Conversación entre el autor y su traductora: Don Winslow y Victoria Horrillo

Lunes, 16 de octubre de 2023.

Don Winslow (Nueva York, 1953) es autor de más de una veintena de novelas entre las que destaca su Trilogía del Cártel, el ciclo narrativo en torno a la guerra contra el narcotráfico en Norteamérica que inició con El poder del perro (2005) y continuó con El cártel (2015) y La frontera (2019). Considerado uno de los grandes maestros del género policíaco contemporáneo, en España ha sido galardonado con el Premio RBA de Novela Policiaca (2015), el Premio Pepe Carvalho del Festival BCNegra (2022) y el Premio José Luis Sampedro del Festival Getafe Negro (2023). Volcado actualmente en su activismo político, Winslow ha anunciado que dará por terminada su carrera literaria tras la publicación de su nueva trilogía, en la que mezcla la épica clásica con la tradición del relato de mafiosos norteamericano. Aquí conversa con Victoria Horrillo, traductora de sus libros más recientes: La frontera, Rotos, Ciudad en llamas y Ciudad de los sueños, publicados por HarperCollins.


No quiero escribir la elegía de la democracia estadounidense


Victoria Horrillo: Cuando empecé a traducir su obra, con La frontera, me di cuenta enseguida de lo difícil de traducir que es su estilo, aunque no lo parezca. Creo que a los lectores en general, e incluso a los críticos, les parece un estilo muy sencillo, directo y natural y, sin embargo, desde el punto de vista de la traducción, plantea numerosas dificultades. En su prosa, tan desnuda y austera, no parece haber nada accesorio, nada que no obedezca a las necesidades de la acción, y, sin embargo, en una lectura atenta (y la lectura que hace un traductor es la más inmersiva de todas porque recrea el proceso de escritura) se descubre una preocupación constante por la cadencia de la frase, una optimización de los recursos expresivos y un aliento poético que entroncan con Hammett y Chandler y que hacen que a menudo su estilo parezca estar formado por «haikus violentos», si me permite la expresión, o por canciones. Incluso hay momentos en que experimenta con la forma escalonando las frases como versos. Tengo la sensación de que es usted un estilista del género negro que, en cierto modo, ha renunciado a parecerlo. ¿De dónde surge este estilo? ¿Cuáles son sus influencias?

Fotografía de Don Winslow cedida por la editorial. ©-Robert-Gallagher

Don Winslow: En primer lugar, gracias por sus palabras, son muy amables y generosas.

Mis influencias son muchas, entre ellas, claro, el mencionado Raymond Chandler, que fue sin duda el poeta laureado del género negro. Leer a Chandler en voz alta es toda una experiencia. Pero también todos los escritores que cabe esperar: Chandler, John D. MacDonald, el indispensable Elmore Leonard, Charles Willeford, James Crumley, Lawrence Block, James Ellroy… Estoy también muy influido por el jazz. Creo que en mis primeros trabajos imitaba el be-bop: las explosiones adrenalínicas, el ritmo vertiginoso y el staccato de Charlie Parker, Dizzy Gillespie y otros. Después creo que evolucioné del mismo modo que evolucionó el jazz cuando Miles Davis abandonó el estilo de notas múltiples y racheadas en favor de ráfagas más cortas, de menos notas pero más largas, rodeadas de silencios y acordes de acompañamiento como los que pueden oírse en álbumes como Kind of blue y Birth of the cool. Me planteé si podía hacer eso mismo con la prosa del género negro y creo que esas frases entrecortadas delimitadas por espacios en blanco a las que se refiere proceden de ahí. Creo que con el paso del tiempo he ido prestando más atención a la poesía de la ficción policíaca. Me centro en la historia, en la trama y los personajes, claro, pero, sin querer pasarme de presuntuoso, intento también dar belleza al conjunto. A veces olvidamos que leer es también un acto físico, que oímos las palabras dentro de nuestra cabeza, y yo intento dar las notas y los acordes precisos. Imagino que en sus traducciones tiene usted que esforzarse también por eso mismo, por revelar la música de la prosa.


A veces olvidamos que leer es también un acto físico, que oímos las palabras dentro de nuestra cabeza, y yo intento dar las notas y los acordes precisos


Victoria Horrillo: Tengo entendido que se crio usted en un ambiente muy propicio para la lectura y el desarrollo de la imaginación narrativa. No sé si parte de sus lecturas juveniles eran traducciones, pero ¿recuerda en qué momento cobró conciencia de la existencia de la figura del traductor y de la importancia de su labor en su experiencia lectora? ¿Tiene alguna traducción preferida?

