Atelier ViceVersa

Viernes, 5 de marzo de 2021.

Mateo Pierre Avit Ferrero

Entre el 23 y 28 de noviembre tuvo lugar en la Residencia de Estudiantes de Madrid el atelier ViceVersa español/français 2020, organizado por ATLAS (Association pour la promotion de la traduction littéraire) con el apoyo de La Sofia, el Institut français de Madrid, la Residencia de Estudiantes, Acción Cultural Española, ACE Traductores, la Universidad Complutense de Madrid y Pro Helvetia. Margot Nguyen Béraud y Malika Embarek López se encargaron de coordinar este taller en el que participaron cuatro traductoras del francés al español y cinco del español al francés.

En este enlace se puede consultar toda la información relativa a las coordinadoras, al taller, a sus participantes y a los textos que presentaron. Estos son algunos de sus testimonios:

 

Maïra Muchnick (participante ESP>FR): Pensándolo a posteriori, «avec du recul», a mí una de las cosas que me quedó —y lo digo también respecto al taller ViceVersa de dos años atrás— es que todos nosotros, los participantes, por motivos biográficos variados, tenemos una relación íntima (y por lo tanto afectiva) con los dos idiomas. Con lo cual, hubo una gran fluidez, me parece, en el pasar constante de un idioma a otro, la gimnasia del «vice-versa» se dio de manera muy espontánea y elástica.

 

Sarah Martin Menduíña (participante FR>ESP): La traducción literaria comparte con la música, la danza, el teatro o la performance el hecho de que su cocina está situada, en un tiempo, en un espacio humanos (difícil, para un robot, traducir literatura): el taller no hubiese fluido tan bien a distancia, todes lo comprendimos.

Me quedo también con el rigor puesto en el humor, la irreverencia, el juego arriesgado.

Resumiendo: ¿Qué motivo imperioso nos llevó a todes a pasar fuertes y fronteras para encerrarnos en un lugar muy concreto durante tiempos muy reducidos a jugar con las palabras? Algo que tiene que ver con las palabras viviendo.

 

Alexandra Carrasco-Rahal (participante ESP>FR): Lo que me queda es el gustazo que me dio eso de pulir, de oulitrapear, au sens propre du terme, los rincones más imperceptibles de unos textos tan diversos, yendo para allá y para acá con las dos lenguas que tenemos. Una sensación de lujo, de abundancia, de soltura, de gratuidad y sobre todo de hermandad. Hermandad entre pueblos hispanófonos, hermandad entre proletarios del intelecto.

Les mando este texto que acaba de poner mi padre en su Facebook:

Nosotros los guatemaltecos
somos profundamente dominicanos
y por razones de sangre nos sentimos chilenos
quiero decir, peruanos
en el sentido de argentinos y uruguayos.
Y más específicamente todavía mexicanos,
que es una variante archiconocida de brasileño con un poco de ecuatoriano.
Por supuesto que nuestro padre era cubano
si no, no podríamos ser salvadoreños,
y nuestra madre es paraguaya
con fuerte inclinación hacia su patria,
la hermosa tierra boliviana.
Como nuestro pasaporte es colombiano
adoptamos la nacionalidad venezolana
para poder instalarnos definitivamente en Panamá
y así estar más cerca de nuestra Costa Rica.
¡Ay Nicaragua! ¿Cuándo te volveré a ver?

Ya le alegué al viejo que se le olvidó el último verso:

Ojalá nos crucemos en la casa, España.

 

Manuel Ulloa Colonia (participante FR>ESP): Uno de los aspectos que más aprecié fueron las discusiones en torno a las distintas estrategias para abordar los textos, ya sean marcadamente literarios o en los que la oralidad prima.

En definitiva, los entrecruzamientos de experiencias de cada una.o y los aportes conceptuales de Malika Embarek, así como la eficacia y la capacidad de síntesis de Margot Nguyen, tutoras del taller, despejaron el terreno para que este ViceVersa 2020 fuera un éxito. ¡Que se repita!

 

Malika Embarek López (coordinadora FR>ESP): Para mí fue una experiencia nueva y muy enriquecedora: nunca había trabajado en un taller de traducción en las dos direcciones, hacia el español y hacia al francés. Se produjo un vaivén de lenguas bellísimo, acrecentado por los acentos tan musicales de l’autre côté de la flaque

Aporté algunas citas al taller, sobre las que, por motivos de tiempo, no pudimos reflexionar. Añado, pues, ahora, que vi perfectamente interpretada entre todos una de ellas: «Mi patria es la lengua». Y esa cita, entre los muros de la Residencia de Estudiantes de Madrid, que acogió tantas voces de la literatura universal, adquirió una profundidad de mise en abyme.

