Traductores en el exilio, de Alejandrina Falcón

Reseña de José Luis Aja Lunes 30 de diciembre de 2020.

Traductores en el exilio. Argentinos en editoriales españolas: traducciones, escrituras por encargo y conflicto lingüístico (1974-1983), Alejandrina Falcón

Madrid, Frankfurt: Iberoamericana-Vervuert, 2018. 268 páginas.

 

La presencia de traductores iberoamericanos en el panorama editorial español ha sido un argumento recurrente en Vasos Comunicantes. Numerosos artículos de Mario Merlino, Alberto Manguel, Marcelo Cohen, Andrés Ehrenhaus y tantas y tantos otros que no mencionamos aquí por razones de espacio han abordado este tema desde diferentes perspectivas. Quien esté interesado en la materia leerá con sumo interés este trabajo de Alejandrina Falcón, que funciona como una semblanza cultural de la España de la transición. A través de sus páginas, cargadas de referencias documentales extraordinariamente valiosas para los estudiosos de la traducción y del sector editorial en este periodo histórico, el lector encontrará una reflexión sobre el exilio, sobre el auge de la edición, sobre las transformaciones sociales acontecidas durante estos años y sobre el ejercicio de nuestra profesión.

El exilio, según Cortázar, fue una excelente oportunidad de crecimiento cultural e intelectual para quienes se vieron forzados a elegir este camino. Esta afirmación, junto a la idea de que todo traductor y todo escritor es un exiliado, cuya única patria es la lengua, ha generado una serie de estereotipos sobre el exilio que Falcón se encarga de desmontar con eficacia, mostrando ante los ojos del lector esta realidad histórica con todas sus luces y sus sombras: desde la penuria económica del traductor, que se vio obligado a compaginar la traducción con múltiples trabajos ocasionales para garantizar su supervivencia, a la siempre dolorosa asimetría que contrapone la recepción del exilio republicano en América frente a la hostilidad que, en algunos casos, encontraron en España los exiliados argentinos y chilenos que huían de la dictadura.

Pero no todo fueron malas noticias para los recién llegados. La edición en España conoció un auge sin precedentes en estos años, circunstancia que favoreció la incorporación de numerosos traductores, especialmente argentinos, a los diversos trabajos que el sector ofrecía. En este punto, el trabajo de Falcón se convierte en un interesante retrato de la praxis editorial durante estos años, en los que el traductor se convertía en corrector ortotipográfico o en adaptador y, además, se incorporaba a puestos destacados como en el caso Juan Martini, editor de Bruguera. Especial atención dedica Falcón a una práctica frecuente en series eróticas y de novela negra publicadas por editoriales como Martínez Roca o la propia Bruguera: se trata de la pseudotraducción, donde la autoría de la obra recaía plenamente en traductores y adaptadores que firmaban las obras bajo seudónimo.

El libro se cierra con unas interesantes reflexiones sobre la fricción entre cánones literarios y lingüísticos a la que con tanta frecuencia aluden traductores y editores venidos de Argentina. Una realidad polisistémica que, en un primer momento, supuso la anteposición del canon peninsular sobre el argentino, pues en esta época era frecuente la adaptación de traducciones argentinas, a veces de excelente calidad, que después volvían a América tras pasar por el filtro del español peninsular.

Un excelente trabajo de investigación, profusamente documentado, que se lee con sumo interés y que ahonda en ese común denominador que siempre ha unido a los traductores de ambas orillas: la pasión por nuestro trabajo.

 

José Luis Aja es traductor y profesor universitario. Licenciado en Filología Italiana, se doctoró en la Universidad Pontificia Comillas con la tesis titulada Los Racconti Romani de Alberto Moravia y el tratamiento del discurso oral en las traducciones españolas y francesas de la obra. Ha traducido ensayos de filosofía, cine, teoría de género y lingüística aplicada. En el campo de la narrativa, ha traducido novela contemporánea, así como literatura infantil y juvenil. Entre sus traducciones destacaremos El Corsario Negro, de Emilio Salgari (El País, 2004), Nemo. El gigante de piedra, de Davide Morosinotto (Anaya, 2017) y El corazón en braille, de Pascal Ruter (Anaya, 2018).