Animal, a la mina: a propósito de la traducción de Patos, Newburyport, Enrique Maldonado Roldán (I)

Viernes, 3 de febrero de 2023.

[Véase la segunda parte del artículo aquí]

[Véase la tercera parte del artículo aquí]

el hecho de que un tipo se estrelló el día de su boda contra el lateral de una casa y cuatro personas que había dentro resultaron heridas, el hecho de que probablemente había estado de fiesta toda la noche o algo así, ♫ y luego echadme, que a tiempo tengo que llegar ♫, la superficie beis plana de la encimera, ‘Dragón barbudo loco por los arándanos’, magdalenas de arándanos, ♫ Palomita, anda, no te lances a por mis arándanos ♫, CBEA, ONR, palomas torcaces, ginseng, reloj de pared, espumadera, escurridor, espadita, cabeza de alce, el hecho de que la tía Sophia está enterrada en el cementerio de la calle State Este con todos los demás familiares de Leo y probablemente nosotros acabaremos allí también, el hecho de que la mayoría de la gente vive y muere donde ha nacido, o se marcha de casa y vive décadas en algún otro lugar pero regresa para sus últimos días, como las aves migratorias, el hecho de que los pájaros vuelven a los mismos lugares un año tras otro, o mandan sus cenizas de vuelta a casa después de fallecer, las personas, quiero decir, no los pájaros,

El pasado mes de junio la editorial Automática publicó en el mercado español Patos, Newburyport, de Lucy Ellmann. La traducción, que diría una nota al pie, es mía. El fragmento que da inicio al presente artículo es una muestra un tanto al azar de la obra. Brevemente: después de siete años de trabajo, Lucy Ellmann, novelista estadounidense afincada en Edimburgo, publicó en 2019 Ducks, Newburyport, su octava novela. Rechazada por Bloomsbury, la que era hasta entonces su editorial, la obra vio finalmente la luz gracias a Galley Beggar Press, un sello independiente. La valentía de Ellmann y de sus editores sería recompensada con los premios Goldsmith y James Tait Black. Ducks, Newburyport fue asimismo finalista en la polémica edición de 2019 del premio Booker. Los reconocimientos celebraban un órdago: mil páginas de monólogo interior sin puntos —que no sin puntuación, como han podido comprobar— en el arrollador torrente de conciencia de una madre de cuatro hijos empeñada en sobrevivir en los Estados Unidos del siglo xxi.

Los retos que plantea una traducción de esta envergadura son múltiples. El primero y más evidente es la extensión misma del texto: el recuento final de caracteres supera los 2,6 millones. Además, la propia naturaleza de la novela, del monólogo interior, hace que sea de lo más fragmentaria, con un personaje que salta de una idea a otra, que va y vuelve a ellas a lo largo de más de mil páginas. Todo ello aderezado con humor, infinidad de referencias culturales, juegos de palabras, aliteraciones, limitaciones en la puntuación…

El proceso de traducción se prolongó dos años (sin dedicación exclusiva). Coincidió el inicio del trabajo con el decreto de arresto domiciliario colectivo por la llegada del coronavirus. Al encierro en un pequeño apartamento se sumó el encierro dentro del cráneo de una mujer que nunca deja de hornear tartas en su cocina de Newcomerstown (Ohio). Los efectos de tal terapia de choque son a largo plazo: en los mensajes de texto del traductor se siguen colando corcheas, ¡córcholis!, ¡sapristi!, sapiencia, sapos. ♬Eso es amore ♬.

El entumecimiento de los seres enmudecidos

 El ejercicio de la traducción se produce por norma entre bambalinas. De sobra conocida es la invisibilidad de sus profesionales, que se esfuerzan por obtener el merecido reconocimiento. En un torrente de creación literaria como es el que despliega Lucy Ellmann en Ducks, Newburyport es imposible que el lector repare en cada uno de los juegos, en la infinidad de decisiones y engranajes que componen la maravilla final de la obra literaria concluida. En una profesión como la nuestra, en la que todavía el precio se estipula al peso, por páginas, el tiempo dedicado a elaborar un palíndromo, por ejemplo, no solo no se corresponde con la remuneración obtenida, sino que cabe la posibilidad de que tanto esfuerzo pase desapercibido: animal, a la mina.

