Entrevista a Ana Flecha Marco y María Ramos Salgado: escribir, traducir, editar, y II

Lunes, 13 de julio de 2026.
Segunda parte de la entrevista a Ana Flecha Marco y María Ramos Salgado, con motivo de la presentación del libro de María, Cartas gallegas, editado por Ana. Hemos hablado de la relación entre diferentes oficios de la edición, como pueden ser la escritura, la traducción, la edición de mesa y la ilustración.
Alicia Martorell: ¿Cómo os organizáis en el tiempo y en el espacio? Es decir, ¿escribís y traducís en el mismo sitio, de la misma manera? ¿Hay horarios de traducir y horarios de escribir? ¿La música es la misma o no?
María Ramos: Yo soy incapaz de traducir o escribir con música y da igual la música que sea. Para traducir soy muy metódica y para la escritura soy muy libre: para mí son dos compartimentos distintos.
Alicia Martorell: ¿Escribes y traduces en el mismo espacio físico, en la misma habitación de la casa o en la misma mesa?
María Ramos: Soy mucho más flexible con donde escribo; por ejemplo, este libro que he escrito lo he hecho en papel. Me compré un par de libretas y las cartas las he ido escribiendo generalmente en los sitios sobre los que estaba escribiendo. Si te escribo que he ido a no sé dónde, es que de verdad me he ido a ese sitio. Y lo he escrito dos veces, porque luego lo tenía que pasar a ordenador, así que he escrito dos veces el mismo libro.
En cambio, para la traducción siempre tengo que estar en mi puesto. Necesito mis tres pantallas, tengo mi cuaderno en el que voy poniendo siempre la fecha de la misma manera, anoto cuántas palabras me quedan, si tengo una frase que sea compleja la paso también a papel y muchas veces me ayuda solamente el hecho de escribirla, copiarla y leerla. Con la escritura no soy así. Suelo escribir de noche porque es cuando se me ocurren las cosas, cuando estoy en la cama. Entonces escribo lo que sea en un papelillo, y al día siguiente lo intento desarrollar. Así que tengo como quince proyectos distintos empezados.
Alicia Martorell: ¿Y tú Ana?
Ana Flecha: Me gustaría también decir que soy muy metódica con la traducción, aunque la verdad es que no soy metódica con casi nada. Lo que sí que hago es traducir siempre en el mismo espacio, a menos que esté de viaje, y siempre de la misma manera. También tengo mucho más en cuenta los tiempos que con otras actividades, pero porque no queda otra. En cambio, cuando escribo, marco los tiempos yo, tengo un editor, pero el editor no me está presionando con fechas, es un poco más flexible.
Lo que no puedo es hacer es tres cosas a la vez el mismo día. Me bloqueo días: si puedo, un fin de semana y si puedo más tiempo, más tiempo. Para terminar todos los libros que he escrito me he tenido que buscar un mes entero: para este encargo para el que tengo cuatro meses, voy a tener tres. Y voy a imaginarme que tengo tres. Y este otro mes lo dedico a escribir como si estuviera traduciendo. O sea, a escribir trabajando en la escritura.
Alicia Martorell: Hay un tema con la traducción que me interesa mucho, el tema de la revisión, de la autorrevisión. Porque es una forma de objetivar algo que ha salido de tu propia carne. Eso tiene que ser más crudo en la escritura que en la traducción. ¿O no? ¿Cómo os revisáis?
Ana Flecha: Me gusta más revisar lo que escribo que lo que traduzco. Me estresa muchísimo revisar lo que traduzco porque soy mucho más exigente: como el libro no es mío, estoy muy pendiente de no haberme equivocado, de no haber puesto cosas de mi cosecha, de haberlo expresado todo como verdaderamente tiene que estar. Y de que además sea correcto. Cuando yo escribo no me importa que algo sea normativo, por ejemplo. Es más, muchas veces prefiero que no lo sea. O a veces de repente dudo de si algo está bien o mal y cambio la frase entera. Total, es mía y no tengo a nadie detrás. Y me guío mucho más por el oído que en la traducción. Soy mucho más rigurosa en la corrección de las traducciones, porque voy a tener que justificar mis decisiones. Y por eso me gusta mucho menos esa tarea.
Alicia Martorell: ¿Y cómo funciona eso en la relación entre una escritora y una editora?
Ana Flecha: Cuando el texto no es mío, hago muy pocas sugerencias, creo.
María Ramos: Me hace gracia porque es que yo soy al revés con la cuestión de la corrección. Yo soy mucho más exigente conmigo misma porque digo: ¿cómo es que no lo sabes decir mejor?
