Entrega del XVII Premio de Traducción Esther Benítez (I): Marta Sánchez-Nieves

Viernes, 13 de enero de 2023.

El pasado martes 13 de diciembre de 2022 celebramos en la sede del Instituto Cervantes de Madrid la ceremonia de entrega del XVII Premio de Traducción Esther Benítez a Joaquín Fernández-Valdés por su traducción de Guerra y paz, de Lev Tolstói. Reproducimos la intervención de Marta Sánchez-Nieves, presidenta de ACE Traductores. 

De izquierda a derecha, Manuel Rico, Idoia Moll, Marta Sánchez-Nieves, Joaquín Fernández-Valdés, Luis Magrinyà, María José Gálvez y Vicente Fernández

Directora General del libro, representantes, colegas, amigas y amigos de tantos organismos y asociaciones de la cultura, de las letras y del libro que nos acompañáis hoy, voy a ver si soy capaz de sobreponerme a los nervios y la emoción de estar aquí, en esta velada tan especial para ACE Traductores y para la profesión.

Especial porque celebramos una edición más, y ya vamos por la número diecisiete, el premio de traducción que convocamos para celebrar nuestra profesión y para recordar a Esther Benítez, fundadora y artífice de nuestra asociación, y cuyo hijo Mauro nos acompaña hoy.

Como sabéis, ACE Traductores vio la luz el 16 de noviembre de 1983, en la sede del entonces Instituto Nacional del Libro, sito en la calle Santiago Rusiñol, dirección que varios de los hoy presentes conocéis bien.

Y ahora que ya sí que sí nos acercamos al cuadragésimo aniversario de la asociación (dato que apenas he recordado a nadie en los últimos años), no puedo sino pensar en las juntas que nos han precedido, en las personas que han estado antes en la presidencia, asistiendo a reuniones o hablando en actos como este. A la mayoría de ellas no las conocí, no tanto por edad, sino por mi trayectoria laboral.

No hay palabras que vengan bien para expresar el agradecimiento que siento hacia quienes sí las conocisteis, y habéis guardado su legado y su memoria para que ahora, cuando ACE Traductores está a punto de cumplir cuarenta años y la mayoría de sus miembros puede que sí hubiéramos nacido en 1983, pero no teníamos mucho fundamento por entonces, podamos conocerlos y seguir la senda de su legado y memoria, trayéndolos al presente y teniéndolos presentes (valga la redundancia) en nuestro camino futuro.

Así que espero que me permitáis que, con la objetividad que me caracteriza, tenga un breve recuerdo para quienes han asumido la presidencia de la asociación en sus casi cuarenta años de existencia.

La propia Esther Benítez, claro, que ya en el seno de la extinta APETI vio la necesidad de luchar por la figura del traductor como autor, y en cuyo honor nos hemos reunido hoy aquí, entre otros motivos.

Miguel Martínez-Lage, cuya personalidad y presencia intuí gracias a los recuerdos de Íñigo García Ureta.

Vicente Cazcarra, traductor de ruso que no aparecía en las bibliografías que nos daban en la carrera, y cuya modestia, sonrisa y calma nos trajo de regreso Luisa Fernanda Garrido.

Ramón Sánchez Lizarralde, a quien por doquier me dicen que conocieron, y cuya huella asociativa y personal hemos recuperado gracias a María Roces y a Julio Grande. Quedan otras huellas y archivos suyos que, si la tecnología no nos juega una mala pasada, quizá logremos recuperar gracias a José Luis, su hermano.

Mario Merlino, a quien no llegué a conocer, pero sí vi en una única ocasión, en Tarazona. Tengo uno de sus libros siempre muy a mano, uno en que nos llama ingenuos, porque aspiramos a traducir la vida solo con palabras.

Termino con Maite Gallego, con Carlos Fortea y con Vicente Fernández, a cuya vera he crecido y que me han sufrido lo suyo y para quien tengo una petición: quedaos con nosotras, con quienes no teníamos mucho fundamento en 1983. Porque no es seguro que lo tengamos ahora, y porque los caminos que nos quedan por recorrer no queremos, ni debemos, andarlos solas.

Marta Sánchez-Nieves

Hablando de guardar legados, aprovecho el lugar donde nos encontramos, pared con pared con la Caja de las Letras, para recordar que en ella está el legado de Juan Eduardo Zúñiga, uno de los socios firmantes del acta fundacional de la SATL de la ACE, es decir, de la Sección autónoma de traductores de libros de la Asociación Colegial de Escritores. Además, fue su primer tesorero. Que su legado se guarde en este lugar nos habla de la importancia de la traducción en la construcción de la identidad literaria del país.

