermiza, propenso a los dolores de cabeza, las indigestiones y la depresión, Lovecraft fue un lector voraz y una figura autodidacta con pocas habilidades sociales. Se introdujo en el mundo de las letras a través de los círculos del periodismo aficionado; fue socio de la United Amateur Press Association (de la que llegó a ser vicepresidente) y de la National Amateur Press Association, con muchos de cuyos miembros mantuvo una voluminosa correspondencia (se han publicado 3.000 cartas, pero se habla de unas 75.000 escritas a lo largo de su vida). Vivió siempre con estrecheces económicas, trabajando como corrector y escritor por encargo (para Houdini escribiría en 1924 Encerrado con los faraones).
En 1915, creó su propio periódico, The Conservative, donde haciendo honor al título expresó furibundas ideas etnocéntricas, racistas y antisemitas; además de sus propios textos, también publicó poemas, artículos y relatos de algunos de sus numerosos corresponsales. Publicó en revistas pulp, como The Vagrant y Weird Tales. En 1921, en una convención de periodistas aficionados conoció a Sonia H. Greene, nacida en Ucrania en el seno de una familia judía y con quien se casaría en 1924. La pareja se instaló ese año en Nueva York, pero las dificultades económicas llevaron a su separación, puesto que Sonia encontró trabajo en otras ciudades. Lovecraft, por su parte, volvió a Providence en 1926. En 1929, Sonia consiguió que su marido accediera a divorciarse («un caballero no se divorciaba de su mujer sin una causa», aducía él) y, unos años más tarde, volvió a casarse y perdería todo contacto con el escritor, hasta el punto de no saber de su muerte hasta 1945. En realidad, él nunca llegó a firmar el acuerdo de divorcio, detalle que ocultó a su mujer.
Hacia al final de su vida, Lovecraft fue abandonando las ideas políticas reaccionarias y se deslizó hacia un socialismo moderado. En las elecciones presidenciales de 1932, se mostró partidario del candidato socialista, pero se decantó por un voto útil en favor de Franklin Delano Roosevelt. Murió a los cuarenta y seis años como consecuencia de un cáncer de colon y está enterrado en Providence.

H. P. Lovecraft y Sonia Green, fotografiados el 5 de julio de 1921, en la convención de periodistas aficionados celebrada en Boston. Fuente: H. P. Lovecraft Archive
II
Sus historias suelen clasificarse en tres categorías; él mismo dijo, en una carta de 1923 al primer director de Weird Tales, que «tenía la costumbre de escribir relatos sobrecogedores, macabros y fantásticos». Los de un primer grupo están fuertemente influidos por Edgar Allan Poe, y en ellos domina la atmósfera gótica o macabra: «La tumba» (escrito en 1917, publicado en 1922), «El extraño» (1921, 1926) o «Aire frío» (1926, 1928). A finales de 1919, descubriría a lord Dunsany, quien marcaría la producción de una veintena de relatos fantásticos que tienen lugar en una dimensión alternativa accesible sólo a través de los sueños: «La ciudad sin nombre» (1921, 1921), «Celephaïs» (1920, 1922), «El caso de Charles Dexter Ward» (1927, 1941), «La búsqueda en sueños de la ignota Kadath» (1926-1927, 1941). Un último grupo, marcado por la influencia de Arthur Machen, entraría en la categoría del «horror cósmico», que Lovecraft definió como «cierta atmósfera de intenso e inexplicable pavor a unas fuerzas exteriores y desconocidas»; entre ellos, los más conocidos son los relacionados con la serie de Cthulhu, que combinan una topografía imaginaria (Nueva Inglaterra), un panteón extraterrestre de entidades pseudomitológicas y libros arcanos: «La llamada de Cthulhu» (1926; 1928), «El color que cayó del espacio» (1927, 1927), «El horror de Dunwich» (1928, 1929), «El que susurra en la oscuridad» (1930, 1931) o «En las montañas de la locura» (1931, 1936).
