Entrevista a Ana Flecha Marco y María Ramos Salgado: escribir, traducir, editar, I

Lunes, 6 de julio de 2026.

Entrevista a Ana Flecha Marco y María Ramos Salgado, con motivo de la presentación del libro de María, Cartas gallegas, editado por Ana. Hemos hablado de la relación entre diferentes oficios de la edición, como pueden ser la escritura, la traducción, la edición de mesa y la ilustración.

María Ramos Salgado traduce del inglés, gallego y euskera al castellano, gallego y euskera. Ha publicado, además de las Cartas gallegas que tratamos en esta entrevista, una selección de poemas en una antología de la editorial Pie de página.

 Ana Flecha Marco traduce del noruego y del inglés al castellano y ha publicado tres textos de obra propia en la editorial Mr. Griffin, donde también dirige una colección, y ha participado en algunas antologías.

Alicia Martorell: María, esta tarde (6 de junio de 2025) vamos a la presentación de tu libro, que tiene a Ana Flecha como editora. Cuéntanos un poquito cómo se llama, con qué editorial lo has hecho, cómo lo has hecho, cómo fue la idea… ¿Es tu primer libro?

María Ramos: Es mi primer libro como autora de obra propia. Se titula Cartas gallegas, una mirada hacia la Galicia interior y está publicado en el sello Vía Postal, que dirige Ana Flecha Marco, de la editorial leonesa Mr. Griffin. La colección tiene como título, o como lema, «Autoras que te gustaría que fueran tus amigas», que parece muy bonito.

Es un libro en el que escribo una serie de cartas a una amiga, que es la persona que me lee y también soy yo. En ellas retrato la manera en la que yo he vivido en la aldea gallega de la que mi abuelo emigró hace sesenta años, a la que volví para vivir una temporada. Es una narración difícil de definir, pero como dijo María Alonso Seisdedos, está escrita con amor y humor. El libro nace de la confianza de Ana, porque fue ella quien un día me pidió que le escribiese un libro.

Alicia Martorell: Esta era la segunda pregunta. Ana, ¿cómo te metiste a editora? ¿Es tu primer libro como editora, o ya has hecho más?

Ana Flecha: He hecho más. En 2012 estudié el máster en Edición en la Autónoma de Barcelona. Y de hecho empecé a escribir porque quería editar un libro. Los primeros libros que edité los escribí yo: primero Mancha, en 2016, y después de Piso Compartido, en 2018. Ahora están los dos reeditados por Mr. Griffin.

En 2020 o 2021, mi editor me dijo que había contratado un libro que se llamaba Cartas Portuguesas, de Rita Barata Silverio, una mujer portuguesa que vive en Madrid y que tenía una newsletter con ese nombre, «Cartas Portuguesas», en la que contaba cosas de Portugal a los españoles. Me preguntó si quería llevar un sello en su editorial que siguiera un poco esa línea de las cartas y de los lugares.

Los libros de «Vía postal» son libros de cartas que hablan de distintos sitios. Tampoco es que sean libros epistolares porque no hay respuesta: es una carta que se lanza al vacío. Todos los libros de la colección siguen esa misma estructura de capítulos cortos que tratan un tema en particular y que la autora puede tratar como quiera.

María Ramos: Estos libros son como una ventanita a la vida de mujeres muy distintas y eso creo que le aporta muchísimo sabor al libro, muchísima cercanía. También te acerca a realidades muy diversas, porque las autoras no tenemos nada que ver entre nosotras. Es un formato de libro que quizás sea muy novedoso en ese sentido.

Ana Flecha: Lo de la edición lo hago porque me apetece y no con el objetivo ni de ganar dinero ni de nada más que dedicar parte de mi tiempo libre a una actividad que me gusta. Mi criterio editorial, por supuesto, es que me interese lo que estas autoras tengan que decir, pero también que sea gente con la que yo me vaya a llevar bien, y eso se ve muy fácil. Ya que estamos en esto sin ninguna pretensión económica, que nos lo pasemos bien haciéndolo, que estemos a gusto.

Alicia Martorell: Ana, desde aquel primer libro, Mancha, ¿cómo ha sido tu trayectoria como escritora?

Ana Flecha: Pues muy inesperada, porque al principio no tenía ninguna pretensión de escribir, más allá de que soy traductora de libros, que también es escribir. De Mancha saqué una pequeña tirada, no me acuerdo si fueron 300 ejemplares, y se agotó muy muy rápido.

