Amparo Llanos, traductora de Jane Austen, Gudrun Palomino
Lunes, 11 de septiembre de 2026.
«Es una verdad mundialmente reconocida que una mujer traductora, poseedora de un gran conocimiento, necesita cierta visibilidad».
La mañana del 27 de junio de 2026 tuve el placer de presentar a Amparo Llanos en la Feria del Libro de Cádiz. Allí, hablamos de su edición y traducción de la correspondencia de Jane Austen en Afectuosamente tuya, Jane Austen (el título podría ser el final de una carta de Llanos hacia la autora), que publicó la editorial Renacimiento a finales de 2025 a propósito del 250º aniversario del nacimiento de la autora, como una de las muchas ediciones que salieron a la venta el año pasado.
Si la lectora de este artículo no sabe quién es Amparo Llanos (yo, posiblemente por la diferencia generacional, no la reconocía por su nombre, aunque sí conocía a su grupo), fue la guitarrista y cantante de uno de los grupos de música más reconocidos de España de finales del siglo XX, Dover. Me cuesta enmarcar este recuerdo, pero me acuerdo de ir en coche de pequeña y que sonara «Let Me Out» en la radio; poco más une mi memoria con Amparo Llanos. Esa la canción y la mayoría de la discografía de Dover podían indicar que tanto Amparo como su hermana Cristina dominan el inglés, pero pocos podríamos haber adivinado que Amparo se encargaría del regreso al mercado editorial español de la correspondencia de la madre de las letras anglosajonas, fundadora de la novela moderna en inglés.
Muchas veces se ha reflexionado sobre la violación de la intimidad cuando se publica un texto que no fue concebido para que un público extenso tuviera acceso a él. Para preparar la presentación y la conversación con Amparo Llanos, volví a un artículo que escribí el año pasado partiendo de la publicación de los diarios de Joan Didion. Sin embargo, nos encontramos en un contexto muy distinto: los diarios de Joan Didion son tan personales que abordan el alcoholismo, las adicciones, las recaídas en trastornos psicológicos, la culpa y la violencia de género que vivieron personas muy cercanas a ella. En el caso de Jane Austen, como comenta la propia Amparo Llanos en el texto introductorio de Afectuosamente tuya, fue Cassandra Austen, su hermana, la que destruyó la gran mayoría de las cartas de la autora (podemos imaginarnos qué tipo de cartas destruyó). Según comentó Llanos en la presentación, acceder a las cartas es un privilegio, porque podría no haber perdurado ninguna, leer textos íntimos no es un derecho de los lectores.
Las cartas de Jane Austen son un tesoro. Un tesoro de sinceridad, que sin un ojo puesto en la posteridad, nos muestran a la persona que ella fue con su alegría de vivir, sus inmensas energías, su sentido del arte y su confianza en la genialidad de su obra. Su mirada irónica, a veces compasiva y a veces mordaz, se posa en las debilidades y grandezas que nos hacen a todas y a todos seres humanos,
afirma la editorial en la contraportada del libro, abogando por la identificación de nuestra privacidad con la de Jane Austen.
Un público amable y numeroso nos recibió el sábado 27 de junio, a las 12:30 (una hora más o menos buena, si no fuera porque estábamos bajo un sol radiante en plena ola de calor y sin nada, ni una sombrilla, que nos diera un poco de cobijo). Con algo de dudas, puesto que no llegué a hablar con Amparo Llanos antes de la presentación, dividí el acto en tres bloques de preguntas: el primero, sobre Jane Austen; el segundo, sobre la edición y el proceso traductológico; y el tercero, sobre el propio contenido de las cartas y cómo había cambiado tras la traducción la relación de Amparo Llanos con Jane Austen. Llevo años presentando libros, pero nunca había presentado una traducción que no fuera propia, y las veces que me han preguntado sobre mi traducción siempre temo ser demasiado especializada. Y, en este caso, además, quería centrarme en el proceso traductológico, más que en presentar preguntas personales y relacionarlas con Jane Austen.

Amparo Llanos y Gudrun Palomino en la presentación de la traducción
Si bien Amparo Llanos no es traductora de profesión y esta ha sido su primera traducción literaria, el respeto y la consideración hacia la actividad traductora se puede detectar con un simple vistazo rápido a la edición: tanto con el prólogo, las notas a la edición, las notas al pie (que me resultan exquisitas, permiten situar al lector en el momento sociohistórico de la correspondencia, son cortas y me parecen uno de los mayores aciertos de la edición) y la bibliografía, no se puede negar la profesionalidad de su trabajo. Por ello, me alegro de la visibilidad que se ha dado al oficio en los periódicos; pero no debemos olvidar que esto ocurre porque se trata de Amparo Llanos, no porque sea la traductora de Jane Austen. Poco a poco parece que la situación está cambiando: se van publicando en los medios entrevistas a traductoras conocidas exclusivamente por sus traducciones, como vimos en la pieza dedicada a Concha Cardeñoso en El País-SModa).