Don Winslow: Sí, así es. Mi padre era un bibliófilo y mi madre era bibliotecaria, así que crecí rodeado de libros. A mi hermana —que también es novelista— y a mí nos dejaban leer lo que quisiéramos a cualquier edad, lo que creo que fue fundamental.

Me topé por primera vez con el concepto de traducción en el instituto, donde cursé cuatro años de latín. (No entendí de verdad el inglés hasta que estudié latín). Y fue traduciendo los Comentarios a la guerra de las Galias de César y la poesía de Ovidio cuando empecé a darme cuenta de que la traducción tenía, como mínimo, tanto de arte como de ciencia, y que para traducir era esencial comprender la historia y la cultura.

Cuando estaba documentándome para los libros de esta trilogía, pasé incontables horas leyendo la Eneida, la Ilíada, la Odisea y las tragedias griegas, obviamente en traducciones, y me di cuenta de que era muy útil leer distintas versiones. Así que leí a [Robert] Fitzgerald, pero también a [Robert] Fagles, así como a Emily Wilson y a Ted Hughes. Son, por supuesto, muy diferentes, lo que viene a refrendar la idea de que el arte pesa más que la ciencia.


Traduciendo a (…) César y a Ovidio empecé a darme cuenta de que la traducción tenía, como mínimo, tanto de arte como de ciencia


Victoria Horrillo: He leído en algunas entrevistas que solo piensa usted en el lector cuando está en las fases finales de la escritura, dando los últimos toques a sus libros. Pero, siendo desde hace años un autor internacional, traducido a multitud de idiomas, ¿piensa también en sus traductores durante su proceso creativo? ¿Alguna vez ha renunciado a introducir un juego de palabras o una referencia cultural pensando que quizás iba a poner a sus traductores en un brete o incluso que algo que estaba escribiendo iba a resultar intraducible?


Siento un respeto y una gratitud enormes por los traductores


Don Winslow: Lo siento, pero no pienso en el traductor. Soy muy consciente de que estoy complicándoles la vida a esas pobres personas con mi uso de los modismos y el lenguaje coloquial, pero mi trabajo consiste en escribir de forma realista, en retratar personajes y culturas con precisión, así que nunca prescindo de las variantes locales del hablar y el describir. Los traductores me escriben de vez en cuando para hacerme preguntas que respondo lo mejor que puedo, pero, siendo realista, sé que no todos los giros y las palabras tienen un equivalente directo en otros idiomas. Confío en que el traductor se acerque lo más posible, aunque para ello tenga que tomarse amplias libertades. Siento un respeto y una gratitud enormes por los traductores.

Victoria Horrillo: A la hora de traducir una obra de ficción, una de las primeras tareas del traductor para acometer su trabajo consiste en descubrir el espíritu del libro o lo que a mí me gusta llamar el «campo de energía» que envuelve la historia, y que creo que es una emanación, digamos, de la postura emocional y moral del autor respecto a sus temas y personajes. En su obra, ese «campo de energía» para mí está compuesto principalmente por un profundo compromiso ético y cívico y una sensibilidad muy palpable para con el sufrimiento humano y la injusticia. Sus libros, pese a la violencia y las durísimas situaciones que describen en algunos momentos, desprenden bondad. No encuentro nunca en ellos cinismo; puede que sí escepticismo, pero nunca cinismo. Y nunca regodeo en la violencia. Da la sensación de que muestra la violencia porque no quiere hurtar la verdad al lector, pero nunca de forma gratuita. Se lo digo porque he traducido bastantes thrillers y obras de género negro y me parece un rasgo muy llamativo de su escritura, y no muy común dentro del género.

Don Winslow: De nuevo, gracias.

Me preocupa mucho la violencia. Lucho a brazo partido con ella. Exige tomar decisiones difíciles. Por ejemplo, cuando escribía sobre los cárteles de la droga y la situación en México, la realidad era de una violencia aterradora, así que tuve que decidir si suavizaba la violencia y el sadismo o los mostraba en su verdadera crudeza. Casi siempre optaba por lo segundo y todavía no estoy seguro de que fuera lo más acertado. A medida que avanzaba en la «trilogía de la droga», me di cuenta de que me estaba habituando a la violencia y de que quizás el lector también se estuviera habituando. Así que fui tendiendo a mostrar no tanto los actos violentos en sí mismos como sus consecuencias y sus secuelas, sobre todo emocionales, en los supervivientes. En lugar de mostrar los asesinatos, sumergía a los personajes en sus estragos para ilustrar los efectos de esa violencia. Pero, no sé, siempre me preocupa caer en la «pornografía de la violencia». La línea de separación es muy fina.