Aunque no nos detuviéramos mucho en nombrar teóricamente lo que allí mágicamente sucedió durante esos seis intensos días, asistimos a momentos históricos de traducción literal o libre, o libremente literal, juegos de palabras ingeniosísimos entre constricciones, risas, retorno a la niñez, compensaciones, modulaciones, calcos, neologismos, tormentas de ideas de las que salió incluso un título —creo que final—, sugerencias ofrecidas con generosidad y aceptadas con humildad. Humildad al darnos cuenta de que un texto que creíamos casi acabado era un borrador más.

Y solo queda terminar borgianamente: «El concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio».

 


 «Mi patria es la lengua». Y esa cita, entre los muros de la Residencia de Estudiantes de Madrid, que acogió tantas voces de la literatura universal, adquirió una profundidad de mise en abyme  – Malika Embarek


 

Margot Nguyen Béraud (coordinadora ESP>FR): El ViceVersa francoespañol 2020 pasó como un rayo: ¡volando! Fue un taller particularmente fluido y vivo, bajo el signo de la oralidad, de la creatividad, del teatro y del Oulipo. Fueron 6 días intensos de diálogo, confrontación y debate en un total espíritu de horizontalidad. Supimos que los traductores españoles suelen deslizar «morcillitas» en sus textos, y que esto no sólo significa «petits boudins»; hablamos de «gonorrea esponjosa», soltamos un montón de «bougre d’ignare», «carabistouille» y otros «cáncamos»; entre otros mil temas apasionantes, nos cuestionamos sobre el poder de las palabras náhuatl en el español guatemalteco, sobre el habla de los abogados mediocres y la importancia del pavo en Cuba. Juntos, tratamos de encontrar la voz (o las voces, mejor dicho) de los textos de los participantes manteniendo siempre el ojo en nuestra brújula —por robarle tan acertada expresión al gran traductor francés Claude Bleton—.

Oriundos de Suiza, México, Francia, Chile, España y Argentina… Once pares de ojos y oídos se pusieron al servicio de las traducciones de los demás, compartiendo herramientas, trucos y técnicas de traducción, con suma generosidad.

 

Melina Balcázar Moreno (participante FR>ESP): Me quedo al igual que Alejandra y las sabias y bellas palabras de su padre con la experiencia de vivir la lengua de Cervantes y de Borges en toda su riqueza y diversidad. La traducción entre los diferentes usos del español fue divertida y muy liberadora.

Coincido con Maïra respecto a la relación afectiva que cada uno mantiene con la lengua. Y al igual que Maïra, creo que he encontrado mi espacio —mi hogar— en este «entre lenguas» donde podemos transformarnos constantemente.

Conservo con cariño también la dimensión colectiva de nuestro trabajo en el taller: todos concentrados en hacer surgir nuevas posibilidades en los textos de los demás. Gran contraste con la experiencia solitaria a la que nos vemos obligados al traducir en casa.

Sin olvidar el placer retrouvé, diría Proust, del juego con la lengua. Algo que no acostumbro, soy demasiado seria en general, pero que aprendí a tomarle el gusto gracias a quienes participaron en el taller.

Finalmente, un immense merci a nuestras queridas tutoras, Malika y Margot, por haber creado esta constelación textual y haber hecho posible tan estupenda dinámica de trabajo.

 

Hélène H. Melo (participante ESP>FR): Ese taller de traducción fue una suerte, un privilegio, un lujo. Poder compartir durante una semana su pasión por la literatura y las palabras, buscar juntos la mejor manera de dar no solo un término sino una idea, un tono, un efecto, una voz, ha sido una oportunidad maravillosa para enriquecer nuestra práctica. Una semana de trabajo colectivo, contra cincuenta y una solitarias, es un oasis en el desierto, un rayo de sol en el invierno, una respiración que alivia, reconforta y da ánimo. Y eso a pesar de la pandemia, la cuarentena y las mascarillas. Volví aún más convencida de que al fin y al cabo la traducción no es, o al menos no tendría que ser, una actividad tan solitaria. La sensibilidad y el análisis literario de los demás aportan muchísimo a una traducción.

 

Mateo Pierre Avit Ferrero (participante FR>ESP): Vivir una semana en la Residencia, coincidir con colegas incomparables, trabajar desde tantas variantes del español… Intentaré no repetir lo que ya han dicho. Con un instante en particular me quedaría. Ese, del que normalmente uno está privado al trabajar a solas, en el que las mentes, si el ambiente es adecuado, entran en ebullición. Va alguien y lanza una idea, que quizá sea una tontería, pero desencadena una segunda, que puede no ser la definitiva y que lleva a que otra persona, si hay suerte, fusione las anteriores o bien les cambie ligeramente el enfoque. Entonces: ¡zas! Resulta que esa persona (en realidad el grupo encarnado, según a quién le haya sentado mejor el café del opulento desayuno o el postre de la suculenta comida, servidos siempre con una sonrisa) da con LA palabra. Sin duda, es un momento precioso, un proceso lento. Ay, no sé traducir solo.