Irene Oliva: Muerde a tus amigos, de Fernanda Eberstadt
Viernes, 6 de noviembre de 2026.
Irene Oliva ha traducido del inglés Muerde a tus amigos, de Fernanda Eberstadt, Gatopardo Ediciones, 2025.
Obra finalista del XXI Premio de Traducción Esther Benítez.
Sinopsis
¿Quién estaría dispuesto a poner, a entregar, el cuerpo por una causa? A lo largo de la historia son y han sido muchas las personas que no han dudado en hacerlo. La escritora Fernanda Eberstadt nos presenta en esta obra algunos ejemplos: desde filósofos clásicos que invitan a hincar el diente a seres queridos y mártires paleocristianas metidas a gladiadoras, como Diógenes y las santas Perpetua y Felicidad, hasta intersexuales decimonónicas como Alexina B., pasando por intelectuales y autores más recientes con visiones visionarias sobre la sexualidad, como Foucault y Pasolini, y artistas activistas sin miedo a Putin ni a las drogas, como las Pussy Riot y Stephen Varble.
El hilo conductor que enhebra todos sus relatos es el mismo que cosió las cicatrices de la madre de la autora en el Nueva York del siglo pasado, cuya cultura underground de los años setenta su hija vivió en primera persona y por la que nos pasea a lo largo de la lectura, con apariciones estelares de Andy Warhol, David Wojnarowicz o Peter Hujar, personajes que también aparecen en el artículo para Granta que supuso el germen de este libro.
Como reza la contracubierta de este agresivo e imperativo título, Muerde a tus amigos, este ensayo de difícil clasificación, en tanto que «tratado filosófico, confesión íntima y manifiesto político, […] es una exploración sugestiva y vibrante del poder subversivo del cuerpo».
Comentario etnográfico de la traducción
Hay encargos en los que, por lo que sea, a una le cuesta más sumergirse, y encargos que, ya desde la primera página, te obligan a zambullirte en sus profundidades. Este en concreto fue uno de esos que me invitó a coger aire, dejarme llevar por la marea y empaparme de temas, corrientes y pensadores que durante varios meses fueron fluyendo por la traducción y por mi mesita de noche. Tal como la propia narradora llega a confesar y, luego, yo repliqué durante la fase de traducción: «Lo que de verdad anhelaba era quedarme en mi estudio atiborrándome hasta hartarme de Pier Paolo Pasolini [o el personaje que tocara en ese momento]. […] Sentía que necesitaba volver a sumergirme en la vida de Pasolini: la vida de alguien tachado como un mártir-pervertido, iluminada por “ávidos placeres dionisiacos” pero también por su tremenda dedicación a lo que él, como Foucault, denominaba “el coraje de la verdad”».
En mi búsqueda de esa verdad y de esos placeres, literarios en mi caso, mientras buceaba a la caza de perlas en forma de citas, acabé leyendo títulos que tenía pendientes, a veces incluso sin saberlo, y también pescando y degustando nuevas lecturas paralelas, a modo de libro-cajón de sastre; y ahora ustedes me perdonarán el arrebato desordenado de namedropping: amén de los ya citados Foucault y Pasolini, me he bañado en las procelosas aguas de Bataille, Agamben, Wittgenstein, Sloterdijk, Bakunin, Anne Carson, Hervé Guibert, Natassja Martin, Nadia Tolokónnikova, Plutarco, Séneca, san Agustín, Ovidio… Y, entre brazada y brazada, me he cruzado felizmente con todos los colegas que les dieron voz en español.
Al tratarse de un libro un poco sui géneris, o de género híbrido o fluido, que flota entre el ensayo y la biografía, he debido recurrir a distintos estilos de natación para enfrentarme a la traducción de todo tipo de textos, puesto que el artefacto incluye diarios, citas, poemas, listas, correspondencia, artículos de prensa, entrevistas, biografías, cuentos de hadas, canciones punk, tonadas folk, tratados de historia, escenas de películas…, además de imágenes: pinturas y fotografías, ya fueran artísticas o del archivo personal de la autora. Y no solo distintos estilos de natación, sino también diferentes trajes de baño para traducir según qué tipo de lenguaje (elevado, litúrgico, soez, artístico, confesional, metafísico…) o qué persona narradora (primera, segunda o tercera), sin perder demasiado el resuello ni, sobre todo, dejar sin aire al lector.