Además, me ha cuadrado traducir bastantes cosas de gente que lleva muerta un buen rato, me separan el tiempo y el espacio de esta persona. Me parece más normal que encuentre dificultades. No es que sea yo más laxa con lo que he traducido, pero sí que quizá soy más buena conmigo misma. Me cuesta mucho más releer lo que yo he escrito, asimilar mi propia voz y concederle tanto criterio y validez como a cualquier otra. ¡Y ya he vuelto a lo de las voces!
Ana Flecha: Estaba pensando en esto que dices de la corrección. Cuando traduzco soy mucho más consciente de que lo que yo estoy traduciendo lo va a leer más gente que lo que yo escribo.
Y se ha dado el caso de que lo ha leído mucha gente. Y además se tiene que entender porque estoy respondiendo por una señora que no escribe en español. Sin embargo, con mis libros considero que puedo responder por mí misma y nunca pienso en cuántas personas los van a leer. Cuando traduzco, yo creo que un poco sí.
María Ramos: Yo nunca pienso en quién me va a leer. Yo me digo: «Bastante que estoy haciendo esto». Yo llego al final y digo: «He llegado. Aquí estamos. Que lo lea quien quiera».
Y cada vez más porque me hago vieja. Cuando eres pequeña y tus padres pagan las cosas, el mundo es muchísimo más sencillo. Y luego te haces vieja. Cuando ves cuánto vale el kilo de arroz y cuánto vale el kilo de palabras, no puedes evitar pensar: «A mí casi no me están pagando ni para que traduzca entero el libro, ya no hablemos de hacerlo bien». Yo siempre hago las cosas lo mejor que puedo, y suerte tienen, porque va mi nombre ahí y por eso me interesa que salga bien. Siento que estoy muy enfadada en general con esa cuestión. Entonces la perspectiva de quién lo va a leer… Me noto cansada, y tengo veintiséis años. Me noto harta, vieja, señora y buscando la jubilación.
Alicia Martorell: Un último tema, que es cómo se relacionan las cuestiones económicas con la escritura.
Ana Flecha: Para mí lo ideal sería que tuviéramos una renta básica universal y no tuviéramos que estar pensando en la supervivencia. Eso sería lo ideal en general. Luego también pienso muchas veces: si yo fuera millonaria, ¿traduciría? Y la verdad es que creo que no. O sea, a lo mejor traduciría un poema por la mañana como quien hace el crucigrama, pero, ¿me pondría a traducir una novela? Seguramente no.
Alicia Martorell: ¿Te dedicarías a escribir?
Ana Flecha: Sí. Entonces ahí es donde marco la diferencia. Esto es una cosa que hago y, evidentemente, gano dinero con ello. No mucho, un poco de dinero, pero no lo hago por eso. Porque es algo que entiendo que haría igual. Sin embargo, traducir no. También es verdad que esto lo digo ahora, que he traducido muchos libros. Cuando empecé a traducir, pues a lo mejor sí que te habría dicho… Pues yo traduciría igual, porque es el sueño de mi vida y me encanta. Esto también va variando.
Ahora, dicho esto, siempre vivo un poco en el cuento de la lechera, que es lo que me hace seguir adelante sin estar demasiado enfadada. Porque yo también me paso la vida enfadada. Pero luego, en la vida real, yo no quiero hacer concesiones con la escritura. Yo no querría firmar según qué contrato con según qué editorial para hacer según qué cosa solo por una cuestión económica, por la promesa de una posible remuneración a la que ahora no pueda aspirar. Hay cosas por las que no pasaría, así que no creo que tenga aspiraciones económicas con la escritura.
Alicia Martorell: María, ¿y tú cómo lo ves?

Dibujo de María Ramos
María Ramos: Yo no lo sé. Yo creo que he llegado a un punto en el que digo: «Tú mientras tengas ganas de hacer cosas, hazlas». Las cosas hechas sin ganas no suelen dar buen resultado. Puede que sea ingenua, pero yo quiero confiar todavía (porque, aunque sea vieja, también soy joven) en que si hago cosas porque me gustan y porque es un proyecto bonito, al final estaré contenta. Y que, si fuese millonaria, lo habría hecho de todas formas porque es un poco como soy. Además, yo estoy ahora metida un poco en mejorar en un campo que también trabajo desde pequeña, pero en el que no destrozaba tanto las cosas, que es el de la ilustración.