Victoria Horrillo: En su nueva trilogía, de la que ya se han publicado las dos primeras partes, Ciudad en llamas y Ciudad de los sueños, aúna usted dos grandes tradiciones míticas: una muy antigua, la de la epopeya clásica de Homero y Virgilio, y una moderna, la gran tradición americana de la literatura y el cine de mafiosos. Como lectora, me ha interesado mucho descubrir cómo iba yuxtaponiendo ambas tradiciones, cómo se iban «contaminando» una a la otra (por ejemplo, cómo la inclusión en Ciudad en llamas de la latencia homoerótica de la épica homérica «renovaba», paradójicamente, la tradición del relato mafioso, donde el tema de la homosexualidad tiene una casi nula presencia explícita) y cómo actualizaba usted ambas tradiciones introduciendo un enfoque contemporáneo y crítico de temas ya presentes en ambas (por ejemplo, su visión de la instrumentalización y la violencia contra las mujeres). ¿De dónde procede su interés por amalgamar esos relatos arquetípicos y hasta qué punto le ha resultado difícil conjugarlos?

Don Winslow: Bueno, me llevó veintiocho años, así que supongo que ha sido difícil.

El impulso original surgió de mi lectura, ya de adulto, de la Ilíada, cuando me impresionaron los paralelismos entre esos relatos y no solo la literatura policíaca, sino también la historia real del crimen organizado. Pensé, con muy poca modestia, en Joyce y me planteé si podría escribir una trilogía que reflejara esos temas antiguos y al mismo tiempo fuera una epopeya policíaca moderna e independiente. (Soy la persona menos indicada para juzgar si lo he logrado). Esos temas antiguos son universales y atemporales. Todos los temas que tratamos en mi amado género negro ya los exploraron a fondo los griegos y los romanos. Cuando leí la Odisea, el ciclo de Orestes de Esquilo y el de Eneas de Virgilio, sentí aún más ese estímulo y ese entusiasmo. El hilo conductor de la trilogía es la historia de Danny Ryan, que sigue el periplo y las andanzas de Eneas desde la guerra de Troya hasta la fundación de Roma. Otras líneas argumentales siguen a Odiseo, Agamenón, Helena, Casandra y la diosa Afrodita.

Creo que el aspecto homoerótico de la relación entre Aquiles y Patroclo está claro en la Ilíada. Eran relaciones que se aceptaban en la antigua Grecia, pero desde luego no en la mafia estadounidense actual, lo que me brindaba el equivalente contemporáneo del fatídico talón de Aquiles. En cuanto al papel de las mujeres, para mí fue fascinante investigar sobre la historia de Helena, Casandra y Afrodita antes de su aparición en la Ilíada, lo que me ayudó muchísimo a retratarlas como mujeres plenamente modernas, plenamente humanas. Como hombre, siempre soy un poco reacio a escribir desde un punto de vista femenino, pero al mismo tiempo no estoy dispuesto a renunciar a la mitad de la humanidad como sujetos literarios. Las mujeres, por lo general, no son más que atrezo en las historias de mafiosos y, del mismo modo que en los clásicos aparecen a menudo tratadas como simple propiedad, ese es también el destino de varios de mis personajes, con la notable excepción de Madeleine (Afrodita). Casandra —Cassie en los libros— es especialmente trágica. Sufrió abusos de niña, Agamenón hizo de ella una esclava sexual tras la caída de Troya y en la tragedia Agamenón de Esquilo muere asesinada junto a él. De ahí que crear el personaje de Cassie fuera especialmente difícil.

Victoria Horrillo: La trilogía comienza en Providence, Rhode Island, donde pasó usted su infancia, y en Ciudad de los sueños la acción se traslada a California y Las Vegas. Ambos libros tienen un tono elegíaco, melancólico y crepuscular, y el desarraigo y el duelo son dos temas que están muy presentes. Igual que el paisaje americano en sus muchos contrastes. Parecen, en cierto modo, pese a sus referentes épicos, las novelas más íntimas de su carrera. ¿Cree que reflejan su trayectoria personal en mayor medida que otros libros suyos?