Patos, Newburyport da voz a lo doméstico, a levantar a los niños por la mañana, a la obsesiva preocupación por la seguridad de la familia, a los tiempos para que suba la masa de los rollos de canela, a la infinita soledad de los quehaceres diarios de la maternidad, a todo aquello que no solemos considerar material de ficción. Todas esas tareas invisibles acaban dando como fruto la perpetuación de la especie. Así de sencillo. En las siguientes líneas pretendemos —no sin cierto pudor— dejar al descubierto las estrategias empleadas para verter un torrente de creatividad en un molde nuevo. Si resultaran de utilidad para futuros compañeros de fatigas, habrá merecido la pena el esfuerzo.

Detalle de la portada de Patos, Newburyport. Ilustración: Beatriz Costo.

Yibuti, Yibuti, Yibuti

 Los caminos de la mente pueden ser inescrutables. Todos en algún momento (¿del día?, ¿a cada hora?) nos sorprendemos y nos preguntamos: «¿Cómo he llegado yo a pensar esto?». La cadena de asociaciones mentales que nos conduce de la tarea que nos ocupa en ese instante a un recuerdo del pasado —con parada obligatoria en el estribillo imposible de olvidar de una canción del verano de nuestra adolescencia— es por norma azarosa y difícil de rastrear. Una de las características esenciales del monólogo interior de Patos, Newburyport es esa sucesión de ideas que acaba desembocando en otro lugar completamente diferente.

En algunos casos, la tarea del traductor radica sencillamente en seguir los meandros de la memoria y la imaginación de la protagonista, solo hay que dejarse llevar. Sucede así cuando las asociaciones son de tipo semántico, propias de la biografía de la protagonista o fruto de la casualidad, pero no siempre es así:

the fact that De Scott Evans did trompe l’oeil still lifes, before all that happened, Trump l’oeil, Trump lies, the fact that he did a great picture of a cat stuck in a traveling crate, De Scott Evans, not Trump,

el hecho de que De Scott Evans hacía trampantojos de naturalezas muertas, antes de que todo eso sucediera, trumpantojos, antojos de Trump, el hecho de que hizo un cuadro magnífico de un gato metido en un transportín, De Scott Evans, no Trump,

Con importantes dosis de humor y un continuo juego de palabras, una exploración de la amplitud significativa de la lengua más en línea con la poesía, Lucy Ellmann encabalga asociaciones semánticas y fonéticas.

bearing arms, baring arms, bare hands, bear paws,

a punta de pistola, a punta de pistilo, apuntador, a punto,

La continua asociación de ideas de la protagonista obliga en numerosos casos a adoptar opciones léxicas que se alejan del original:

but our back yard isn’t right for one, backwards, backtrack, back up, Bacchus, the fact that I think Ronny aged me another twenty years, flashback, hatchback, backdraft, backwash, crown dieback, blowback, puffback, background, backpack, begpacking, bug-out bag, the fact that a lot of background info has turned up

pero nuestro patio ­trasero no es adecuado, trastero, trastada, trasto, triste, Tritón, el hecho de que creo que Ronny me ha echado otros veinte años encima, tiritona, tirito, trinitrotolueno, tripitir, tripulante, trepidante, tripa delante, antecedentes, anticuerpos, contracubierta, el hecho de que han salido muchos antecedentes

Es evidente que los juegos meramente fonéticos solo pueden mantenerse de este modo.

the fact that we get much colder winters now, and hotter summers too, with a lot more, yeEEEOw, bugs, more bugs, the fact that, gosh darn it, that little yellow pickup truck just got me again, ow, limp, gimp, shrimp, pimp, oh no, dear me, why the, say “Djibouti” instead, the fact that I was thinking how much Jake would’ve liked to see that yellow gritter when I stepped on his little yellow backhoe truck,

el hecho de que tenemos inviernos mucho más fríos ahora, y veranos más calientes también, con mucho más, uuEEEEh, bichos, más bichos, el hecho de que, contra, ese pequeño camión amarillo se me ha vuelto a cruzar, au, cojera, talón, carbón, cabrón, ay no, madre mía, por qué, di mejor «Yibuti», el hecho de que estaba pensando lo que le habría gustado a Jake ver esa quitanieves amarilla cuando he pisado su pequeña retroexcavadora amarilla,

Al igual que el original, la traducción necesariamente jugará a veces con asociaciones de carácter semántico y en otros casos de carácter fonético. Sin embargo, la concatenación incluye también en muchas ocasiones elementos que forman parte de la trama del libro.

