Día del libro: lecturas recomendadas, I

Lunes, 19 de abril de 2021.

Iniciamos un CENTÓN de lecturas recomendadas que completaremos el próximo 23 de abril, el día del libro – Sant Jordi. Como otros centones ya publicados, lo componen las participaciones de los socios de ACE Traductores en la lista de distribución de la asociación. 

Jaime Valero: Este año largo que llevamos de pandemia no ha puesto nada fácil abstraerse en la lectura. Sospecho que no soy el único que ha empezado muchos libros y ha tenido que dejarlos a medias, incapaz de concentrarse en ellos. Así pues, aprovecho estas líneas para recomendar algunos que, por diversos motivos, sí me han animado a seguir hasta el final. Me divertí mucho con Calypso, de David Sedaris, traducido por Jorge de Cascante y editado por Blackie Books. Este prolífico escritor aprovecha las anécdotas de su vida cotidiana y familiar para hacernos reír con sus ocurrencias y su agudo sentido del humor. Para leer acerca de una forma de sobrevivir al colapso de la civilización y reencontrarse con la naturaleza, recomiendo la historia de dos hermanas que encontramos en las páginas de En el corazón del bosque, de Jean Hegland. Lo publica Errata Naturae y la traducción corre por cuenta de R. M. Bassols. En tercer lugar me gustaría recomendar Boulder, de Eva Baltasar, que narra la relación entre dos mujeres en la lejana Finlandia y disecciona el impacto que tiene en sus vidas la recién estrenada maternidad. Edita Penguin Random House, con traducción del catalán a cargo de Nicole d’Amonville. Por último, ahora mismo estoy leyendo Matadero Cinco, de Kurt Vonnegut, el alegato antibelicista más original e insólito que he leído nunca. Esta novela cuenta desde hace muy poquito con una nueva edición a cargo de Blackie Books, con traducción de Miguel Temprano García. Y no os perdáis tampoco su adaptación al cómic, a cargo de Ryan North y Albert Monteys, publicada también recientemente por Astiberri.

 

Marta Sánchez-Nieves: Yo recuperé la concentración lectora perdida durante el confinamiento gracias a un podcast sobre literatura y lectura de un colega traductor médico, que me llevó a leer Intemperie de Jesús Carrasco, y ya he ido hilando libros y lecturas por encima de mis posibilidades. Y, como soy dispersa para todo, me he estado leyendo a la vez un libro en ruso cuyo título sería «Xenia, la que se va morir pronto», sobre una joven transgénero en Rusia, escrita por el activista Vitali Bespalov; Genes, pueblos y lenguas de Luigi Luca Cavalli-Sforza, traducido por Juan Vivanco, del que no sé si he entendido el primer capítulo porque sigo teniendo unas lagunas impresionantes en vocabulario científico, y Kraut, de Peter Pontiac, traducido por Julio Grande, que parece ser la gran novela gráfica neerlandesa. Como no he leído otras novelas gráficas neerlandesas, pues no puedo comparar.

Ahora he empezado Miquiño mío, las cartas a Galdós de Emilia Pardo Bazán. Y espero como agua de mayo este centón para ver qué otros libros elijo para dispersarme. Aunque ya me están mirando desde la mesilla unos cuantos.

 

María Teresa Gallego Urrutia: Mi recomendación: todos los clásicos que leímos de muy jóvenes. Con otra luz, desde otra ventana de la vida.

 

Noemí Jiménez Furquet: Yo me sumo a la recomendación de María Teresa Gallego. Una de mis mejores (re)lecturas últimamente ha sido Cumbres borrascosas, en traducción de Carmen Martín Gaite, y ¡qué distinta la experiencia a cuando leí la novela de adolescente! Algo similar me ha sucedido con Madame Bovary; aunque en este caso lo que había leído era el libro en español (en una versión de Luis Mateo Díez que el periódico El Mundo sacó dentro de una colección de clásicos); no os podéis imaginar lo mal que me cayó la buena señora, lo ilógico que me resultaba todo lo que hacía. Ahora, unos cuantos años más vieja, ella me ha parecido muy humana y sus actos, perfectamente comprensibles. Y no os digo nada de lo que ha sido volver a leer Heidi no hace ni tres meses (aunque ahí también ha contribuido que lo analizáramos en nuestro club de lectura sobre autoras del XIX; la traducción que manejaban muchas de las participantes, por cierto, era la de Isabel Hernández González).