Considerado por Borges como «un parodista involuntario de Poe», la producción de Lovecraft circuló en vida del autor en los circuitos del periodismo aficionado y las revistas de literatura popular y sólo tras su muerte empezó a conquistar a un público más amplio, no sin vencer antes grandes obstáculos. Así, el prestigioso crítico estadounidense Edmund Wilson señaló en The New Yorker en 1945, cuando empezaba a cobrar fuerza el culto al escritor:
Uno de los peores defectos de Lovecraft es su incesante esfuerzo por suscitar las expectativas del lector salpicando sus historias con adjetivos como horrible, terrible, impresionante, espantoso, espeluznante, estremecedor, sobrecogedor, prohibido, impío, blasfemo, infernal y diabólico. Una de las reglas básicas para escribir un cuento de horror logrado es, sin lugar a dudas, no utilizar nunca ninguna de esas palabras; sobre todo, si al final uno pretende hacer aparecer un invisible pulpo silbante.
Sin embargo, los admiradores de su obra valoran los efectos atmosféricos por encima de los efectos estilísticos y aceptan como válido un modelo de prosa alternativo al canónico. En el caso de los lectores de sus obras en traducción, sería interesante comprobar hasta qué punto las versiones en distintas lenguas respetan o matizan las peculiaridades lingüísticas. Los biógrafos dicen que, hacia el final de su vida, Lovecraft fue consciente de su tendencia adjetival y quiso luchar contra ese exceso heredado de un Poe a quien admiró por encima de todo. De modo reciente, su entrada en el canon literario ha quedado rubricada por una edición anotada en tres volúmenes aparecida en Penguin Classics (1999-2004) y una selección de sus cuentos en la Library of America (2005).

La entidad cósmica Cthulhu, en un dibujo a lápiz de H. P. Lovecraft en 1934. Fuente: Biblioteca de la Universidad Brown (Providence)
III
«La tumba», compuesto en junio de 1917, es el primer relato que Lovecraft escribe cuando ya se ha introducido en los círculos del periodismo aficionado. Se publicaría en The Vagrant (marzo de 1922) y luego en Weird Tales (enero de 1926). Abundan en él las resonancias góticas procedentes directamente de Poe: el narrador monomaníaco que quiere convencer a su público de que no está loco («El corazón delator»), la decadencia y ruina de una dinastía («La caída de la casa Usher»), el muerto del pasado que impone su presencia («Ligeia»). Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en algunos cuentos de Poe («El corazón delator» o «El demonio de la perversidad», por ejemplo), Lovecraft acaba difuminando los límites entre la cordura y la locura. Además, invierte el tema tratado por Poe en «El entierro prematuro», de manera que el horror de un cuerpo vivo a ser prematuramente enterrado se transmuta en el horror de un cuerpo muerto a no ser adecuadamente enterrado en el lugar que le corresponde. En el relato, asistimos a la transmutación de Jervas Dudley en Jervas Hyde o a la trasmigración de Jervas Hyde en Jervas Dudley. (Y se ha señalado que el apellido Hyde sería un guiño a otra novela en la que el tema del doble desempeña un papel fundamental.) La metempsicosis es anticipada por el epígrafe inicial, un verso de la Eneida en donde Palinuro, el piloto de la nave de Eneas que, habiendo quedado insepulto no encontraba reposo eterno entre los muertos, suplica en vano ser inhumado para «que al menos descanse en la muerte en plácidas sedes».
El relato contiene una canción báquica, escrita al parecer unos años antes en respuesta a la publicada por otro escritor y que Lovecraft había juzgado de escasa calidad. En esta traducción se reproduce manteniendo los pies de tres sílabas del original (anfíbracos).