Por todo lo anterior, la que esto escribe se despertaba cada día sedienta de conocimientos, deseando saber qué nuevo autor descubriría y debería explorar en sus correspondientes páginas diarias. Y esto, como bien sabéis, queridas colegas, es un regalo. Quien lo probó lo sabe.
Pero hoy, aquí, tratándose de una reseña para VASOS COMUNICANTES hemos venido sobre todo a hablar de la famosa autoetnografía de la traducción, término acuñado por el maestro Salvador Peña, de manera que ahora me centraré en la historia personal no solo de esta traducción, sino del encargo editorial en sí. Con tal fin, he ido a hacer un poco de arqueología del encargo en mi cuenta de correo y he redescubierto/recordado que esta propuesta en concreto me llegó en febrero de 2024 y, como en Gatopardo, con quienes ya llevo traducidos una docena de libros y tengo la suerte de colaborar desde casi sus inicios y los míos, ya me conocen y me tratan muy bien, me propusieron directamente que sugiriera yo la fecha de entrega: un lujo.
Una vez hojeado el manuscrito, el flechazo fue instantáneo y quise saber más. No había oído nunca el nombre de la autora, así que le pregunté a Lucas Villavecchia, el editor, cómo había llegado hasta ella. Esta fue su respuesta:
Olvidé decirte que conozco a Fernanda desde niño. Es íntima amiga de mis padres. Aunque al libro no llegué por ella, sino que lo vi en una de esas listas de los libros más esperados del año. Ella está encantada de volver a publicar en España –en su día estuvo con Salamandra y El Aleph– y seguramente la traigamos a promocionar el libro. Fernanda empezó a publicar muy joven y el mismo John Updike la llenó de elogios. Tuvo su momento de gloria en paralelo a Brett Easton Ellis. En este vídeo puedes verlos a los dos cuando eran unos pimpollos.
Como es lógico, ni corta ni perezosa me fui directa a buscar esos libros traducidos para empaparme del estilo de la autora. Reconozco también que ver la entrevista acabó de convencerme y cautivarme, de modo que pusimos en marcha el mecanismo de firma de los contratos (papel y digital, siguiendo el contrato tipo, que no está de más decirlo) y al cabo de unos meses empecé a traducirlo.
Llega aquí el momento de confesar que por primera vez en mi carrera tuve que pedir unas semanas de prórroga para la entrega, porque calculé mal las páginas y los tiempos del encargo anterior (y de paso me quedé sin vacaciones de verano) y básicamente me pilló el toro (por cierto, también aparecen siniestros diestros en el libro), aunque en peores plazas he toreado: por suerte, desde la editorial me echaron un buen capote y todo quedó en un susto.
En el apartado de agradecimientos, además del buen hacer de las almas gatopardianas, Lucas Villavecchia, Íñigo García y Pol Frau, me gustaría resaltar de nuevo la generosidad de las compañeras y compañeros de la tecla que me han facilitado el acceso a las numerosas citas y obras mencionadas, como Teresa Valero y David Paradela; de Joaquín Fernández-Valdés, quien desde el turno vespertino de nuestro despacho compartido (¡un saludito a la Factoría de Traducciones 2.0!), me ayudó con las transliteraciones del ruso; cómo no acordarme también de las amigas a las que tanto di la turra mientras traducía «el libro de la Fernanda»; y, por supuestísimo, de todas las lectoras y socias que en estos meses no solo le han dado amor a Muerde a tus amigos, sino que han considerado que su traducción merecía ser finalista de este nuestro querido premio Esther Benítez y, con su nominación, han hecho tremendamente feliz a la traductora que durante tantos años soñó con dedicarse precisamente a esto.
Como colofón, me gustaría reivindicar los libros buenos que no venden mucho, esos que pasan más bien desapercibidos y zozobran en la mar gruesa de las novedades porque no son best-sellers ni están escritos por autores de moda ni editados por gigantes editoriales. No obstante, en nuestro caso, por suerte sí que hubo críticas y periodistas que se hicieron eco de su publicación (entre otras, Marc Giró y Begoña Gómez, ambas, retomando la línea beata, bastante santas de mi devoción). Para muestra, unos cuantos botones, donde hacer clic, de los minutos de gloria de la obra, ¡aleluya! [1], [2], [3], [4], [5]
Enlace a las primeras páginas.
La sección de NOVEDADES TRADUCIDAS ofrece a los traductores un espacio donde analizar las dificultades a las que han tenido que enfrentarse al traducir una obra concreta. Animamos a todos los traductores a colaborar: véase la plantilla en este enlace.