the fact that they weren’t lethal, or fatal or anything, fake, sheik, imam, pharaoh, Cleopatra, the Sphinx, Sphinxy, the fact that they just made some dogs sick, the fact that a dog shouldn’t pass away from eating a dog chew of all things, that’s for darn certain, or from eating kibble either, dog kibble, dribble, drizzle, lemon drizzle cake,

el hecho de que no eran letales, ni fatales ni nada, falsificación, momificación, imán, faraón, Cleopatra, la Esfinge, esfínter, el hecho de que solo hicieron que algunos perros se pusieran malos, el hecho de que un perro no debería perder la vida por comerse una golosina precisamente, eso está más claro que el agua, ni por comer pienso tampoco, pienso para perros, golosinas para perros, azúcar glas, bizcocho de limón glaseado,

En estos casos, muy numerosos en las más de mil páginas de la novela, determinados eslabones de la cadena han de aparecer necesariamente en la traducción, ya que su presencia va más allá del mero juego lingüístico o de la asociación de ideas, dado que vertebran la trama de la novela. En estas ocasiones, además de las estrategias mixtas de combinación de asociaciones semánticas y fonéticas, fue necesario en ocasiones ampliar o reducir el número de elementos de la concatenación para llegar desde un término esencial —lo son habitualmente aquellos que inician la secuencia— hasta el siguiente, que puede ocupar la última posición, pero también pueden ser varios los que se distribuyen a lo largo de la secuencia.

Portada de Patos, Newburyport, de Lucy Ellmann. Ilustración de cubierta: Beatriz Costo.

¿Por qué cruzó el pollo la carretera?

El humor forma también parte fundamental de Patos, Newburyport, no solo en las concatenaciones léxicas señaladas, sino con multitud de juegos lingüísticos. Empecemos por lo más evidente: los chistes.

the fact that a giraffe comes into the bar and says, “The highballs are on me,” basketball, baseball, volleyball,

el hecho de que una jirafa entra en la pista y dice «Las pelotas altas son mías», baloncesto, béisbol, petanca,

En algunos momentos la traducción tiene que valerse de los elementos que facilita la novela para elaborar un nuevo chiste sin alterar el contexto. En otras ocasiones, sin embargo, es necesaria toda una reelaboración, especialmente cuando otras cuestiones inherentes al texto entran en juego. Al contrario de lo que parece suponer el chiste anterior, la protagonista de Patos, Newburyport evita a toda costa cualquier palabra malsonante y se sorprende cuando las pronuncia.

but we all had a big crush on Mr. Tykszynsky, especially after he got mixed up over Huck Finn one day and called him “F— Hinn,” the fact that that thrilled us, the F-word, the fact that he laughed, we all did, and after that he was always jokily hesitant whenever he had to mention Huck Finn, which was pretty often, because that’s what we were studying, Chuck, Huck, F—, cuck, cock, oh, dear,

pero todos estábamos enamorados del señor Tykszynsky, especialmente después de que un día se confundiera con la Ruta de la Seda y la llamara «la Pu de la Seda», el hecho de que eso nos emocionó, la palabra pu, el hecho de que le dio la risa, a todos nos dio, y después siempre hacía la broma dudando cada vez que tenía que mencionar la Ruta de la Seda, que era bastante a menudo, porque eso era lo que estábamos estudiando, seda, gusanos, fruta, pu, Chuck, gallina, polla, ay, madre,

Sin embargo, a pesar del esfuerzo y el tiempo que requiere dar con soluciones apropiadas, es posible que el lector pase por alto el chiste que, necesariamente, es una elaboración y requirió mucha más intervención del traductor de la habitual.

the fact that sometimes the apples don’t come out of the pan because I overdid the caramelization or underdid the apples during the frying stage, or I used the wrong kind of apple, or the wrong kind of sugar or butter, or had the heat too high, too low, or because I delayed the flipping too long because I forgot about the pie for some reason, “Too tight, Toulouse?”, as Toulouse-Lautrec’s tailor said, fitting him for new pants, Tuscaloosa, the fact that what was that thing about Tuscaloosa, that Groucho Marx line,

el hecho de que a veces las manzanas no salen del molde porque me paso con la caramelización o me quedo corta con las manzanas al freírlas, o porque utilizo un tipo de manzana equivocado, o el tipo incorrecto de azúcar o de mantequilla, o porque el fuego está muy fuerte o muy flojo, o porque retraso demasiado el volteado porque por algún motivo se me olvida la tarta, «¿Quema, sor Bette?», como le decía la cocinera a la monja, el hecho de que hay una foto de Bette Davis vestida de monja, pero no sé de qué película, elefante en pijama, el hecho de que cómo era eso del elefante en pijama, el chiste de Groucho Marx,

Puede suceder que el único contexto que quede en el chiste final sea lejano…

the fact that what lies on the bottom of the sea, shaking, the fact that it’s a nervous wreck,

el hecho de que había un chiste, cómo era, para qué metieron ese muelle tan grande en el barco, el hecho de que es paquebote

