DESDE LA CELDA Y EL OLVIDO, BIOGRAFÍA DE MANUEL DE LA ESCALERA, Alfonso Oñate Méndez

Viernes, 24 de julio de 2020.


La biografía del -entre otras cosas- traductor Manuel de la Escalera (1895-1994) está plagada de derrotas y de muchos sinsabores. Su vida es la historia del siglo XX, de la Revolución Mexicana y la Revolución Rusa, de la Guerra Civil y las dos guerras mundiales, de la larga noche del franquismo; de una transición que, como a tantos igual que a él, lo relegó al olvido. A pesar de todo, Manuel de la Escalera nunca albergó una gota de resentimiento, pues estaba destinado a ser un grande, pero las convulsiones políticas y sociales de las que fue testigo y víctima —permaneció preso por más de veinte años— lo impidieron.

Manuel de la Escalera Narezo nació en San Luis Potosí, México. Su padre, Emiliano de la Escalera, hijo del fundador del Banco de España en Santander, había emigrado al país azteca donde se dedicó al negocio minero. En San Luis Potosí se casó con María Guadalupe Narezo Muriel, descendiente de una de las familias más ricas de la región. En el libro Mamá grande y su tiempo, Manuel de la Escalera recrearía aquellos primeros años de su infancia de auténtica opulencia y exuberancia indiana, donde la empresa familiar era dirigida por su abuela materna: Refugio Muriel Soberón.

En 1901 Manuel de la Escalera, junto a toda su familia, se traslada a España, decidido a vivir de las suculentas rentas que les generan las minas de las que son propietarios. Sin embargo, la bajada de la plata en el mercado mundial los llevará a unas cada vez mayores estrecheces económicas. El pequeño Manuel de la Escalera, instalado inicialmente en Santander, se verá obligado a marchar a Valladolid, donde su padre, junto a sus tíos mexicanos, se hará cargo de una fábrica de alcoholes con escaso éxito. Apadrinado por el conde de Aresti, su progenitor acabará instalando una fábrica de alfileres en Getxo, mientras él estudia bachillerato, primero con los jesuitas de Orduña y luego con los escolapios de Bilbao.

Traducción de Escalera para Plaza & Janés, 1961. Fotografía de Ángeles Sancha Libros, Logroño

Ante una suerte que les es aciaga, el clan Escalera-Narezo-Muriel decide volver a México con la intención de recuperar un modo de vida que en España habían perdido. Sin embargo, la Revolución Mexicana ya ha estallado y el país sufre importantes convulsiones que llevan a la sustitución por otras nuevas de las elites tradicionales. De este modo, las intenciones de abrir nuevos negocios, de recuperar su secular posición social en San Luis Potosí por parte de la familia de Escalera, se irán al traste ante el empuje de las fuerzas carrancistas, que pronto ocupan la ciudad. Debido a esta situación, junto a sus padres emigrará a Ciudad de México, donde nuestro protagonista iniciará sus estudios en la Academia de Bellas Artes de San Carlos. Decidido a ser escultor, su paso por la escuela ocurre en un momento trascendental, como es la llegada a la dirección del Dr. Atl, quien abandona las concepciones decimonónicas y academicistas de San Carlos para relevarlas por otras más comprometidas con la realidad de la Revolución Mexicana. Este compromiso es tangible en muchos profesores que casi literalmente imparten clase con el fusil al hombro o en alumnos como Siqueiros —al que Escalera conoce en la Academia de Bellas Artes— que abandonan la escuela para luchar en defensa de la revolución. Todo ello dejará impresa una fuerte huella en nuestro protagonista, tanto en su concepción política como artística. Sin embargo, la muerte de su madre, de la que llega a diseñar su sepulcro, lo empujará a él y a su arruinado padre a marchar a España, a Santander, en 1916, en plena conflagración mundial.