Cuando saqué la siguiente, dije: oye, pues a lo mejor es que se me da bien lo de escribir y tengo que seguir por ahí. Y desde entonces sí que me he tomado un poco más en serio lo de la escritura, es decir, pensar en un proyecto que quieras hacer y terminarlo. No es tanto: «como me gusta escribir, voy a tomar estas notas», sino llevar esas notas a un proyecto cerrado, dedicar un tiempo a terminar una cosa que has empezado. Que a lo mejor no es lo que tú te planteabas al principio, porque yo no soy una escritora que plantea desde el principio cómo quiere que sea su libro, sino que voy viendo cómo se va construyendo ese libro, como parece que se va haciendo solo, sobre la marcha.

A partir de ahí, me han pasado cosas como que me inviten a la Feria Libro de la Paz, en Bolivia, o que pongan una placa con mi nombre en un instituto de Tenerife. O sea, cosas completamente inverosímiles. Y que me inviten a clubes de lectura.

De repente me escribe o me saluda gente que no conozco de nada. Tampoco tengo tantísimos lectores, pero te dices: me lee gente que no conozco. Eso es una cosa que a mí me sigue pareciendo rarísima aunque sea evidente, porque tú publicas un libro y a cualquiera le pasa, ¿no? El libro está en librerías y lo va a leer alguien que tú no conoces de nada.

Y luego llega Planeta solitario. En principio era un encargo para escribir un libro de viajes, que me parece algo como de señora decimonónica rica. Al escribirlo me di cuenta de que yo en realidad no viajo mucho, llego a un sitio y me quedo en él, así que lo que he hecho con este libro es una reflexión sobre viajar y aprender que existe lo de fuera, lo extranjero, que en mi caso percibía desde un lugar muy pequeño.

Alicia Martorell: ¿Y tú, María, tienes más libros en el tintero ahora mismo?

María Ramos: Sí. Maresía, que es el sello de poesía de Pie de Página, publica una colección que se titula «Poesía bonita y que se entiende», antologías poéticas de autores desconocidos. El objetivo es acercar el mundo de la poesía a lectores que no se atreven con el género. Yo mandé una selección de poemas que tenía escritos y me escogieron para «Poesía bonita y que se entiende 3». Publican tres poemas míos con unos pequeños comentarios propios y del editor.

Alicia Martorell: Vamos ahora al intríngulis de la cuestión. ¿Cómo se compagina eso con la traducción? Para bien y para mal. En todos los aspectos. Por ejemplo, en vuestra imagen de vosotras mismas. Desde que habéis empezado a escribir ¿os seguís sintiendo traductoras o ya os sentís autoras de obra propia? ¿Eso ha cambiado de alguna manera?

Ana Flecha: Yo personalmente soy traductora antes que escritora y siempre lo digo. Porque, además, traducir es lo que más hago durante más tiempo. Es mi profesión y estoy convencida de que si no tradujera, no escribiría lo que escribo y no escribiría de misma manera.

Por ejemplo, la primera de las Dos novelitas nórdicas sucede en Noruega. Es la única novela que he escrito en tercera persona. Los personajes son todos noruegos y se supone que la narradora también, aunque no lo sabemos. Al escribir ese libro, hice un proceso muy parecido al que hago al traducir, que es pensar: ¿es verosímil que esta frase la diga una persona noruega de esta manera? ¿Conocería esta realidad una persona que solo ha vivido en una isla del Ártico? ¿Pensaría estas cosas?

Alicia Martorell: Y cómo las diría en español, claro…

Ana Flecha: Soy muy consciente (supongo que el lector no) de que, aunque todo eso esté escrito en español porque lo estoy escribiendo yo, es una traducción.

Alicia Martorell: Estás traduciendo textos imaginarios.

Ana Flecha: Exacto, pero aunque yo no pienso en noruego, lo pienso en castellano desde el principio, sí que estoy pensando en la realidad cultural y en cómo trasladarla y cómo justificar que ese libro está en español aunque viene de otro lugar. Todo eso no se lo plantea una persona que no traduzca.

Alicia Martorell: ¿Y en tu caso, María, cómo es la relación entre los dos oficios?

