Sobrevivir hasta el fin del mundo

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La nueva torre de Babel, sede central de Fredersen en Metropolis (Fritz Lang, 1927)

Viernes, 2 de octubre de 2026.

No hay día en que no leamos en la prensa artículos sobre el avance imparable de la IA. Durante estos últimos años, el mensaje ha ido cambiando del asombro inicial —cuando tuvimos acceso a programas gratuitos que parecían hacer magia con las palabras— a la alarma actual de legos y expertos: en la semana que redactamos este editorial, leemos que Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, ha pedido que se ralentice de inmediato el ritmo de desarrollo de la inteligencia artificial, «antes de perder el control». Y hace unos días supimos que Jacob Coxon abandonaba Anthropic y declaraba que la IA «puede matarnos antes de 2030». Que Trump diga que son paparruchas no resulta especialmente tranquilizador.

Con este panorama apocalíptico, tal vez resulte un poco estrecho de miras que sigamos preguntándonos cómo afectará el desarrollo de la IA «a lo nuestro». Y, sin embargo, también podemos pensar que esta perspectiva terrible no es más que un espantajo para acobardarnos y no ver el daño que está haciendo ya. En cualquier caso, poco más podemos hacer como traductores y traductoras de libros que denunciar el entusiasmo con que el mundo en general y el editorial en particular parece haber abrazado la asistencia de las máquinas para generar textos, así como poner el grito en el cielo por la progresiva pérdida de trabajo cualificado (y la reducción en la calidad resultante) que está implicando en todos los ámbitos.

También estos días el informe PISA ha alarmado al mundo civilizado con sus datos sobre la disminución de la ya escasa capacidad de comprensión lectora de los jóvenes objeto del estudio. Según los expertos, una de las posibles causas de un fenómeno complejo sería el abuso de pantallas en la enseñanza… y el empleo de la IA para todo tipo de tareas escolares. La IA es ya tema recurrente y omnipresente.

No son pocos los artículos que ha publicado VASOS COMUNICANTES sobre el impacto de la IA en la traducción. Y aunque, en cierto modo, parece que esté ya todo dicho, seguiremos hablando de ello. Hacer otra cosa sería esconder la cabeza en la arena. Recordemos, pues, una vez más que el Sello de Traducción Humana impulsado por ACE Traductores sigue su avance y cada vez son más las editoriales que se adhieren a una campaña en favor de la transparencia en el uso —¿imparable?— de la IA.

En el número que acabamos de terminar, VASOS COMUNICANTES 78, hemos abordado también otros asuntos. Por ejemplo, cómo empezamos a traducir, en un Centón que suma ya un total de siete entregas. Con tristeza por su fallecimiento, hemos recuperado de nuestra hemeroteca una entrevista a José Luis López Muñoz, colega y maestro de tantos de nosotros; esta conversación con Catalina Martínez Muñoz se ha convertido en uno de los textos más leídos de la revista.

Si miramos hacia adelante, con este editorial empezamos ya el número 79 de VASOS COMUNICANTES, en el que seguiremos hablando de las amenazas que asedian a la traducción editorial: tarifas que hacen de la traducción una profesión insostenible (y parecen querer reducirla a una actividad recreativa para quienes cuentan con otros ingresos) y, por supuesto, cómo la IA se utiliza como pretexto o herramienta para reducir unas tarifas que son ya insoportablemente bajas. En este sentido, publicaremos avances sobre los contenidos del futuro Libro blanco, el tercero de ACE Traductores sobre la profesión en general (o el cuarto, si tenemos en cuenta el libro blanco sobre el libro digital: véanse aquí las publicaciones de ACE Traductores). En este número también podremos leer las reseñas de las obras candidatas al Premio Esther Benítez de este año, tal como hemos hecho en convocatorias anteriores.

Además, seguiremos traduciendo y seguiremos publicando textos humanos. Porque sabemos que los programas denominados inteligentes son simples modelos de lenguaje que generan textos a partir del uso estadístico de grandes cantidades de datos, sin conciencia ni experiencia propia. Nada más alejado de la literatura y la creación.

Carmen Francí

Codirectora de VASOS COMUNICANTES

 

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