Del «Jabberwocky» al «Escándrago»: una autocrítica de traducción literaria, Violeta Villalba

Viernes 18 de febrero de 2022. 

El presente artículo se deriva de mi traducción al español de la novela de Lewis Carroll Through the Looking-Glass and What Alice Found There (A través del espejo y lo que Alicia encontró allí), que se publicó en el año 2021 en Colombia. Se centra en el trabajo que realicé para traducir el poema «Jabberwocky», con base en el artículo «Doce versiones del “Jabberwocky” de Lewis Carroll: una propuesta de valoración poética», escrito por Juan Gabriel López Guix y publicado en la revista Estudios de Traducción de la Universidad Complutense de Madrid en 2017.

Editorial Panamericana, Bogotá, 2021. Traducción de Violeta Villalba

En 2020 traduje la novela de Lewis Carroll Through the Looking-Glass and What Alice Found There (A través del espejo y lo que Alicia encontró allí), publicada en Inglaterra en 1871, seis años después de Alice’s Adventures in Wonderland (Las aventuras de Alicia en el País de las maravillas). En este proyecto me divertí como nunca, y a la vez surgieron frente a mí todos los retos que una traductora pueda imaginar. Ya que este era uno de los primeros encargos al español en Colombia, suponía para mí una gran responsabilidad: sentía que debía estar a la altura de colegas que habían asumido esta tarea en países como Argentina, España y México desde mediados del siglo XX. Entre otras cuestiones, me inquietaba cómo abordaría los poemas y canciones que Carroll había inventado de una forma tan única. Sobre todo, me espantaba el «Jabberwocky», esa criatura sinsentido que aparecía ya en las primeras páginas.

Al atravesar el espejo, Alicia intenta leer este poema que encuentra en un libro, solo que al ser un libro del espejo, es ilegible para ella. Luego de unos instantes, se le ocurre algo genial: ponerlo frente al espejo para que las palabras se vean al derecho. Y comienza a leer. Le parece bello, pero no alcanza a comprenderlo del todo; en sus palabras: «Siento como si me llenara la cabeza de ideas, ¡solo que no logro precisar cuáles son! Aunque sé que alguien mató algo, eso está claro, al menos…» (Carroll, 1871/2021). En mi caso, la experiencia que tuve al leer y releer el poema —al derecho y al revés— definitivamente se equipara con la de Alicia.

En este y muchos otros momentos redescubría la magnitud de mi oficio, de la capacidad investigativa y creadora que conlleva. Además, estos puntos críticos me mostraban sin piedad mis límites como traductora. Era evidente que necesitaba otras herramientas más allá del conocimiento de la lengua extranjera, la afinidad por la poesía y la escritura, los diccionarios, los tesauros y el sentido común. De hecho, aprendí en el camino a dejarme llevar por el sentido poco común.

Me dispuse entonces a investigar cómo otros traductores habían resuelto los problemas que contenía este poema. Y cuanto más indagaba, mayor era mi admiración por aquellos colegas que a inicios del siglo pasado habían creado sus versiones sin toda esa cantidad de información que hay disponible en la actualidad. Los imaginé días y noches enteras en las bibliotecas de sus ciudades; o en sus escritorios, rodeados de enormes tomos y diccionarios… En contraste, y para mi fortuna, hoy en día existen incontables textos sobre el poema del sinsentido (nonsense) más famoso de la literatura inglesa. Y no solo eso: tenemos un sinnúmero de biografías de Lewis Carroll, análisis y, por supuesto, traducciones de las dos Alicias.

Durante mi investigación, hallé el artículo «Doce versiones del “Jabberwocky” de Lewis Carroll: una propuesta de valoración poética», escrito por Juan Gabriel López Guix y publicado en la revista Estudios de Traducción de la Universidad Complutense de Madrid en 2017. Me pareció notable cómo un traductor y académico había emprendido la faena de buscar, leer y comparar bajo una serie de criterios de forma y contenido doce propuestas en español de este poema tan complejo. De hecho, en 2019 él mismo coordinó un taller de traducción literaria en torno a este poema, organizado por el Centro Internacional Antonio Machado (CIAM), cuya reseña se puede leer en esta misma revista.