Traducción de Escalera para Plaza & Janés, 1982. Fotografía de la Librería da Vinci, Sant Celoni

Al poco de recalar en la capital montañesa, Escalera marcha a Madrid, donde se convierte en discípulo del escultor Julio Antonio. Sin embargo, a pesar de su admiración por éste, el horizonte madrileño se le queda estrecho y, tras la prematura muerte de su maestro, se traslada a Barcelona, donde trabaja como ilustrador. De vuelta a Santander, entabla relación con algunos jóvenes vanguardistas de la ciudad, como Diego, Cossío o Corona, y expone en el Ateneo de la ciudad sus esculturas y dibujos.

En los años veinte, vive en París por dos etapas. En la primera, se inicia bajo el magisterio del gran escultor Antoine Bourdelle, pero lo abandona pronto y se dedica al trabajo anónimo de los talleres parisinos, casi todos en manos de italianos. Mantiene relación con Gargallo, Victorio Macho o Juan Gris; lee a Spengler y Freud. Aun así, París y el mundo de la vanguardia lo decepcionan, razón por la que vuelve a España durante unos meses. En 1924, Escalera comienza su segunda etapa parisina. Asiste por libre a clases de psicología con el objeto de perfeccionar su habilidad para el retrato escultórico y lee a Marx, lo que le marca definitivamente. Pronto, buscando un arte que llegue a las masas, abandona la escultura y la sustituye por el cine. Asiste a cursos de montaje en los estudios Joinville y queda fascinado por el cinema soviético. Sin embargo, la pobreza extrema en la que vive, la falta de un horizonte, lo llevan a un intento de suicidio. Ante esta situación, su familia lo reclama y en 1927 se instala en Santander, donde despliega hasta el estallido de la Guerra Civil una intensa actividad cultural. De esta manera, Escalera, se convierte al poco de llegar a la ciudad en depositario de la revista literaria Carmen, de su amigo Gerardo Diego, y comienza a trabajar para Cinematografía Montañesa, donde hace prácticamente de todo: desde la recaudación y trabajo de oficina hasta la proyección de películas. Ya en la República, forma parte como vocal del Ateneo de Santander y funda el Cine Club Proletario de la localidad, a través del cual difunde el cine soviético. Esta iniciativa se llevó a cabo en diferentes puntos de la geografía española, pero de largo fue en Santander, gracias a la tenacidad de Escalera, donde mayor recorrido y éxito tuvo. Entre otras películas se proyectaron El expreso azul, El nuevo Gulliver y, por supuesto, El acorazado Potemkin, de la que firmará una antecrítica en el periódico obrerista La Región. Al fracasar el golpe de estado militar, devenido Guerra Civil, en la provincia de Santander, Escalera, miembro de la UGT y simpatizante comunista, se incorpora como oficinista a Transportes de Guerra, convirtiéndose en pagador del Batallón Lenin, 127, formado por miembros del PCE. Pero su actividad más destacada durante la contienda bélica será la realizada junto a su amigo el pintor Rufino Ruiz Ceballos, rodando películas de propaganda, por desgracia hoy perdidas.

Traducción de Escalera para Plaza & Janés, Fotografía de Calle 59 Libros, Madrid

A pesar de que hubiera podido huir, Escalera lucha hasta el final de la caída del frente norte en Asturias. Hecho prisionero por las tropas sublevadas, inicia un penoso periplo carcelario y pasa por diferentes presidios entre 1937 y 1941. Durante su estancia en la cárcel de Tabacalera en Santander, sufre una experiencia que él interpretará como mística y a la que, a medida que vaya pasando el tiempo, otorgará una mayor importancia hasta obsesionarlo durante su larga vejez. También en 1939, en la cárcel de Burgos, conoce a Frank Ryan, preso brigadista irlandés, a través del cual recibirá sus primeras nociones de inglés.