Al final va a ser verdad aquello tan manido de que nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Y aprovecho para recomendar (mucho) Dos novelitas nórdicas, de nuestra compañera Ana Flecha, y os cuento una minianécdota de cuando lo leí en octubre. En la segunda de las novelitas, Mancha, la narradora habla de su viaje de España a Noruega y menciona: «En el avión me tocó el asiento 23-F, ni más ni menos» y yo comenté en Twitter la «crueldad» de la autora para con sus futuros traductores por colar en el texto un culturema así, a bocajarro. A lo cual me respondió el editor de Mr. Griffin que Claire Nimmo, quien ya había traducido al inglés la novela, había dado con una «solución magnífica»: «23-F, quite a coup». ¿Qué os ha parecido? Yo con estos detallitos me quedo embobada.

 

Aroa Masa Corral: Desde que comenzó la pandemia, la lectura se ha convertido en el bálsamo que hace más llevadera esta realidad incierta y cambiante en la que nos encontramos. Suelo leer varios textos al mismo tiempo, en inglés, francés y español de estilos diversos.

La semana pasada disfruté con Melocotones helados de Espido Freire. Ha sido mi primera lectura de esta escritora, también filóloga inglesa, como yo; debo decir que me ha gustado mucho, es una obra digna de recibir el Premio Planeta en 1999, así como un retrato fiel de las contradicciones humanas. Además, he devorado Roma, una novela sencilla que habla de la vida, de sus casualidades, y de los momentos amargos que todos nos encontramos. Anjana, su autora es filóloga clásica, así como vallisoletana, algo que ambas compartimos.

En este momento, alterno Pachinko, fábula en inglés de Min Jin Lee, que nos narra las peripecias para sobrevivir de cuatro generaciones de coreanos, durante la II Guerra Mundial y la posguerra, con Los niños de Lemóniz, de Estela Baz, relato de los años crudos del terrorismo de ETA, desde el prisma de una niña.

Pronto comenzaré con Chère Mamie, de Virginie Grimaldi, una autora francesa que ya tiene una obra traducida al español, por Rosa Alapont Calderaro. En su libro, Grimaldi recoge algunas de las cartas que ha publicado en sus redes sociales, dedicadas a su abuela. Me parece un momento fantástico para leerlo, en este mundo que está envuelto en una revolución tecnológica.

 

Carmen Cocina: Así, a bote pronto, mi recomendación del único libro que leo (bi)anualmente: El guardián entre el centeno, rollo compulsivo Mel Gibson. Metería también toda la (escueta) bibliografía de Salinger (Franny y Zooey, Nueve cuentos, Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción), si no es mucho repetir y acaparar.

 

Elia Maqueda: No puedo dejar de recomendar un libro muy interesante por su tratamiento del lenguaje oral y del dialecto, canario en este caso: se trata de Panza de burro, de (Andrea Abreu, Editorial Barrett, 2020). La historia toma forma en ese limbo extraño entre la infancia y la adolescencia, y trata a ritmo trepidante los aburrimientos, fascinaciones y despertares estivales. Lo bonito es que no cae en tópicos, sino que consigue trasladar esa atmósfera pesada que, al parecer (solo he estado en Gran Canaria, pero la verdad es que me resuena), refleja a la perfección la magia y la mística de la isla de Tenerife, debajo de la nube que ronda al Teide. Aun así, lo más interesante de la novela es, en mi opinión, el uso del lenguaje y la subversión de las normas gramaticales y ortográficas, y el relato ambientado en los años noventa, cerca pero lejos, como un pasado reciente. Muy recomendable y —la cabra tira al monte— seguro que muy difícil de traducir.