María Ramos: No sé por qué, porque no soy una gran cocinera, pero cada vez que hablo de estos temas me vienen símiles de cocina. Para mí la escritura es como que yo decido un día ponerme a cocinar y entonces voy echando cosas a un caldo y voy probando a ver qué me gusta, qué no me gusta y voy corrigiendo de sal, añado zanahoria, quito cebolla o lo que sea. El plato final me tiene que gustar a mí y eso es suficiente. Si le gusta a alguien más, fenomenal.

En cambio, la traducción consiste en que alguien me ha pedido que cocine algo y lo hago lo mejor que puedo, según una receta. Sigue teniendo esa parte de que tú le puedes echar un poquito más de esto, puedes sofreír algo, añadirlo de otra manera, pero son dos formas de cocinar distintas, aunque en los mismos fogones. Y también es lo que dice Ana: ayuda mucho la traducción a la escritura. Quizás si no tuviera traducciones publicadas no me habría creído capaz de escribir un libro.

Yo he escrito toda la vida, desde pequeña, pero me pasaba una cosa que no sé si es de ser mujer o de ser persona: que me daba luego muchísima vergüenza lo que había escrito, lo tiraba todo. Creo que no conservo absolutamente ninguna cosa que haya escrito hasta igual dos años antes de que Ana me pidiera Cartas gallegas. Y ahora me da pena, es como tirar tus dibujos de pequeña; luego te conviertes en pintora y lo echas en falta, era una parte del recorrido. Pienso que he perdido esa conexión. Creo que la traducción te da confianza porque te da mucha perspectiva, te ofrece también muchas voces.

Alicia Martorell: ¿Podrías intentar explicar un poco lo de las voces?

María Ramos: En las cuestiones creativas creo que lo primero que te tiene que mover es que te guste lo que haces, y lo segundo rodearte de gente que te cae bien. Por eso me gusta mucho el trabajo que hace Ana: lo de las voces es una idea que compartimos en lo tocante a la literatura. Cuando hablamos de voces, hablamos de aquellos elementos que se destacan o que no aparecen en tus textos: de qué hablas, cómo lo describes, qué temas tratas. Esas cosas construyen tu voz literaria. Por ejemplo, Ana y yo hemos hablado de la cuestión de los cuerpos: los cuerpos no nos interesan nada. Hay gente que valora mucho hacer unas descripciones, unas parrafadas tremendas sobre el tipo de azul de los ojos del protagonista;  a mí no me interesa. Creo que nos gusta encontrar voces que reflejen esos gustos. Lo que te puede interesar de la descripción física es decir que alguien es más alto que un ciruelo, por ejemplo, que es algo que decía una niña a la que yo daba clase. Esta es una voz que me interesa.

Me parece que hay ocasiones en las que quizá seguimos bastante pegados a qué es lo que leen los demás, lo que «está bien» leer y lo que «hay que» leer, y no leemos otras voces más plurales, o que analizan una cosa profunda pero desde una perspectiva distinta. Y eso es algo que la traducción aporta a la escritura: no puedes huir del texto y te ves obligada a comprender cómo está pensando esta persona, qué es lo que ha querido decir. Te hace descubrir la voz y el origen de la voz. Y eso luego te ayuda a ti a decidir qué quieres escribir, al menos en mi caso. Indagas en tu propia voz.

Alicia Martorell: ¿Qué destrezas que habéis adquirido traduciendo os sirven para escribir?

Ana Flecha: Yo por ejemplo escribo siempre textos muy breves y mucha gente me ha dicho, ¿por qué no escribes libros más largos? Y la verdad es que cuando leo y cuando traduzco, muchas veces me parece que a los libros les sobran páginas. Así que lo que hago es editarme a mí misma, como he hecho desde el principio, para evitar ese exceso. Intento decirlo todo de la manera más concisa posible y creo que eso, que yo considero una virtud, también me viene de traducir del noruego, que es un idioma mucho más conciso que el castellano y que me obliga a preguntarme constantemente cómo puedo expresar cualquier cosa de una manera más llana y más directa.

También hay otra cosa que aprendes mucho al traducir: interiorizas la estructura de los libros. Cuando lees, sabes cómo funciona un libro, pero no te estás fijando tan profundamente en todo lo que está haciendo un escritor o una escritora para armar ese libro o esa historia que está contando.

 

Continúa en la segunda parte

 

 

 

 

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