En 1941 se le concede la libertad condicional y se marcha a Zaragoza, donde colabora activamente en la creación de una embrionaria estructura del Partido Comunista. Allí es detenido y recluido en la cárcel durante unos meses, hasta que sale bajo prisión atenuada en el verano de 1942. Consciente de que la policía franquista lo vigila insistentemente, Escalera se va a Madrid, donde al conocer que la fiscalía pide para él la pena de muerte, decide ocultarse. Permanecerá así casi un año, hasta que finalmente es detenido en Barcelona. En los primeros momentos de su detención intenta suicidarse; se le traslada a Madrid, a las dependencias de la DGS, donde es torturado durante tres meses.

A finales de 1944, ya recluido en Alcalá de Henares, se le juzga por dos veces del mismo delito y se le condena a ser fusilado. Es entonces cuando empieza a escribir un diario, que bajo el título de Muerte después de Reyes, se publicará muchos años más tarde y que constituye sin duda una de las grandes obras de la literatura castellana del siglo XX. Vívido relato del condenado a muerte, el manuscrito saldrá clandestinamente de la cárcel y será guardado por su amigo Luis Corona en la caja fuerte de un banco. También, hallándose en el corredor de la muerte, comienza a estudiar inglés literario.

Penal de Burgos en los años cincuenta

Conmutada su sentencia por una de treinta años gracias a la intervención de José María Cossío, al poco tiempo es llevado junto a la mayoría de presos políticos comunistas a la cárcel de Burgos. Es precisamente por ese tiempo cuando se le expulsa del PCE por desavenencias con la dirección y entra en contacto con Josep Janés, benefactor de tantos perseguidos por el franquismo, quien le comienza a encargar algunos trabajos de traducción, actividad que convertirá en su medio de vida. En las prisiones de Burgos y El Dueso traducirá a Katherine Mansfield, Somerset Maugham, William Saroyan o Gavin Maxwell. A su vez, mantendrá en prisión una presencia muy activa tanto política como culturalmente. De este modo, será recluido en diversas ocasiones en celdas de castigo por secundar reivindicaciones y plantes contra el régimen penitenciario; por otro lado junto a, entre otros, su gran amigo, el poeta José Luis Gallego, participará en la tertulia clandestina La Aldaba y colaborará en la revista, también clandestina, Muro, ambas actividades realizadas por presos de Burgos.


Entra en contacto con Josep Janés, benefactor de tantos perseguidos por el franquismo, quien le comienza a encargar algunos trabajos de traducción, actividad que convertirá en su medio de vida. En las prisiones de Burgos y El Dueso traducirá a Katherine Mansfield, Somerset Maugham, William Saroyan o Gavin Maxwell


En 1962 Escalera sale de la cárcel, donde excepto por cortos períodos en libertad provisional, ha permanecido casi veintitrés años. Con escasos recursos económicos, Escalera malvive de la traducción y se instala en el estudio del pintor Manolo Calvo, con el que forja una estrecha y profunda amistad. También por esta época y durante los siguientes años colabora en revistas como Ínsula, Triunfo, Papeles de Son Armadans o Cuadernos Hispanoamericanos; firma el guión de El buen juez y escribe una novela inédita con ecos de sátira y ciencia ficción llamada El caso del planeta asesinado.

A raíz de publicarse en México su libro Muerte después de Reyes bajo el pseudónimo de Manuel Amblard —su tercer apellido—, Escalera se exilia y vuelve, tras breve escala en París, al país que lo vio nacer después de medio siglo. Sin embargo, el recibimiento por parte de su familia materna, salvo contada excepción, es más bien frío y será solo gracias a la intervención de Eulalio Ferrer y el muralista Siqueiros, que Escalera consiga la nacionalidad mexicana, así como trabajos de traducción para importantes editoriales, caso de Siglo XXI, FCE…

Ya de vuelta en España, poco antes del fin de la dictadura, publica por encargo de un paisano suyo, Jesús Aguirre, un librito sobre cine llamado Cuando el cine rompió a hablar, y en 1981 se editan sus Cuentos de nubes, deliciosos relatos escritos durante su estancia en el penal de Burgos.