 

Luisa Fernanda Garrido: Pues yo no suelo leer mucho libros que traten del conflicto en la antigua Yugoslavia, porque para eso me paso la vida traduciéndolos, pero en este caso releo y recomiendo Los orígenes de Sašà Stanišić, traducido del alemán por nuestra premiada Belén Santana. Porque Sašà Stanišić, a causa del conflicto, se fue a Alemania, allí creció y adoptó el alemán como lengua de expresión, y así escribió este libro, estupendo para adentrarse más en el principio y en el fin de lo que sea que somos los humanos. Además me parece muy interesante el hecho de que escriba en una lengua que no es la suya materna, entroncando con aquel fenómeno que hace muchos años eran los escritores no alemanes que escribían en alemán como la turca Emine Sevgi Özdamar.

Y en esta vena germanófila «falsa» que me ha entrado, leo y recomiendo también a Rosa Ribas, nacida en El Prat de Llobregat, pero que reside en Alemania desde 1991 y con su novela Don de lenguas trata el tema de la lingüística forense que es una especialidad que me apasiona.

 

Dolors Udina: Aprovecho para recomendar, siguiendo el hilo de Luisa Fernanda, esta conversación entre Sašà Stanišić i Lana Bastašić (el primero, autor de Los orígenes y, la segunda, autora de Atrapa la liebre, traducido por Pau Sif).

Empieza en catalán (porque Lana vivió en Barcelona un par de años) pero, don’t worry, sigue en inglés. La conversación es muy interesante.

 

Joaquín Garrigós: Mi recomendación: cualquier cosa de Galdós. 

 

Joaquín Fernández-Valdés: Ahí van mis últimas lecturas y recomendaciones: Nada de Carmen Laforet, El indulto y otros cuentos de Emilia Pardo Bazán, Olvidado rey Gudú de Ana María Matute y Salvemos La Jarapa de Weldon Penderton. Otro libro que disfruté mucho hace años fue Dos damas muy serias de Jane Bowles (trad. Lali Gubern).

 

Josefa Linares: Me sumo a la recuperación de Nada y a la lectura de El indulto (ese relato de terror sobre los malos tratos) y otros cuentos en la cuidadísima edición de Contraseña. Además, propongo algunas incursiones en testimonios históricos de primera mano y desde experiencias muy especiales como Una mujer en Berlín (Anónima) o Los diarios de Berlín (Marie Wassiltchikoff). Insisto en El infinito en un junco y, hablando de clásicos, si alguien quiere hincarle un poquito el diente a la Divina Comedia, recomiendo la edición de Alianza en traducción de Abilio Echeverría, la que más me gusta (aunque esto es subjetivo). Es imposible elegir solo unos cuantos, pero se me han ocurrido estos.

 

Carmen Francí: Recomendaría Los europeos de Orlando Figes. Y últimamente me ha dado por Santiago Lorenzo, otro autor con una jerga difícil de traducir: tanto el tono pomposo y majadero de algún personaje de Los millones como «los mochufas» y demás inventos de Los asquerosos, dos libros francamente divertidos.

 

Carme Camps: Los europeos es un libro para degustar. Hay que aparcarlo de vez en cuando para paladearlo. Al menos es lo que yo estoy haciendo. En ensayo también lo pasé pipa con La plaga blanca, de Ada Klein Fortuny, pseudónimo de una doctora literata que cuenta la relación de algunos escritores con la enfermedad que padecían: la tuberculosis. Están Paul Éluard, Salvat Papasseit, Kafka, Katherine Mansfield, Orwell, Chéjov y alguno más. Es muy entretenido.

En novela, he hecho un par de descubrimientos geniales: Zuleijá abre los ojos, de Guzel Yájina y traducción de Jorge Ferrer (que me recomendó Marta Sánchez-Nieves y nunca se lo podré agradecer lo suficiente), y La calle, de Ann Petry (traducción de Íñigo Fernández Fernández-Lomana), escritora afroamericana de la primera mitad del siglo XX que presenta, con una prosa exquisita, la realidad de ser mujer, negra, joven y guapa, sola y con un hijo, en el Harlem de los años 40.

Mario Domínguez Parra: Yo recomendaría las traducciones de Selma Ancira de dos novelas de Nikos Kazantzakis: Zorba el griego y Cristo de nuevo crucificado. Son las primeras traducciones directas del griego.