Uno de los criterios de contenido se refiere a la coherencia y naturalidad con la que los distintos traductores resolvieron las dificultades relacionadas con veintiocho palabras «oscuras», que López Guix (2017) clasifica en cuatro tipos: «1) existentes en época de Carroll; 2) creadas por derivación a partir de una raíz real o ficticia; 3) creadas por combinación, las llamadas palabras-maleta; y 4) creadas de modo arbitrario» (p. 51). Así pues, procuré, en la medida de lo posible, basarme en esta clasificación para inventar o usar términos equivalentes en mi lengua materna, que resultaran imaginativos y cómicos, de la mano de un patrón de rima. Con todo, debo decir que en algunos casos no logré hallar la solución léxica o semántica más óptima y que actualmente replantearía algunas de las decisiones que tomé en aquel entonces.

Con respecto a la forma, conservé las siete estrofas (con el mismo número de versos) del «Jabberwocky». Allí el primer verso rima con el tercero y el segundo con el cuarto en las estrofas 1, 2, 4 y 7. En mi propuesta, resolví utilizar este esquema de rima en todas las estrofas (menos en la sexta para mantener la rima interna). En las estrofas 3, 5 y 6 del texto fuente solo riman el segundo y el cuarto (rasgo que igualé), y el tercer verso tiene rima interna (logré conservar este rasgo en las estrofas 5 y 6).  Decidí modificar el número de sílabas por verso, ya que nuestras palabras en español son más largas, así que usé entre diez y quince sílabas; en el poema en inglés los versos tienen entre seis y ocho sílabas. Por otro lado, como lo menciona López Guix (2017), «los tres primeros versos de cada cuarteto son tetrámetros y el último es un trímetro. Todos siguen un patrón yámbico» (p. 50); y pese a que no tuve en cuenta estos parámetros de la métrica clásica y el patrón silábico que elegí no es lo suficientemente regular, le di un valor fundamental a la naturalidad para solucionar los distintos retos de traducción. Además, el ritmo marcado por mi subjetividad y sensibilidad relacionada con la escritura de poesía fue un elemento esencial a la hora de compensar mis puntos menos fuertes. Me empeñé en que el «Escándrago» replicara el tono juguetón y chispeante del «Jabberwocky».  Quise recrear este y los demás poemas, canciones y juegos de palabras de la novela teniendo siempre en mente a los pequeños lectores (y a los grandes con alma de niño).

A continuación, incluyo ambos poemas y luego de estos encontrarán un Diccionario sinsentido, que reúne, en orden de aparición en el poema, las palabras que creé o utilicé según la tipología de López Guix, donde presenta una exégesis de cada vocablo en inglés; algunos de estos fueron explicados por el mismo Carroll en vida; otros los aclara Humpty Dumpty (quien, dicho sea de paso, no siempre coincide con Carroll) en el capítulo 6 de A través del espejo y lo que Alicia encontró allí; y otros fueron interpretados por el lexicógrafo inglés Eric Partridge (1894 – 1979), un estudioso de Carroll. En las acepciones del diccionario menciono de forma breve cómo llegué a cada término. Finalmente, expongo una conclusión con respecto a esta crítica y análisis en retrospectiva de mi versión del «Jabberwocky».

 

Jabberwocky

 ‘Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.

‘Beware the Jabberwock, my son!
The jaws that bite, the claws that catch!
Beware the Jubjub bird, and shun
The frumious Bandersnatch!’

He took his vorpal sword in hand:
Long time the manxome foe he sought—
So rested he by the Tumtum tree,
And stood awhile in thought.

And as in uffish thought he stood,
The Jabberwock, with eyes of flame,
Came whiffling through the tulgey wood,
And burbled as it came!

One, two! One, two! And through and through
The vorpal blade went snicker-snack!
He left it dead, and with its head
He went galumphing back.

‘And hast thou slain the Jabberwock?
Come to my arms, my beamish boy!
O frabjous day! Callooh! Callay!’
He chortled in his joy.

‘Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves
And the mome raths outgrabe.

Escándrago

Fogonaba la tarde y los trompones ligerosos
por la Vhacia iban escarifando, rotarando;
los papatorros se veían tan azurosos
y los tartos andaban solúfugos griflando.

Cuídate del Escándrago, ¡hijo mío!
¡Te atacará a dentelladas y te agarrará!
Huye del pájaro Trip Trip y evita todo lío
¡con el bulloso y frumioso Tarascán!

Empuñó entonces su espada puntífera
y por largo tiempo buscó a su oponente;
bajo el árbol Tum Tum, y su rama somnífera,
hizo una pausa para aclarar su mente.

Al sumirse en pensamientos gruñibundos,
el Escándrago, con la mirada en llamas,
cruzó zumbando aquel bosque umbrifundo
¡y sin dejar de farfullar se aproximaba!