Manuel de la Escalera vivió desde 1979 en la residencia de Caja Cantabria, en Santander. Interesado cada vez más por la mística, en 1982 consigue una ayuda del Estado para traducir The cloud of unknowing (La nube del no saber), obra cumbre y anónima de la mística medieval y que él mismo publica en una sencilla y artesana edición.

Traducción de Escalera para Plaza & Janés, 1962. Fotografía de la Librería Javier Fernández, Madrid

A comienzos de los noventa, Escalera recibe una indemnización de un millón de pesetas por sus casi veintitrés años de cárcel. Exigua y ridícula compensación por el sufrimiento padecido y el daño causado que tanto tiempo en presidio le provocó. Manuel de la Escalera falleció un 22 de Abril de 1994, casi centenario, rodeado de unos pocos amigos y parientes. Solo unos meses más tarde, a instancias de su incondicional amigo Manuel Calvo, Escalera recibiría un homenaje póstumo en la sede de la SGAE en Madrid. Desde 2015, la editorial Akal ha reeditado algunas de sus obras, como es el caso de Muerte después de Reyes, Mamá grande y su tiempo y Cuentos de nubes.

 

Para saber más

AHGD (Archivo Histórico General de Defensa): Causa 111.453/6.254; Causa 123.907/5.581.

Anónimo, “La nube del no saber” ed. y traducción de Manuel de la Escalera, Indra “Comunicación”, Santander, 1989.

Cornejo, Josefina: Traduciendo desde el exilio (12): Manuel de la Escalera, El Trujamán, agosto 2012

Entrevista a Manuel de la Escalera, Hoja Regional 21/VII/1980.

Entrevista a Manuel de la Escalera, Cinestudio, Nº 107, Año 1972. pp. 4-9.

Oñate, Alfonso “Cuando el cine rompió a hablar. Una lectura autobiográfica”, Materiales por derribo. Revista de cine, Abril 2019, nº 2, pp. 80-92.

Oñate, Alfonso “Manuel de la Escalera. Un grande para muy pocos”, Atlántica XXII, Enero 2018 nº 54. pp. 64-66.

Saiz Viadero, José Ramón: “Una historia del cine en Cantabria”, Concejalía de Cultura Ayuntamiento de Santander, 1999.

Turégano Acosta, Víctor: “Notas al pie de la Escalera”: A Comparative Contextual Analysis of Three Spanish Versions of Gavin Maxwell’s Ring of Bright Water and Their Use of Footnotes, Trabajo de Fin de Máster en “Estudios literarios y culturales ingleses y su proyección social”, UNED, 2019.

 

Alfonso Oñate Méndez (Arcos de la Frontera, Cádiz, 1981) es profesor de Geografía e Historia. En 1997, en su pueblo natal, fue uno de los fundadores de la Asociación Cultural Atril y de la revista Plumabierta, que aún se publica. Licenciado en Historia por la Universidad de Cádiz, allí formó parte activa del grupo anarquista Leviatán. Entre 2008-2011 mantuvo en activo el blog centaurodeldesierto.blogia.es donde escribía desde columnas de opinión hasta reseñas literarias, pasando por críticas de cine. Como historiador ha publicado artículos referentes a la memoria histórica y a la historia de los Estados Unidos en las revistas Ubi Sunt y Trocadero, participando también en los libros colectivos Fermín Salvochea (1842-1907) Historia de un Interanacionalista. Una herramienta para el futuro y Olvido y memoria. Golpe de Estado y dictadura franquista Conil-España. A su vez ha coeditado el libro de memorias del anarquista Manuel Temblador Recuerdos de un libertario andaluz. A lo largo del año 2017 mantuvo una columna de opinión en el periódico isevilla.es. Es autor también del libro de cuentos Objetos perdidos. En la actualidad trabaja en una biografía sobre Manuel de la Escalera.