Esta edición nació como una propuesta por parte de Amparo Llanos a la editorial Renacimiento, ya que los conocía y las anteriores ediciones de las cartas de Jane Austen estaban descatalogadas. La editorial aceptó su propuesta y vieron conjuntamente las opciones de publicación. «¿Habría lectores suficientes si se publicasen todas las cartas?», se preguntaron. Al final, la edición se redujo a 161 cartas, que eligió Llanos por preferencia personal y por el interés que podrían suscitar en el lector. Estas se centran en la correspondencia con Cassandra, pero también con sus editores, otros familiares e incluso se añade el testamento de Jane Austen. A pesar de que estén de moda los mamotretos y bromeamos con el público sobre llevar a la playa una novela de Pynchon (recomiendo el artículo de opinión «Los mamotretos son para el verano» de Juan Gallego Benot, que recordé en cuanto salieron de nuestras bocas los primeros comentarios al respecto), Llanos no quería que el acercamiento a las cartas de Austen fuera extensivo y expansivo, sino que fuera suficiente para conocer la vida más personal de la autora y que cualquier persona se enfrentase a ellas sin sentir cierta angustia lectora.
Si hay una idea principal sobre la que giró parte de la conversación es que Amparo Llanos no quiso dar una versión idealizada de Jane Austen, sino convertirse en su voz. A riesgo de aburrir al público lego, le pregunté a Llanos sobre las dificultades de traducción y los aspectos meramente traductológicos sobre los que tuvo que negociar con la editorial. Uno de ellos fueron las mayúsculas de la palabra «Mother», que se puso en caja baja en la traducción, pero hubo dos más que Llanos recuerda tanto con cariño como con una peculiaridad especial: «ingenuity», que se suele traducir como «ingenio», pero que en este caso tradujo por otra acepción menos usual, «ingenuidad», apoyándose también en la correspondencia que Jane Austen mantuvo con sus editores. Es posible que, pese a su genio y autoconciencia, pecara de cierta ingenuidad en la defensa de sus derechos laborales como escritora (esas cartas son una maravilla, y más si las miramos desde el mundo editorial de 2026, en el que tenemos que negociar para defender nuestros derechos como lo hizo Austen hace 250 años; ¿actuamos nosotras también desde un ingenio ingenuo?). Llanos nos leyó un fragmento en el que Jane Austen se niega a seguir las propuestas de su editor:
Soy plenamente consciente de que una novela histórica […] sería más rentable y popular […]. Pero tan incapaz soy de escribir ese tipo de novela como de escribir un poema épico. No podría sentarme seriamente a ello […], y si fuera imprescindible que continuara escribiéndola y no pudiera reírme de mí misma o de los demás, estoy segura de que estaría defenestrada antes de terminar el primer capítulo.
Su forma de traducir sería imposible para muchas traductoras profesionales por una mera cuestión de plazos de entrega y por la precariedad del sector: Amparo Llanos traduce siempre en papel, a mano, puede permitirse dudar durante horas sobre el uso de determinadas expresiones; pudo dedicarle bastante tiempo a Jane Austen, mientras sentía «que estaba con ella». También era su forma de escribir música, de crear en Dover, pero muchas de nosotras (la enorme mayoría, diría) no podemos traducir así, por mucho que lo soñemos.
Una de las últimas cuestiones que planteé fue el protofeminismo de Jane Austen. «Las mujeres solteras son extremadamente propensas a la pobreza», es la última frase que firma la contraportada, de una de sus cartas más polémicas. Si Jane Austen viera nuestras condiciones laborales actuales, podría haber firmado «Las mujeres traductoras son extremadamente propensas a la pobreza», porque la mayoría de nosotros no partimos de los contextos ni de las condiciones de la misma Amparo Llanos o las que relata Selma Ancira en el libro El tiempo de la mariposa.
Amparo Llanos nos adelantó que, después de esta tentativa, no iba a dejar la traducción porque siguen sin editarse obras de mujeres pioneras: ahora está trabajando en la edición de la obra de una filósofa del siglo XIX, aún inédita en España. Cuando en El País escribieron en la pieza dedicada a su traducción de Jane Austen que «Ha convertido su casa de Madrid en un templo dedicado a las autoras», no les faltaba razón: durante el paseo que dimos y la comida que compartimos después de la presentación, hablamos de autoras extranjeras como Amy Clampitt, pero también de su biblioteca heredada y de la novela Nosotros, los Rivero de Dolores Medio, ganadora del Premio Nadal en 1952. Sin duda, Amparo Llanos, igual que otras muchas traductoras, ve la traducción como una posibilidad para (re)leer y permitir que se conozcan más obras que o bien han ido desapareciendo del mercado editorial sin saber muy bien por qué o que han acabado en los márgenes de la literatura. Por eso, me es imposible no reconocerla como «una de las nuestras»; démosle la bienvenida a nuestro mundo de lectoras obsesivas, algo ingenuas, reivindicativas y, por qué no, idealistas y fantasiosas.

Gudrun Palomino (1998) es graduada en Traducción e Interpretación (UGR), cuenta con un Máster en Traducción Médico-Sanitaria (UJI) y es doctoranda en traducción, literatura y humanidades médicas en la misma universidad. Se dedica a la traducción literaria, la investigación académica y la redacción periodística especializada en cultura en medios como CTXT y Ethic. Cuando puede escribe poesía y estudia cerámica, pintura al óleo y arte floral.






