Viernes, 24 de abril de 2026.
Apenas han pasado unas semanas desde la celebración de las jornadas en torno al proyecto europeo Archipelagos en Madrid y, como participante del programa de residencias y de las jornadas, me pareció una buena idea dejar plasmadas mis impresiones generales por escrito. Siguiendo con la lógica del proyecto, mi objetivo no es más que el de seguir difundiendo y dando voz a toda la labor de rescate que hemos elaborado los y las traductoras participantes. Con la experiencia aún fresca en mi memoria, en las siguientes líneas mastico el alegre sabor que me ha dejado, empezando por lo primero: describir el proyecto.
Archipelagos: qué es

Fotografías del encuentro de Almudena Amador
«Descubrir historias sumergidas» es el lema del programa, y me parece una máxima acertadísima que lo describe a la perfección. El objetivo del proyecto Archipelagos —financiado por la Unión Europea, coordinado por la asociación francesa ATLAS (Association pour la promotion de la traduction littéraire) y formado por once socios—, es que traductoras y traductores viajen a otros países y realicen la labor de scouts literarios, es decir, que descubran e investiguen obras que todavía no están publicadas en sus países e idiomas de origen para redactar informes de lectura, traducir un extracto y proponerlas a editoriales. En este sentido, el proyecto quiere dar una oportunidad a las voces que por algún motivo quedan en un segundo plano pero que son de un gran valor literario, con el objetivo último de que la adquisición de derechos de literatura extranjera no se limite, como tristemente ocurre, casi en exclusiva al mercado y la lengua anglosajones. Para lograr todo ello los y las traductoras seleccionadas disfrutaron de residencias de traducción subvencionadas en los diferentes países europeos participantes, y a mí me tocaron dos semanas de agosto en la hermosísima ciudad de Arlés, donde me alojé en el CITL (Collège International des Traducteurs Littéraires).
Mi propuesta: primeros pasos
Cuando redacté mi propuesta de descubrimiento no las tenía todas conmigo. Adapté mi búsqueda a mis propios gustos personales, porque, pese a ser un proyecto remunerado, no entiendo las propuestas editoriales de libros, autores o literaturas que no me encajan o que no gustan a quien las hace. En pocas palabras, es muy difícil vender algo que ni a ti misma te gusta. Aprovecho para comentar que las propuestas literarias suelen ser horas de trabajo no remunerado por parte de los y las traductoras y que nunca se tiene la certeza de que esas horas se vean compensadas con una publicación final. Yo he tenido la suerte de publicar mis propuestas en varios casos, pero por supuesto no en todos. Por otro lado, es algo que me gusta hacer, pero que dejo en el último punto de la lista de tareas diarias porque priorizo los encargos remunerados. Por este mismo motivo, la oportunidad de que me financiaran una estancia en Arlés en la que se me iba a remunerar esta labor me pareció un sueño del que me costaba despertar. Pero volviendo a mi propuesta, esta se centró en la búsqueda de autoras de más o menos mi generación —nacidas en la segunda mitad de los ochenta o principios de los noventa— que escriben con tintes autobiográficos, con un estilo intimista o innovador y, a poder ser, que sus obras estuvieran inspiradas en la naturaleza y en el mundo rural, o que trataran temas más marginales. En otras palabras, tenía un especial interés en lo que otras autoras de mi generación estaban escribiendo en ese mismo momento en el país vecino, porque no tengo tantos referentes así en países europeos. Algunas autoras francesas consolidadas y traducidas al español son de otra generación anterior a la mía, y a mí me interesaba rescatar esas voces que están naciendo ahora y que terminarán consolidándose, porque me pareció una lástima y una pérdida no descubrirlas y seguirlas desde sus inicios. En resumen, me interesaba poner el foco en libros o autoras con relativo éxito en sus países pero que al ser nombres desconocidos en España no llaman la atención de las editoriales españolas. Cuando me aprobaron el proyecto (¡maravilla!) hice una labor de investigación previa: me puse en contacto con muchas personas relacionadas con el mundo literario en Francia para que me ayudaran en la selección, es decir, quería llegar a Arlés con los deberes hechos y haber seleccionado varias obras antes de mi llegada, para que todo fuera más fluido una vez allí. En este sentido hubo una persona que me ayudó especialmente: Paula Klein, autora argentina residente en París. Ella me hizo una bellísima selección de libros de los que su círculo hablaba en ese momento o que a ella misma le habían gustado. También me puso en contacto con otras personas relacionadas con el mundo del libro que eran residentes en Francia y, tras hablar con ella y con varios agentes literarios, escritores, traductores y editores de Francia, había llegado el momento de hacer las maletas. Ya no iba a ciegas, pero lo que esperas es siempre diferente de lo que te encuentras.