En una carta de 1920, Lovecraft mencionó que compuso el relato tras un paseo por el cementerio de Swan Point de Providence con su tía Lillian Clark, quien le había comentado que una de las lápidas, de un tal Simon Smith muerto en 1711, pertenecía a un antepasado lejano. En esa carta decía a su corresponsal:
¿Por qué no podía hablar con él y penetrar más a fondo en la vida de mi época preferida? ¿Qué era lo que había abandonado su cuerpo que ya no podía conversar conmigo? Contemplé largo rato la tumba y por la noche, tras regresar a casa, empecé mi primera historia de la nueva serie, «La tumba».
Los restos H. P. Lovecraft han acabado reposando en el cementerio de Swan Point, junto a los de sus padres… y los de Simon Smith, muerto 226 años antes que él y con el que ya puede conversar eternamente.
Referencias
Borges, Jorge Luis, «Epílogo» de El libro de arena, en Prosa completa, vol. 2, Barcelona, Bruguera, 1980, pp. 536-537.
Camp, L. Sprague de, Lovecraft. A Biography, Nueva York, Ballentine Books, 1975.
Fulwiler, William, «»The Tomb» & «Dagon». A Double Dissection», Crypt of Cthulhu, 8 (1986), 9-15.
Joshi, S. T., y David E. Schultz, An H. P. Lovecraft Encyclopedia, Westport-Londres, Grenwood, 2001.
Krämer, Robinson Peter, «Classical Antiquity and the Timeless Horrors of H. P. Lovecraft», en Brett M. Rogers y Benjamin Eldon Stevens (eds.), Classical Traditions in Modern Fantasy, Nueva York, Oxford University Press, 2017, pp. 93-117.
Wilson, Edmund, «Tales of the Marvellous and Ridiculous», The New Yorker, 17 de noviembre de 1945.
He utilizado este cuento de H. P. Lovecraft como introducción a los placeres y las complejidades de la traducción literaria en la asignatura que imparto en la Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad Autónoma de Barcelona. La presente traducción nace del trabajo preparatorio para esas clases. A lo largo de varias semanas entre febrero y abril de 2026, los participantes tuvieron ocasión de leer en profundidad el texto, debatir las dificultades y realizar sus traducciones siguiendo la plantilla interpretativa reflejada en esta versión. Añadida a otras versiones publicadas y junto con el texto introductorio aquí incluido, formó parte de los materiales que sirvieron posteriormente para la reflexión sobre la traducción.
Deseo dar las gracias a Celia Filipetto por la lectura y los pertinentes comentarios hechos al texto y a Soledad Galilea, quien además realizar también ella una valiosa lectura, ha cedido la ilustración que sirve de portada al vídeo.
Leen, por orden de aparición, Lucía Manero, Nagore Taboas, Lucía Agüera, Luján Meza, Arnau Barahona y Esteban Santana, a quienes también deseo agradecer el entusiasmo con que se ofrecieron a continuar la tradición iniciada en 2015 de realizar esta lectura como contribución a la visibilidad de los traductores en el Día del Libro y el Derecho de Autor.

Fotografía de Soledad Galilea
Juan Gabriel López Guix es traductor del inglés y del francés. Se dedica sobre todo a la traducción de narrativa, ensayo y divulgación científica, así como a la traducción para prensa e instituciones culturales. Entre otros autores, ha traducido libros de Saki, Julian Barnes, Joseph Brodsky, Lewis Carroll, Joseph Conrad, Douglas Coupland, Arnold Davidson, David Duchovny, Vladimir Jankélévitch, Rudyard Kipling, David Leavitt, Michel de Montaigne, Sylvain Neuvel, Edgar Allan Poe, George Saunders, Vikram Seth, George Steiner o Tom Wolfe. Es profesor en la Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad Autónoma de Barcelona. Fue miembro de la junta rectora y vicepresidente de ACE Traductores entre 1997 y 2000. Recibió en 2022 el Premio Nacional a la Obra de un Traductor concedido por el Ministerio de Cultura de España.