Un, dos, un, dos, ¡por todos los costados!
Tristrás, tristrás, ¡la espada aguijonante!
Así cayó el engendro… y el hijo, sereno,
a casa volvió, cabeza en mano, galofante.

¿Y el Escándrago? ¿Lo has derrotado?
¡Ven a mis brazos, niño tan lúcido!
¡Oh, frabuloso día! ¡Viva, viva!
Festejaba el hijo con risoplidos de júbilo.

Fogonaba la tarde y los trompones ligerozos
por la Vhacia iban escarifando, rotarando;
los papatorros se veían tan azurosos
y los tartos andaban solúfugos griflando.

 

 

Diccionario sinsentido

Escándrago: aunque según la tipología, Jabberwocky es un sustantivo por derivación, yo opté por crear uno a partir de una combinación: escándalo + dragón. Consideré un verbo cercano a jabber (farfullar, parlotear), la naturaleza monstruosa de la criatura y su aspecto físico.

Fogonear: por derivación de fogón. Poner la comida al fuego; se relaciona también con la apariencia del cielo al atardecer, según las explicaciones de Carroll y Humpty Dumpty.

Trompones: palabra ficticia; tienen una cara semejante a un trombón; también tomé en cuenta que, según Humpty Dumpty, son un poco como tejones y lagartos.

Ligerosos: por combinación: ligero + pegajoso o resbaloso, según las explicaciones de Carroll y Humpty Dumpty.

Vhacia: palabra ficticia; según Humpty Dumpty y Alicia, se trata de un área de césped que va hacia delante y hacia atrás, y hacia cada lado.

Escarifar: por derivación del latín scarifare, que significa rascar o escarbar; para Carroll, es escarbar como un perro.

Rotarar: por derivación del latín rotare, que significa dar vueltas; según Humpty Dumpty, dar vueltas como un giroscopio.

Papatorros: palabra ficticia; se asemejan a los papagayos o las cotorras y parece que siempre tienen catarro. Me basé en el aspecto físico descrito por Carroll y Humpty Dumpty.

Azurosos: por combinación: azul + pesaroso; me apoyé en las explicaciones de Carroll y Humpty Dumpty.

Tartos: palabra ficticia; se parecen algo a las tortugas, a los cerdos y caminan de rodillas pero con la cabeza en alto, según Carroll y Humpty Dumpty.

Solúfugos: por combinación: solos + prófugos; según mi versión de la explicación de Humpty Dumpty.

Griflar: palabra ficticia también derivada del latín flare (soplar, hinchar); según la explicación de Humpty Dumpty, sonar como una «mezcla entre un bramido y un silbido, con una clase de estornudo en medio».

Trip Trip: palabra ficticia que semeja el sonido de este pájaro; la creé a partir del criterio de Partridge.

Frumioso: por combinación: furioso + humoso o vaporoso; la inventé a partir de la explicación de Carroll.

Tarascán: palabra ficticia que se refiere a un ser que da terribles tarascazos; me basé en un comentario de Carroll.

Puntífera: por combinación: puntiaguda + mortífera; creada a partir del criterio de Partridge. Vuelve a aparecer en la quinta estrofa del poema en inglés; allí creé aguijonante, un sinónimo ficticio para cumplir con la rima.

Oponente: en el poema aparece manxsome, una palabra ficticia. Sin embargo, en mi versión, elegí oponente para cumplir con la rima.

Tum Tum: existente en la época; conservé este vocablo por su transparencia, pero como una onomatopeya repetida, no una sola palabra.

Gruñibundo: por combinación: gruñón + furibundo. En palabras de Carroll, este vocablo alude a «un estado de ánimo que combinaba voz bronca, modales bruscos y mal genio».

 Zumbar: en el poema aparece whiffling, una palabra existente en la época. Pese a que resolví usar también un término existente en nuestro tiempo, podría haber utilizado un verbo ficticio más preciso como rafagar.

Umbrifundo: si bien el vocablo en inglés es ficticio, decidí crearlo por combinación: umbrío + profundo, a partir del comentario de Partridge.

Farfullar: en el poema aparece burble, una palabra existente en la época. Usé solo una de sus acepciones.

Tristrás: si bien el vocablo en inglés es por derivación, decidí crearlo a partir de la onomatopeya tras y la expresión en un tris tras.

Galofante: por combinación: galopar + triunfante, tal como se usó en el poema en inglés.