 

Carmen Cabrera: Como presocia recién llegada, tiendo más a la empedernida lectura que a otra cosa, y además hago así caso de lo que Carmen Francí y Arturo Peral nos aconsejaron en su ponencia del Máster de traducción literaria en la UCM: « leer, leer y leer », uno de los mejores y sabios consejos para traducir bien. Yo confío en poder publicar algo en algún año de nuestra era… Del club de lectura de la librería Benedetti (por cierto, a cuyo librero, y buen escritor, Óscar Sancho, hicisteis una estupenda entrevista para el n.º 54 de VASOS COMUNICANTES), me ha «superencantado» Llévame a casa, de Jesús Carrasco: subrayo su impecable estilo, su precisión en los términos, la bien entretejida trama, los diversos temas que toca, lo bien y rápido que se lee, y el poso que deja: no se puede pedir más, ¡oiga!. De este mismo club, Miquiño Mío, Cartas a Galdós, de Emilia Pardo Bazán: qué «echá palante» la Pardo Bazán y qué moderna para su tiempo. Leyéndolo, me sentía intrusa asistiendo a escenas tan privadas, cual espectadora de esos cuadros tan intimistas de Vermeer.

Ya por cuenta propia, Todo en vano, de W. Kempowski, magistralmente traducido, comme d’habitude, por Carlos Fortea, a quien hice saber lo mucho que me gustó, así como mis impresiones sobre un final de guerra tan poco retratado, con alemanes que huyen y encuentran un remanso de paz en una casa en medio de la nada, en mitad de una invernal y desoladora atmósfera que nos envuelve.

Por las noches, si el día a día no me ha dejado tan exhausta, leo algunas frases de Correspondance (1944-1959), entre Albert Camus y Maria Casarès; me imagino a Camus como letrista de la Jurado o Raphael: «Oh ! Maria (…) personne ne t’aimera jamais comme je t’aime». Ah, para quienes traducen tanto y tan bien, según mis torpes búsquedas aún no está traducido al español.

Y para terminar, ando con Baba yagá puso un huevo, de Dubravka Ugrešić, traducido por Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pistelek, que me está encantado. Desde luego que parece parido por los mismísimos traductores: un ole muy grande para los dos.

 

Jesús Negro: Hace una buena temporada que apenas saco tiempo para leer por puro ocio, pero me gusta la idea de las recomendaciones y me apetece hacer mi aportación con lecturas recientes que me parecieron reseñables o en cuya lectura aún me hallo inmerso.

Realismo raro: Lovecraft y la filosofía, de Graham Harman. Es tanto un libro de filosofía como de análisis literario y de estilo. La verdad es que Harman es de un esmerado con la prosa de no te menees en su idioma original, y los traductores, Antonio Jiménez Morato y Federico Fernández Giordano, no le van a la zaga a la hora de verterlo al castellano; da gusto leer esta tradu. Al inicio del libro hay una nota firmada por ellos con una serie de interesantes observaciones sobre el término weird. Diría que no importa si no se entienden los conceptos filosóficos más especializados (que tampoco son omnipresentes), que se disfruta igual.

Lo raro y lo espeluznante, de Mark Fisher, traducido por la compañera Núria Molines. Aún no leí más que algunas páginas, pero a Fisher hay que leerlo sí o sí, que algún día el siglo será fisheriano, si no lo es ya. Este volumen parece un buen comienzo, muy entretenido, lleno de referencias y cultura «pop».

También voy leyendo «a buchitos» Un home que cava, de Ramón Lluís Bande, una especie de diario lleno de reflexiones sobre el cine, el arte, la sociedad y, en definitiva, la vida. Lleno también de traducciones ocasionales al asturiano, tanto de máximas y pensamientos de otros cineastas como de fragmentos de obras literarias que a Bande le van viniendo a colación.

Asimismo anduve releyendo algunos de los poemas de Umbral, de Ruth Llana, que es un libro inagotable, y algún cuento de Clarice Lispector, en Contos completos, una edición portuguesa; ahora que parece que el cuento está de moda, estaría bien reivindicar a la Lispector cuentista.

Y ahí quedan mis recomendaciones.

Ah, Marta, off the record, si te gustó lo de Cavalli-Sforza, te recomiendo muy mucho que sigas con Not by Genes Alone, de Peter Richerson y Robert Boyd, que lo continúan, dándole más forma y contenido. Si no lees en inglés, hay algunas cosas de Boyd editadas en castellano.

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