Sam, otro orto más

El lector de Patos, Newburyport reparará en un trabalenguas repetido a lo largo de la obra. Evidentemente, un ama de casa estadounidense no utilizará los trabalenguas conocidos en español, a lo que se suman las limitaciones que impone el contexto en el que aparece y al que necesariamente tendrá que adaptarse.

el hecho de que tengo que intentar no embarrarme con estas ideas cuando estoy con las tartas, el hecho de que soy muy burra dándome la tabarra, y siempre acabo hecha barro, burra, y mejor me borro de burradas, trabalenguas escolares,

Ahora bien, como ya señalamos antes, es posible que el esfuerzo que supone la reelaboración de la infinidad de juegos de palabras, chistes y demás pase desapercibido. En este sentido posiblemente los palíndromos se lleven la palma, que no las palmas.

who hung around so long we all got to know her maybe too well, the fact that I even had to watch her keel over over Howard Keel, the fact that that sounds like a palindrome, keel over Keel, head over heels, except it would have to be “leek over revo Keel,” which doesn’t work at all, limericks, rose madder, “A man, a plan, a canal: Panama!”, canal, jigsaw, the fact that palindromes are harder than they look, look hard, hard look, Keel was I ere I saw leek, take a leak, oh dear, condensation, compensation, was it a cat I saw,

que estuvo tanto tiempo por aquí que todos llegamos a conocerla demasiado bien quizá, Howard Keel, el hecho de que incluso tuve que ir con ella a cierto concierto, el hecho de que eso suena como un palíndromo, cierto concierto, cierto por ciento, salvo porque tendría que ser «otreic noc concierto», que no funciona en absoluto, limericks, rubia roja, «Sé verlas al revés», retrovisor, rompecabezas, el hecho de que los palíndromos son más difíciles de lo que parecen, parecen difíciles, difíciles parecen, Sam, otro orto más, madre mía, condensación, compensación, animal, a la mina,

En el ejemplo anterior encontramos tres palíndromos diferentes. «A man, a plan, a canal: Panama» es posiblemente el palíndromo más conocido en lengua inglesa. Para su traducción recurrimos al que para nuestro gusto es el palíndromo más redondo en español: «sé verlas al revés». Sin embargo, adoptar otros palíndromos ya conocidos en nuestra lengua afectaría a la verosimilitud del texto: poco creíble sería que una mujer estadounidense encerrada en su cocina recordara de pronto el archiconocido «Dábale arroz a la zorra el abad». Hubo pues que inventar nuevos palíndromos que se adaptaran al contexto de la obra. En el primer caso, «Sam, otro orto más», la solución adoptada permite seguir aludiendo al cine, como el original, y mantener un término soez con el que se sorprendiera la protagonista (el traductor recomienda, no obstante, consultar la definición que la Real Academia de la Lengua Española ofrece en su diccionario de «orto»). En el segundo caso, «animal, a la mina», se mantiene la referencia a un animal y se juega con los caballos que trabajaban en las minas, que el personaje menciona en otros momentos de la obra.

the fact that the Death Penalty’s a “blot,” a blot on America, plot, plotz, able was I ere I saw Elba, an eye for an eye, ashes to ashes, lethal injections,

el hecho de que la pena de muerte es una «mancha», una mancha en Estados Unidos, tacha, dacha, Dad, Iván, ropa por Navidad, ojo por ojo, ojo rop ojo, polvo eres, inyecciones letales,

Un consejo podemos dar a propósito de la creación de palíndromos: papel, paciencia, placer.

Nada se es, Adán,

 

Enrique Maldonado Roldán se licenció en Traducción e Interpretación y Filología Hispánica en la Universidad de Granada. Después de un largo periplo por China, concentra en exclusiva su actividad desde hace más de una década en la traducción literaria. En estos años ha traducido, entre otros, la particular lengua de los primeros antillanos en llegar a Inglaterra en Solos en Londres (Automática), los usos del hampa de Chicago en Pimp (Capitán Swing), la creatividad desbordada de Keri Hulme en El mar alrededor (Automática) o la ironía y el humor del Washington Irving más joven en Una historia de Nueva York (Nórdica). Desde hace unos años imparte también clases de traducción literaria para profesionales en la escuela de escritura Billar de Letras. Una de sus últimas traducciones —sin duda el proyecto más ambicioso hasta el momento— son las más de 1200 páginas de fluir de conciencia de Patos, Newburyport, la monumental novela de Lucy Ellmann, publicada en español por la editorial Automática en 2021.