Manifiesto a favor de un Sello de Traducción Humana

Martes, 21 de abril de 2026.

En el marco de una campaña en favor de la transparencia en el mundo editorial, ACE Traductores lanza una propuesta en favor de un sello que identifique aquellas traducciones hechas por seres humanos. Los lectores merecen que no se les engañe. 

Diseño de Clara Juan – La Buena Compañía

En este convulso inicio de siglo que augura el fin de tantas cosas, pocas actividades netamente humanas conservan y ven incluso aumentar su número de adeptos. Entre estas, brilla con luz propia la lectura, que consiste en interiorizar hechos narrados o historias inventadas por otro ser humano, una actividad de todo punto inútil según criterios estrictamente materialistas y, quizá por ello, profundamente enriquecedora.

Buena prueba de ello es que el sector editorial español vive hoy una pujanza sin precedentes y los jóvenes son el segmento de lectores que más crece año tras año. Además, la literatura es una fuente de inspiración para todo tipo de narraciones que se consumen masivamente y generan pingües beneficios, desde las series y las películas hasta los videojuegos. A diferencia de las máquinas, los humanos necesitamos la ficción como el comer.

Sin embargo, lo único humano de un libro redactado, traducido o ilustrado mediante la inteligencia artificial generativa (IAG) es el material del que en origen se nutrieron los motores para barajar esos dados a una velocidad de vértigo. Es la apropiación de lo que fue humano y ya no lo es. Pese a que en España no existen datos que den fe del grado de penetración de la IAG en los procesos editoriales, en Francia ya hay por lo menos una editorial, Harper Collins, que recientemente ha decidido traducir de forma automática las obras de su sello de literatura romántica, Harlequin. Es de suponer que otras seguirán su ejemplo.

A lo largo de la historia, la tecnofobia que nació con el movimiento ludita al calor de la Revolución Industrial se ha revelado inútil para detener lo que se ha dado en llamar progreso. No pretendemos frenar una dinámica que seguramente es irreversible y cuyos efectos en el devenir de la humanidad apenas empezamos a entrever, pero sí creemos en la necesidad de reivindicar la transparencia de ese proceso para salvaguardar la esencia de la creación humana, aquello que nos distingue, todavía y por encima de todo, de las máquinas.

Del mismo modo que en el supermercado, como consumidores, queremos ser informados de la procedencia de los alimentos o de si contienen ingredientes modificados genéticamente, tenemos derecho a saber, en cuanto lectores, si un libro que nos disponemos a comprar ha sido generado, en todo o en parte, con IAG.

Que nadie se llame a engaño: lo que busca la industria editorial no es una mayor calidad del producto final, ni tan siquiera una rebaja del precio de venta al público (pese a la significativa reducción de costes que supone emplear la IAG), sino incrementar su propio margen de beneficio en detrimento de la calidad de los libros editados y a costa de precarizar aún más a un colectivo, el de los «parias de la edición» —traductores, correctores, maquetadores, ilustradores—, que a duras penas subsiste desde hace décadas. De prosperar la automatización de los procesos editoriales, este colectivo se verá abocado a la imposible tarea de intentar insuflar vida a textos sin alma, porque, si las obras literarias creadas por seres humanos se retroalimentan en un diálogo eterno, los textos generados por IAG se retroempobrecen, víctimas de una autofagia incesante que devora todo atisbo de creatividad. Y qué decir del coste medioambiental que supone el uso masivo de la IAG en un planeta agonizante o el peligro que representan las «alucinaciones» a las que tan propensa es la máquina, con el consiguiente riesgo de desinformación y destrucción cultural.

Por todo ello, alzamos la voz para reivindicar la naturaleza intrínsecamente humana de las artes en general y de la traducción literaria en particular, exigiendo transparencia a la hora de emplear la IAG en los procesos editoriales. Esa transparencia debe concretarse en una información clara, sencilla y fácilmente accesible, y para ello invitamos a las editoriales a estampar en la cubierta de sus libros un SELLO DE TRADUCCIÓN HUMANA como el que ACE Traductores pone a disposición de cuantos particulares, empresas y organismos públicos deseen usarlo.

Sello de traducción humana. Que no te den datos por libros

Junta de ACE Traductores

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