Victoria Alonso: La guardiana, de Yael van der Wouden

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Viernes, 16 de octubre de 2026.

Victoria Alonso Blanco ha traducido del inglés La guardiana, de Yael van der Wouden, Salamandra 2025.

Obra finalista del XXI Premio de Traducción Esther Benítez.

Sinopsis

Provincia de Overijssel, Países Bajos, verano de 1961. Han transcurrido dieciséis años desde que terminó la Segunda Guerra Mundial, pero hay heridas que todavía siguen abiertas.

En ese entorno, Isabel, una mujer soberbia y reprimida, que vive sola en la casa de campo a la que su familia se trasladó cuando las bombas que caían sobre Ámsterdam forzaron su marcha al este del país, se ve obligada a acoger en su casa a Eva, la última conquista de su hermano mayor, heredero de la propiedad. Desde el momento de su llegada, la caótica y locuaz Eva, perfecta antítesis de Isabel, pone patas arriba no sólo su preciado hogar sino su rígida concepción del mundo. El tórrido verano avanza, la estancia de Eva se prolonga y la tensión crece entre ellas hasta desembocar en un torrente de pasiones y venganzas.

No puedo desvelar más datos de la trama sin destripar la historia, pero sí diré que, al recibir el Women’s Prize for Fiction de 2025 por esta ópera prima, también finalista del Booker Prize en 2024, Yael van der Wouden se declaró públicamente intersexual y señaló que su elección de esta historia de amor queer fue una decisión estructural y política para subvertir el poder establecido. No se trata sólo de transgredir normas de género; el sexo opera aquí como un catalizador con el que desmantelar prejuicios y relatos, como un duende juguetón que levanta los sucios faldones de la hipocresía moral, pero también de la complicidad por omisión inherente a casi toda posguerra.

Nadie mejor para cuestionar las estructuras de poder y husmear bajo la alfombra del pasado que una autora que suma a su identidad queer la condición plural de vivir entre religiones, culturas y lenguas distintas: Yael van der Wouden es judía, pero radicalmente opuesta al genocidio de Gaza, hija de madre israelí con ascendencia búlgara y rumana y padre holandés; criada en Israel y los Países Bajos, escribe en inglés, hebreo y neerlandés.

Comentario de la traductora sobre la traducción

La autora ha señalado en entrevistas posteriores a la concesión de ese galardón que decidió escribir esta obra en inglés porque, aun no siendo su idioma materno, es su primer idioma y, literariamente, le permite moverse con mayor libertad. Esa desinhibición sin duda confiere una potencia especial a la perturbadora prosa poética de sus descripciones, pero quien haya traducido a Conrad o Nabokov convendrá conmigo en el extrañamiento y los quebraderos de cabeza que provocan esos maestros del translingüismo con su peculiar sintaxis, con la extraña cadencia de sus frases o con esas acepciones semánticas que, pese a su fulgor, no hay forma de encontrar en los diccionarios. (Sin ir más lejos, ¿dónde demonios está ese sustantivo safekeep que da título al libro?).

Por otra parte, la crítica ha destacado la destreza de la autora para crear inquietud y tensión, una técnica narrativa esencial para elevar el lenguaje erótico. El erotismo sugiere, la pornografía muestra; y la intención de esta obra no es exhibir el cuerpo y sus fluidos, sino buscar los límites del yo, transgredir el tabú, como diría Bataille.

Creo que nunca me había documentado tanto antes de enfrentarme a una traducción. Releí Rebeca, de Daphne du Maurier, releí Maurice, de E. M. Foster, leí a Sarah Waters, leí a Miranda July, y los mezclé en orgiástica coctelera para empaparme de todos esos referentes declarados de la autora. Consulté con algunas colegas expertas en materia sáfica, espigué bastantes libros de La Sonrisa Vertical, anotando descripciones que me alejaran de la brocha gorda, procurando evitar la caída por el precipicio de lo soez o lo meramente sicalíptico. Supongo que algún poso dejaron todas esas lecturas, pero, a la hora de la verdad, nada me salvó de las carencias del castellano (ni de las mías) a la hora de describir el sexo explícito, para el que parece que carecemos de un registro lingüístico intermedio. Ni tampoco del intríngulis de reproducir esas pinceladas impresionistas cargadas de sensualidad con las que se describen gestos y caricias. Quienes traducimos del inglés conocemos muy bien la ductilidad de esa lengua para describir movimientos, la gráfica concisión de sus verbos, el ritmo musical de sus onomatopeyas y sus monosílabos, pero cuando además te enfrentas a escenas de alto voltaje sensorial o sexual, la falta de flexibilidad de nuestro idioma en ese terreno te aboca a un páramo de renuncias constantes. Dudo de que ese llano en llamas levante el espíritu, pero sin duda es el ecosistema ideal para la forja del oficio.

La sección de NOVEDADES TRADUCIDAS ofrece a los traductores un espacio donde analizar las dificultades a las que han tenido que enfrentarse al traducir una obra concreta. Animamos a todos los traductores a colaborar: véase la plantilla en este enlace.

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