¿Sabéis lo curioso? En este bucear en la historia de la profesión que hemos venido haciendo en los últimos años de cara al aniversario, hemos encontrado documentos y reivindicaciones que, para bien y para mal, se entrelazan con documentos y reivindicaciones actuales.

Por ejemplo, entre las carpetas que se guardan en la Fundación Consuelo Berges, encontramos unas recomendaciones de la UNESCO sobre el derecho de los traductores, redactado por un comité de expertos reunido en París en 1968. No era mayo y no había adoquines. Aun así, muchas de esas propuestas todavía hoy hay a quien le parecen revolucionarias cuando pedimos que se reflejen en un contrato.

Por ejemplo, nos encontramos que ya se habla de «remuneración equitativa», de la remuneración de un anticipo sobre un tanto por ciento, de delimitar en contratos el destino de las obras traducidas y la remuneración suplementaria en caso de que «la obra rebase la prevista en los contratos».

Hay otro en concreto que, a mi parecer, enlaza con los objetivos con que se fundó la asociación y que ha sido y es la piedra angular de sus juntas: «estudiar la posibilidad de mejorar la situación económica de los traductores mediante reuniones que podrían celebrarse, en el plano nacional e internacional, entre los representantes de los diferentes intereses que están en juego».

Lo sé, pareciera que esta resolución de 1968 no hace sino evocar a tantos otros adoquines que no tenían arena de playa debajo.

Sin embargo, ya nos dice Mario Merlino que somos ingenuos, así que en época mucho más reciente nos hemos embarcado en el trabajo de otro grupo de expertos, esta vez bajo mandato de la Comisión Europea, que, de alguna manera, ha recuperado muchas de estas recomendaciones, con sus correspondientes actualizaciones al siglo XXI, en el informe Traductores en cubierta. Multilingüismo y traducción, presentado a principios de 2022.

Quizá porque participamos de forma activa, en ACE Traductores nos hemos tomado muy en serio algunas de sus recomendaciones, por ejemplo, la de apostar por la diversidad lingüística. Y así, entre las finalistas de este año al premio de Traducción Esther Benítez teníamos a Julia Osuna y a Belén Santana, con sendas traducciones del inglés y del alemán, dos de las lenguas con más presencia en Europa. Pero también a Vicente Fernández, que traduce del griego, y a Ana Flecha, que lo hace del noruego, dos de las lenguas que el informe denomina «minoritarias» o «menos extendidas» y cuyas literaturas considera que deben de gozar de especial difusión y traducción.

Y nos queda el ruso, ay, el ruso. La lengua y la cultura de Lev Tolstói, la lengua y la cultura de la que traduce Joaquín Fernández-Valdés, nuestro premiado este año. La lengua y la cultura que nos da tantas alegrías, aunque a veces venga acompañada de disgustos.

Cuando le comentaba a alguna colega que estaba muy nerviosa por la idea de estar hoy aquí hablando, me decía «pero, Marta, si es Joaquín, si va a ser muy fácil». Y yo pensaba: «sí, es Joaquín, pero no puedo llegar y ponerme a hablar de él, de mí, de nuestra relación de amor-odio con Rusia». El caso es que, de pronto, mientras pensaba en lo que hemos vivido desde que nos conocimos en 2014 camino de Yásnaia Poliana, de la hacienda de Lev Tolstói, precisamente, sí que me pareció que podía ser una historia de tantas que ilustra nuestra profesión, que se supone tan solitaria, y también del carácter asociativo de quienes la ejercemos.

María José Gálvez, Directora General del Libro y Fomento de la lectura, durante su intervención

Porque Joaquín fue miembro de la junta de APTIC y ahora está en la comisión de editorial, trabajando por la profesión. Joaquín es ese colega con el que intercambias mensajes sobre cómo solucionar las múltiples heredades, dominios, haciendas y casas señoriales de la nobleza rusa. Con el que hablas de hacer alguna vez un glosario común con los rangos del funcionariado civil de la época zarista, con el que discutes si la каша equivale a las gachas o si una va al servicio o al lavabo. El colega que te apoya cuando tienes una intervención en un congreso y al que apoyas y haces fotos cuando le toca hablar a él. Al que pasas o el que te pasa encargos cuando estamos metidos en otros que te impiden aceptarlo. Con el que intercambias ejemplares justificativos. Y, por supuesto, con el que te alegras y emocionas cuando gana un premio. Un premio como el que nos ha reunido esta tarde y que, sin más dilación, vamos a hacerle entrega.

 

1 Comentario

  1. Isabel HM

    ¡Qué intervención más emotiva, Marta! ¿Se derramó alguna lagrimilla?