El espía, el escritor y 33.761 judíos muertos

Por David Paradela
26/07/2022

En 1970, Kuznetsov publicó en inglés la edición completa de Babi Yar, firmada con pseudónimo «A. Anatoli». Tipográficamente, la edición presentaba ciertas peculiaridades: marcaba en negrita los fragmentos que habían sido censurados en la primera edición rusa de 1966, y añadía entre corchetes mucho material adicional redactado por el autor entre 1967 y 1969. La traducción corrió a cargo de David Floyd. No deja de llamar la atención que el periodista dos veces traidor, por espía y traductor, fuera uno de los artífices de la defección de un autor soviético y que firmase una traducción que, tanto por el contenido por el continente, pone de manifiesto como ninguna otra la intolerancia, el desprecio a la memoria y el afán totalitario de un régimen con el que él mismo había colaborado, con gran riesgo por su parte, dos décadas antes. A fin de cuentas, es posible que quienes creyeron en la sinceridad de su confesión de 1951 no se equivocaran. La novela no apareció de forma íntegra en ruso hasta 1991. En 2008 se publicó la traducción ucraniana, firmada por Alekséi Kuznetsov, el hijo del autor.

A lo largo de los años, la urss se aplicó por todos los medios a camuflar la historia de Babi Yar. Como explica Kuznetsov al principio del libro, «tras la guerra, hubo en la Unión Soviética un violento estallido de antisemitismo que incluyó una campaña en contra de lo que se denominaba “cosmopolitismo”, y cualquier mención de Babi Yar estaba poco menos que prohibida» (p. 13). La versión oficial era que allí se había cometido el «asesinato de pacíficos ciudadanos soviéticos». Con el tiempo, se intentó urbanizar el espacio: se decidió rellenar el barranco, se arrasó el antiguo cementerio judío, se edificaron un bloque de viviendas y unos estudios de televisión; incluso se proyectó un estadio que nunca llegó a construirse. El coste fue enorme, no solo en términos económicos, sino en vidas humanas: en 1961, el dique que contenía la tierra lodosa con la que se pretendía rellenar  barranco cedió a causa de la lluvia, provocando un aluvión de fango y restos humanos que sepultó un barrio entero y mató a varias personas. Según Kuznetsov, se tardó dos años en retirar los escombros: «Parecían las excavaciones de Pompeya» (p. 473). En 1966, el régimen seguía decidido a silenciar la masacre: en conmemoración del 25 aniversario, se produjo una concentración espontánea en el lugar. Cuando la televisión se enteró, mandó cámaras; poco después, el director del canal fue despedido y la policía secreta confiscó las cintas.

Fueron varios quienes trataron de conservar el recuerdo de aquella atrocidad. Se cree que la primera fue la poeta Liudmila Titova, testigo de los hechos, con un poema que no se descubrió hasta la década de 1990. Otro fue Mikol Bazhan, a quien el pcus obligaría a rechazar la candidatura al Premio Nobel en 1970. El poeta Yevgueni Yevtushenko (antiguo alumno, como Kuznetsov, del Instituto de Literatura Maksim Gorki) publicó en 1961, en el semanario Literaturnaya Gazeta, un poema sobre Babi Yar que empieza: «No hay monumentos en Babi Yar»; al año siguiente, Shostakóvich «traduciría» el poema de Yevtushenko al lenguaje musical con su Sinfonía n.º 13 en Si bemol menor.

La novela de Kuznetsov concluye con las siguientes palabras: «Me pregunto si algún día comprenderemos que no hay nada más precioso en este mundo que la vida y la libertad humanas. O si todavía han de cometerse más barbaridades» (pp. 477-478). El 1 de marzo de 2022, el ejército ruso bombardeó el memorial de Babi Yar durante la ofensiva contra Ucrania ordenada por Vladímir Putin, el falso traductor de Dresde.

 

 

Sobre los espías y la traducción:

Mark Polizzotti, Simpatía por el traidor, trad. Íñigo García Ureta, Madrid, Trama, 2020, pp. 48-49; Marcelino Menéndez Pelayo, Historia de los heterodoxos españoles, Madrid, Librería Católica de San José, 1880, vol. II, pp. 466-467 y 644.

Sobre los Cinco de Cambridge:

Ben Macintyre, Un espía entre amigos, trad. David Paradela, Barcelona, Crítica, 2015. Sobre David Floyd: Olivia Goldhill, «The UK hid the story of a Soviet spy for 70 years because they felt silly for hiring him», Quartz, 25-2-2018, disponible aquí [consulta: 3-3-2022]; Guy Walters, «Named after 67 years, the Oxford traitor whose spying for Russia was hushed up by MI5 became a Daily Telegraph journalist known as “Pink” Floyd», Daily Mail, 26-2-2018, disponible aquí [consulta: 3-3-2022].

Sobre Anatoli Kuznetsov:

«A soviet author’s flight to the free world», Time, 8-8-1969, disponible aquí [consulta: 3-3-2022].

Sobre Babi Yar:

Tony Judt, Postwar, Londres, Pimlico, 2007, p. 182; Anatoli Kuznetsov, Babi Yar, trad. David Floyd, Nueva York, Farrar, Straus and Giroux, 1970; Timothy Snyder, Tierra negra, trad. Paula Aguiriano, Inés Clavero, Irene Oliva y David Paradela, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2015, pp. 205-207.

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