Lúcido: en el poema aparece beamish (radiante, luciente), una palabra existente en la época. Opté por un sinónimo de luciente.

Frabuloso: por combinación: fragante + fabuloso; a partir del comentario de Partridge y el Oxford English Dictionary.

Viva, viva: si bien en el poema aparece una expresión por derivación, utilicé una frase actual que consideré que tenía el mismo sentido de celebración y júbilo.

Risoplidos: por combinación: risa + resoplido; aunque en el poema la palabra es un verbo, resolví crearla como sustantivo.

 Mientras traducía el «Jabberwocky» guardé registro de los laberintos y nudos que emergían; prácticamente me explicaba a mí misma, en una especie de soliloquio, las salidas que tomaba. Sabía que luego me agradecería por las migajas de pan que había dejado para desandar el camino; un desandar que se convirtió en este ejercicio de autocrítica, del cual me llegan varias conclusiones. Para empezar, creo que es esencial volver sobre el propio trabajo para reflexionar acerca de las decisiones tomadas y aprender de ellas, sean acertadas o no. El traductor no se puede separar de la persona vital, y por tanto evoluciona. Como lo mencioné antes, hay ciertos desafíos que hoy en día habría resuelto de otra manera, y darme cuenta de esto, más allá de avergonzarme, me llena de alegría: si no lo hubiera notado, significaría que sigo en el mismo lugar como traductora.

Otro punto es que al leer las doce versiones en español que analizó López Guix, me sorprendió la manera en que cada traductor en su momento, con los recursos que tenía disponibles, resolvió los diversos retos del poema. Según el análisis, unas son más fuertes en la forma, métrica, ritmo y patrón silábico; otras en el uso de las figuras literarias, la literalidad y la recursividad y audacia en la traducción de los vocablos oscuros; otras tienen mayor equilibrio entre los diferentes parámetros que estableció. Dejando a un lado aciertos y desaciertos, considero muy valiosos los aportes que cada uno  —me incluyo— ha hecho en pro de una comprensión más profunda del poema y de la genialidad de Lewis Carroll. Cada versión guarda su riqueza y originalidad; precisamente la diversidad de perspectivas y habilidades hace que nuestro campo continúe avanzando.

Y esto se conecta con mi tercera conclusión. Es vital seguir traduciendo clásicos. Si el mismo traductor evoluciona, y por ende, el campo, imaginemos cómo se transforman las lenguas, cómo cada generación construye y a la vez derriba conceptos y formas de hacer las cosas. Cómo se crean palabras o caen en desuso; traspasan las fronteras y riñen entre ellas. Cómo la tecnología nos tiende la mano para ir con ella hacia el porvenir —e indudablemente seguiremos ingeniándolas para que nos asista y no nos reemplace—.  Necesitamos seguir creando versiones nuevas porque cada traductor lo hace desde su rincón del mundo, unos ven lo que otros no, unos despliegan su libertad creadora, mientras que otros toman caminos más conservadores; sea como sea, celebro la diferencia, la pluralidad y sobre todo, el valor de las creaciones de colegas, críticos, académicos y lectores a través del tiempo, desde distintas regiones, como fuente de un aprendizaje que nunca acaba.

 

BIBLIOGRAFIA

Carroll L. (2021). A través del espejo y lo que Alicia encontró allí (Violeta Villalba, trad.). Bogotá: Panamericana Editorial. (Obra original publicada en 1871).

Diccionario Etimológico Castellano en Línea.

López Guix, J. G. (1). Doce versiones del «Jabberwocky» de Lewis Carroll: una propuesta de valoración poética. Estudios De Traducción7, 49-75.

 

 

© Violeta Villalba

Nací en Bogotá, Colombia. Soy traductora, poeta y editora. Entre mis traducciones más queridas está A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, la primera versión colombiana de este clásico de Lewis Carroll, que se publicó en 2021. Ese año también quedé en segundo lugar en el concurso de traducción literaria que realiza el Instituto Distrital de las Artes en Bogotá. He publicado dos poemarios: Fragmentaria (La Jaula Publicaciones, 2016) y Prisión voluntaria (Buenos Aires Poetry, 2018). Algunos de mis poemas y traducciones aparecen en revistas literarias digitales como Raíz Invertida, Literariedad, Sombralarga, Otro Páramo, Águilas y moscas, Poesía, Taller Igitur, Oculta Lit y Buenos Aires Poetry.

Deja un comentario