Alicia Martorell: Es otro aspecto relacionado con la industria del libro que es complementario e interesante. Porque todas las cosas de las que estamos hablando giran alrededor de la industria del libro. Quizá ya para terminar, dentro de esa perspectiva de que estamos hablando de la industria del libro desde un punto de vista muy personal o muy divergente, me gustaría que me citarais alguna pasarela entre la traducción y la escritura y algún compartimento estanco entre la traducción y la escritura. Es decir, ¿en qué se comunican y en qué no se comunican de ninguna manera?
Ana Flecha: Yo creo que se comunican en el pensar cómo se dicen las cosas. Lo que pasa es que a veces hay un intermediario y a veces no. En algunos aspectos, traducir es más fácil, porque ya está escrita la idea, pero a la vez es más difícil, porque tienes que trasladar esa idea que no puedes tú moldear de la manera que a ti te gustaría. Y luego está lo de la página en blanco. Yo nunca he entendido mucho lo del pánico a la página en blanco porque me da mucho más miedo un libro que tengo que traducir que un libro que puedo escribir yo como quiera y terminarlo cuando me apetezca.
María Ramos: A mí siempre me salen comparaciones y metáforas. Ahora pienso en el baile: la traducción es un baile de pareja, un baile de salón, y te dejas guiar por la otra persona. No puedes dar los pasos que quieras, tienes que seguirle el ritmo, no tienes que destacar, tiene que ser un conjunto. Es un baile muy complejo, pero somos dos. Yo nunca me siento sola cuando traduzco y eso que traduzco a señoras muertas. Se me hace una actividad amena en el sentido de que me parece que siempre tengo una conversación con alguien. En cambio, el baile de la escritura es un baile de una sola persona. Estás mucho más expuesta, pero hay menos presión, porque haces lo que quieres.
Ana Flecha: María y yo tenemos una cosa en común. Hay mucha gente que escribe como terapia o para hablar de cosas dolorosas o para entender aspectos difíciles de la vida y yo creo que tanto María como yo escribimos para celebrar un poco lo que nos gusta y compartir cosas alegres y crear espacios en los que estemos más cómodas que en la propia vida cotidiana. Creo que puede ser por eso que para nosotras escribir sea una cosa divertida y alegre que hacemos un poco porque queremos.
María Ramos: ¡Sí, justo! Me alegra que lo digas. Además, es interesante que haya voces que hablen de temas que yo creo que no se consideran tan importantes, porque no son tan duros. Me gustaría crear una narrativa de la felicidad.
Alicia Martorell: ¿Alguna vez os veis como los autores a los que traducís? ¿Sois conscientes de que alguien os traducirá? ¿Alguien os ha traducido?
Ana Flecha: Ojalá. A mí me han traducido los primeros capítulos para hacer propuestas de traducción. Todos al inglés y Planeta solitario también al francés. Yo con el francés tengo una relación un poco más traumática, porque el francés me cuesta mucho como lengua, no tengo tanta soltura como con mis otras lenguas de trabajo, pero a la vez, al leerme en francés me reconozco mucho más que cuando me he leído en inglés, porque si escribiera en inglés, escribiría otra cosa, no me traduciría a mí misma, escribiría otra cosa y tendría la capacidad de hacerlo.
Pero me resulta más curioso leerme en francés porque esa similitud que tienen las dos lenguas hace que, de repente, veas que algo queda muy bien en un idioma en el que no estaba escrito. Y me gusta mucho también la posibilidad de reflexionar sobre eso, por lo que tú dices: ser de repente la autora a la que traducen. Creo que sería una autora muy maja si me tradujeran, sería muy amable con mis traductoras, porque sé lo difícil que es y no me metería en absoluto, porque resulta muy sencillo entender que ese texto es mío, pero también es de la otra persona que lo está traduciendo y me interesa que sea así, además.
María Ramos: Se van poniendo sabores en la olla y esto va cogiendo más bouquet. A mí no me han traducido nada, pero tanto Ana como yo traducimos de varias lenguas (esto también es algo que no es común a todos los traductores) y yo me veo distinta en cada combinación lingüística, sobre todo cuando trabajo con gallego y euskera, que para mí son lenguas muy personales, del ámbito cotidiano. Son voces que me conectan con diferentes versiones de María, que son la María de Euskadi, la María de Galicia.
Alicia Martorell Linares es traductora desde hace más de 30 años. Sus campos de especialización son las ciencias humanas y sociales, la comunicación financiera y empresarial y los textos institucionales. Es socia de ACE traductores y Asetrad. Ha traducido, entre otros autores, a Roland Barthes, Judith Butler, Simone de Beauvoir y Cioran.