Residencia en Arles: mi experiencia
Las dos semanas que pasé en Arlés superaron mis expectativas con creces. No fue solo el ambiente de la residencia —donde todos bebíamos de los conocimientos de los demás y también estrechábamos lazos, construíamos una red de contactos y compartíamos bellas recomendaciones y momentos—, sino también la suerte que tuve de que una de las autoras que había elegido para el proyecto, Juliette Rousseau (Bretaña, 1986), presentara su próximo libro aquella misma semana en Arlés. Esto me permitió conocerla a ella y también a su editora, hablarles del proyecto y crear ese contacto personal para mí tan valioso. La obra elegida fue La vie têtue, un libro profundo en el que, en una prosa poética e intimista, la autora se dirige a su hermana mayor fallecida, al tiempo que describe la naturaleza que la rodea, su infancia en la aldea y todo lo que ha supuesto la mirada patriarcal en las mujeres de su familia. Por otro lado, al tener finalmente una lista numerosa de autoras y libros, pude conocer a dos autoras más, ya que dos de ellas vivían en Marsella y desde Arlés es un breve trayecto en tren. La experiencia de quedar con estas autoras fue para mí inigualable. Hubo libros que me interesaron pero que tenían ya acordados los derechos en editoriales o que directamente ya estaban publicados, así que las opciones que tenía de autoras que se ciñeran a mi descripción se me iban cerrando. Finalmente, pregunté a la editorial Gallimard por un libro que resultó tener los derechos ya contratados, y la misma editora me recomendó otro que se ajustaba a mi descripción: Villa royale, de Emmanuelle Fournier-Lorentz (Tours, 1989), un libro con tintes autobiográficos que narra la historia del duelo que atraviesan tres hermanos muy especiales, con un estilo marcadamente cinematográfico. Encargué el libro en una de las librerías de Arlés y me decanté finalmente por este. En esta última elección tuve la suerte de que Emmanuelle se mostrara amable cuando la escribí y de
que su profesor de escritura, Jean-Baptiste Del Amo, me recibiera con amabilidad e hiciera de puente entre mi propuesta y su editorial española. Sin embargo, muy pocas veces estos puentes acaban construyendo una casa en la otra orilla, y a pesar de mi insistencia todavía no he logrado colocar estas dos propuestas de traducción. Por otro lado, al final de mi estancia descubrí otro libro muy interesante que, por cuestiones de tiempo, ya no pude incluir en el proyecto. Sin embargo, sí que encajaba a la perfección con el perfil de autoras que había elegido y estaba respaldado por varios premios y agencias literarias en las que confío; además, no tenía los derechos adquiridos. Se trata del libro Border la bête, de Lune Vuillemin (Aude, 1994), que acabé leyendo también y para el que redacté también un informe y un extracto de traducción. Por tanto, no solo me fui de Arlés con los dos libros seleccionados, sino con cinco o seis más, para leerlos tranquilamente a mi vuelta. Por desgracia, como he dicho, hay un factor suerte importante, y muchas veces colocar propuestas depende casi en exclusiva de los gustos, intereses o calendario de las editoriales. En cualquier caso siempre es mejor el contacto personal, y poco a poco me fui olvidando de estas propuestas de traducción que tenía guardadas. Por eso, cuando Marta Sánchez-Nieves me escribió con la propuesta de participar en las jornadas sobre el proyecto en Madrid y así presentar nuestros descubrimientos, me pareció lo más lógico, con el fin de dar visibilidad a los rescates, al proyecto y a los traductores, y me dio una alegría inmensa.
Las jornadas en Madrid: un bello colofón
Como comenté en una de mis intervenciones en las jornadas, toda la labor de rescate de obras «sumergidas» subvencionada con estas residencias es una experiencia inigualable, pero no tiene sentido si todo lo que se descubre no se expone ni se comunica, no llega a nadie. En pocas palabras: si se queda en un cajón. Las jornadas que tuvieron lugar en la Residencia de Estudiantes de Madrid los pasados 8 y 9 de abril de 2026 también superaron con creces mis expectativas en ese sentido, ya que formaron un espacio idóneo para hablar de bibliodiversidad y fomentar la comunicación y el compañerismo entre los llamados prescriptores de libros. En estas jornadas participamos prácticamente todos los traductores que fuimos seleccionados para el proyecto por parte de ACE Traductores y que veníamos de España: Mateo Pierre Avit Ferrero, Borja Mozo Martín, Marco Vidal, Montserrat Tutusaus y Marta Santamaría, y fuimos verdaderamente el centro de las jornadas. En mi caso, fue una estupenda oportunidad para dar a conocer estas obras a los editores presentes: Daniel Álvarez, de Hoja de Lata, Alicia López, de Automática Editorial, e Inmaculada Jiménez, de Ediciones del Oriente y del Mediterráneo. Se creó un espacio tan íntimo y reducido que la conversación con ellos fue muy fructífera y atenta. Además, para ellos estar allí ya era un filtro en sí mismo: éramos traductores que ya habíamos pasado por la selección de la residencia, así que escuchaban