Don Winslow: Si me lo hubiera preguntado hace dos o tres años, le habría dicho que no. Nunca me ha interesado la «autoexpresión» en mi trabajo, yo solo quiero contar buenas historias con buenos personajes. Pero cuando estaba terminando el tercer libro, Ciudad en ruinas, empecé a reflexionar sobre los paralelismos entre mi vida y la de Danny. Los dos nos fuimos de casa muy jóvenes, los dos vagamos por el mundo intentando sacar adelante a nuestra familia, los dos perseguíamos cierto éxito. Viví en muchos lugares y me dediqué a muchas cosas distintas mientras intentaba convertirme en escritor y encontrar un sitio donde asentarme. Así que ahora creo que sí, que estos libros reflejan un camino más personal que mis otros trabajos. No sé si eso es bueno o no, pero así es.

Victoria Horrillo: Sus libros son extremadamente cinematográficos. El cine está siempre presente en su obra, de manera implícita —en su pulso narrativo, en ese enfoque como de cámara subjetiva, en sus referentes, en la inmediatez del tiempo presente y la importancia narrativa de los diálogos—, pero también explícita. En uno de los relatos de Rotos, por ejemplo, hace un homenaje muy bello a Steve McQueen, y en Ciudad de los sueños plantea una especie de juego de espejos en el que Danny Ryan asiste a cómo se recrea su vida en un estudio de Hollywood. Usted tiene experiencia como guionista y actualmente está muy implicado en la adaptación televisiva de la trilogía de El Cártel. Como narrador, ¿qué dificultades ha encontrado en pasar de un medio a otro? ¿Le ha llevado su experiencia como guionista a encarar de otro modo su obra como novelista?

Don Winslow: Sería muy poco sincero por parte de cualquier persona de mi generación decir que no le ha influido el cine o incluso la televisión. Por más que leyera de niño (y leía muchísimo), también iba al cine y veía la tele, y creo que eso ha influido, como mínimo inconscientemente, en mi forma de concebir la narrativa. A veces es literal: imagino una escena y decido si debo contarla en plano secuencia o quizá mejor en primer plano, o a veces con un jump cut (esas frases fragmentadas a las que aludía antes).

Dicho esto, mi experiencia en Hollywood no ha afectado decisivamente a mi forma de escribir.  No quiero que suene a falsa modestia, he vendido los derechos de casi todo lo que he escrito para su adaptación al cine o la televisión, así que soy consciente de que hay muchas posibilidades de que eso ocurra, pero no pienso en ello cuando escribo porque el resultado solo puede ser malo: que escriba una mala novela o un mal tratamiento de guion. El cine y la novela son dos cosas muy distintas, presentan exigencias y dificultades distintas y también brindan oportunidades distintas. Yo solo me centro en la prosa narrativa y trato de escribir el mejor libro que puedo.

Victoria Horrillo: En España es usted un autor muy leído, querido y galardonado. Pienso que quizá esta sintonía se deba en parte al respeto por la cultura hispana que hay en sus libros. ¿Cómo cree que ha influido su cercanía y su conocimiento de la cultura española e hispanoamericana en su obra?

Don Winslow: Mis lectores españoles significan mucho para mí porque siempre me han apoyado, y quiero que sepan que les estoy muy agradecido.

Respondiendo a su pregunta, sí, mi proximidad a la frontera y mi conocimiento de la cultura española y latinoamericana (que, por cierto, no es en absoluto exhaustivo; de hecho, acabo de terminar un curso universitario en línea sobre historia de España) me han influido enormemente y son parte integral de mi carrera. Me puse a escribir un libro titulado El poder del perro precisamente porque el suceso que precipita la historia ocurrió no muy lejos de donde vivo. Después seguí con esa historia casi treinta años.

Vivo en la frontera (suena muy dramático, pero es cierto), en una zona con una población muy mezclada, con gente que va y viene constantemente de México, de modo que esa cultura forma parte de mi vida. Muchos de mis vecinos y amigos son mexicanos o mexicano-estadounidenses, y son personas a las que quiero. Me enfurece que los políticos de derechas las calumnien.

Otra gran influencia de la cultura española en mi obra es Don Quijote, que a mi modo de ver es, junto con El Lazarillo de Tormes, la primera novela negra. El moderno investigador privado norteamericano del género policíaco es descendiente directo del Quijote, siempre luchando contra molinos de viento. Sin don Quijote, no hay Phillip Marlowe.

Siempre le digo a cualquier amigo que se preste a escucharme que la historia de Estados Unidos, que suele enseñarse de este a oeste, debería enseñarse al revés, de oeste a este, empezando por la colonización española y no por la inglesa. Sería un relato distinto y más preciso.


Mi proximidad a la frontera y mi conocimiento de la cultura española y latinoamericana (…) me han influido enormemente y son parte integral de mi carrera


Victoria Horrillo: En el gremio de la traducción hay mucha inquietud por los posibles usos de la inteligencia artificial dentro del ámbito de la creación. La preocupación por que la industria de la cultura empiece a utilizar esta tecnología para sustituir o mermar la presencia de los creadores, y por el daño a los derechos de autoría que implica su uso, se extiende también a los autores de literatura y a los guionistas de cine y televisión. De hecho, la regulación del uso de la IA ha sido una las reivindicaciones de la reciente huelga de guionistas en Estados Unidos. Como guionista y novelista, ¿comparte usted esa preocupación?

Don Winslow: Sí, claro. Yo, de todos modos, soy un poco ludita. Parece que, cuanta más tecnología inventamos para comunicarnos, menos conectamos de verdad. Veo a la gente pasarse la vida con la vista fija en sus rectangulitos portátiles, como si el mundo estuviera ahí, y veo el paloselfi como el bastón de majorette de nuestro desfile de narcisismo. Supongo que soy un dinosaurio, pero creo que el arte es la máxima expresión del alma humana, y la idea de que puedan hacerlo las máquinas me parece literalmente desalmada.


El moderno investigador privado norteamericano del género policíaco es descendiente directo del Quijote. Sin don Quijote, no hay Philip Marlowe


Victoria Horrillo: Ha anunciado usted su intención de retirarse tras la publicación de la trilogía de Danny Ryan (que culminará en 2024 con Ciudad en ruinas) para volcarse en su activismo político, en su lucha contra el socavamiento de la democracia en Estados Unidos y la emergencia de corrientes dentro de la política americana que no duda en calificar de neofascistas. Entiendo que esta decisión de abandonar la literatura se debe a un sentimiento de urgencia, a la necesidad de hacer algo de manera inmediata para frenar esa deriva política y social en su país. Sin embargo, su obra es muy política. En la trilogía de El Cártel y en Rotos, por ejemplo, hay una crítica muy profunda y bien documentada contra la política antidrogas de las sucesivas administraciones estadounidenses, exponiendo las consecuencias de la infiltración del dinero sucio del narcotráfico en la economía y las instituciones, y contra la política migratoria de Trump. ¿No está tentado de seguir utilizando la literatura como arma para luchar contra la pujanza de esas fuerzas antidemocráticas?

 Don Winslow: Claro que estoy tentado, pero, pese a Oscar Wilde, las tentaciones pueden resistirse. Ha hablado usted de urgencia y ese es el verdadero problema. Escribir una novela sobre esas cuestiones me llevaría entre tres y cuatro años desde su concepción hasta su publicación, y para entonces la batalla ya estaría ganada o perdida. No quiero escribir la elegía de la democracia estadounidense.


Creo que el arte es la máxima expresión del alma humana y la idea de que puedan hacerlo las máquinas me parece literalmente desalmada


Victoria Horrillo agradece a María Eugenia Rivera que haya hecho posible esta entrevista.

Victoria Horrillo Ledesma (Madrid, 1973) es traductora del inglés. Estudió Geografía e Historia (UCM) y Filología Inglesa (UNED) y empezó a dedicarse profesionalmente a la traducción editorial a finales del siglo pasado. Ha traducido muchos libros desde entonces, casi siempre de narrativa contemporánea, pero también biografías y ensayos. Entre los autores a los que ha traducido al castellano destacan Don Winslow, Karin Slaughter, Jeffery Deaver, Daniel Silva, Petina Gappah, Stef Penney, Kate Quinn, Tom Clancy, Christopher Moore, Sophie Kinsella, Nora Roberts o Julia Quinn. Es socia de ACE Traductores.

 

 

4 Comentarios

  1. Najmías Responder

    Gracias por esta maravillosa e instructiva entrevista.

    NAJMÍAS.D

  2. Concha Responder

    ¡Excelente entrevista, Victoria! ¡Enhorabuena! ¿Fue en directo o por correo o similares?

  3. Victoria Responder

    ¡Gracias a los dos! La entrevista fue por correo electrónico, Concha.

  4. SALVA Responder

    Un placer disfrutar de tu faceta periodística, muy buena entrevista.

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