nuestras propuestas con más atención. Por otro lado, también fue una estupenda oportunidad para que mis compañeros traductores, que también fueron seleccionados para el proyecto Archipelagos y que sí lograron colocar sus propuestas en editoriales, dieran a conocer esas obras a libreros y bibliotecarios allí presentes, justamente con el objetivo de que no volvieran a caer en el olvido y no se perdieran entre la sobreproducción y las novedades editoriales. Fueron así dos bellas e intensas jornadas seguidas, llenas de conversaciones interesantes, en las que el ligero cansancio se mezclaba con la gran alegría de estar enteramente entre amigos y amigas del libro y una sensación cargada de muy buena energía y optimismo. Y no fue para menos, puesto que nos reunimos profesionales del mundo del libro desde varios ámbitos y perspectivas —bibliotecarios, libreros, traductores, editores, periodistas culturales— en un ambiente propicio para hablar de forma informal y distendida. Así, me pareció excelente que viniera Xavier Vidal, librero de Nollegiu (Barcelona), Almudena Amador, librera de Ramón Llull (Valencia) y Óscar Porral, librero de Bandini (Santiago), porque de esa forma dejaba de concentrarse todo en Madrid y abría la mente hacia otras perspectivas y realidades, siguiendo con la lógica del proyecto. En este sentido, Almudena Amador —una librera tremendamente concienciada con la labor que hacemos las traductoras— me dio la idea de crear un catálogo de mis traducciones por publicar, como si tejiera y definiera un estilo y gusto propio. Por otro lado, las intervenciones de Montse Tutusaus, Kasia Olszewska e Irina Nichaienko sobre las pinceladas de literatura checa, polaca y ucraniana respectivamente fueron una apertura brutal de mente hacia esos países y esas literaturas, y los libreros y bibliotecarios presentes tomaron buena nota de títulos para recomendar e incluir en sus librerías y bibliotecas. Los periodistas culturales y creadores de pódcast Luna roja y Tapadura, así como Eduardo Laporte, de República de las Letras, añadieron al evento una buena dosis de divulgación cultural. Yo misma fui entrevistada entre acto y acto por Luna roja, algo que me pareció de lo más provechoso y que me ayuda a mi propia visibilidad como traductora. A su vez, Jesús González, subdirector general de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras españolas, nos dio unas pinceladas de las ayudas que concede el Ministerio. Por último, también tuvieron lugar dos eventos fuera de la Residencia de Estudiantes: las presentaciones de los libros Pulverizados, de Alexandra Badea, traducido por Borja Mozo Martín y editado por Demipage, que tuve el gusto de dinamizar en la librería Enclave de libros, y Último paso, de Yordán Slaveykov, traducido por Marco Vidal y editado por La tortuga búlgara, que presentó Marta-Sánchez Nieves en la librería Las indomables.
A modo de cierre
Me gustaría recordar que las fichas de cada uno de los descubrimientos de todos los participantes se encuentran en la página de Archipelagos, por si estás leyendo estas líneas y te quedaste con las ganas de conocer los proyectos, o si conoces a alguien a quien le pueda interesar toda esta información. Al fin y al cabo, ese es el objetivo final de todo el programa. En un sentido más amplio, el programa en general y las jornadas en Madrid en particular han dado mucho espacio y relevancia al papel del traductor como persona que en algunos casos no solo traduce, sino que acerca libros desconocidos a su mercado. Las jornadas dieron un enorme altavoz a los traductores, incrementando su visibilidad y la conciencia de su existencia hacia otros ámbitos del mundo del libro. Pasear por la Residencia de Estudiantes de Madrid ha sido como volver estos últimos días a Arlés: un lugar al que puedo llamar mi casa lejos de casa. Casi como se sentirá una de las autoras de mi investigación si encuentra editorial española: en una casa lejos de casa. Una experiencia inigualable. Un campamento de verano, un reencuentro con personas queridas, un regreso a una buena sensación, una enorme celebración del amor por el libro, por la traducción y por la gran literatura de la periferia europea y de las lenguas minorizadas. Y no os miento cuando escribo que me sentí muy valorada como traductora, valorada e infinitamente orgullosa de serlo. Por último, deseo dar las gracias a Marta Sánchez-Nieves por la organización impecable del encuentro en Madrid y por hacerlo posible.
Irene de la Torre (Madrid, 1988) es licenciada en Traducción e Interpretación, escritora, correctora y traductora literaria de inglés, francés, neerlandés y catalán al castellano. Es lectora editorial y redacta artículos para varios medios. Ha publicado su obra en revistas de literatura como Quimera, Casapaís o De Revisor (Países Bajos), así como sus traducciones de poesía y narrativa en revistas literarias y en editoriales como Navona, Editorial Mapa o Lengua de Trapo. Su primera colección de relatos, Crema solar, sale publicada en 2026 por RIL editores. Tiene un poemario terminado y en la actualidad escribe su primera novela.


