SONETO XV, WILLIAM SHAKESPEARE

1993-1994- Actualizado el 30 de marzo de 2020.

La sección JUEGOS DE PALABRAS, que cuenta ya con una larga tradición en VASOS COMUNICANTES, se inició en el número 2 de la revista, publicado en 1993-1994, con este de William Shakespeare. 

Equívoca es nuestra actividad, como sinuoso es el material con que trabaja. No existen dos traducciones iguales de un mismo texto. Y si, a veces, la esencia irreductible del intercambio entre lenguajes llega a desalentarnos con las imposibles sutilezas y trampas que continuamente nos pone en el camino, acabamos casi siempre por concluir que ello mismo es lo que torna apasionante este continuo tejer con las palabras y los silencios en que consiste traducir. Les proponemos a continuación un juego, o un ejercicio, como prefieran, que confiamos en que resulte instructivo, además de estimulante: Cinco versiones de un mismo texto, todas ellas estimables —cuando no brillantes: cuestión de opiniones—, a cuyos pies nos hemos abstenido de incluir los nombres de sus traductores, todos de reconocida solvencia. Comparar las traducciones sin tener a la vista a sus autores, elegir quizá la preferida y, tal vez, averiguar a quién pertenece cada una. He aquí el original.   Se trata, nada menos, del Soneto número XV de los de William Shakespeare:

When I consider evert thing that grows
Holds in perfection but a little moment,
That this huge stage presenteth naught but shows
Whereon the stars in secret influence comment;

When I perceive that men as plants increase,
Cheerèd and checked ev’n by the selfsame sky,
Vaunt in their youthful sap, at heigth decrease,
And wear their brave state out of memory;

Then the conceit of this inconstant stay
Sets you most rich in youth before my sight,
Where wasteful Time debateth with Decay,

To change your day of youth to sullied night;
And, all in war with Time for love of you,
As he takes from you, I engraft you new.

Primera versión

Cuando empiezo a pensar que todo lo que crece
su perfección conserva un breve instante apenas,
que este vasto escenario sólo muestra espectáculos
en que se observan los astros sus secretos influjos;

cuando veo que el hombre crece como las plantas,
aplaudido o silbado por idéntico cielo,
se jacta de su savia joven, mengua en la cúspide,
y su aspecto magnífico del recuerdo se borra;

entonces el concepto de esta estancia inconstante
te muestra ante mis ojos más rico en juventud
mientras el tiempo pródigo disputa con la ruina

para trocar tu día joven en hosca noche;
y, en guerra con el tiempo, y por amor a ti,
lo que te quita, yo te lo vuelvo a injertar.

Segunda versión 

Cuando medito cómo todo ser que alienta
para un instante en perfección, que este escenario
tan vasto sólo un espectáculo presenta
del que hacen las estrellas mudo comentario,

cuando observo que hombres como plantas crecen,
de un mismo cielo gozo y leyes recibiendo,
se ufanan en su flor, de lo alto desfallecen,
y arrastran al olvido su gentil atuendo,

la idea entonces de esa inconstante presencia
más rico en juventud te muestra a mi mirada,
donde luchan ruinoso Tiempo y Decadencia

para trocar tu fresco día en noche ajada;
y, con el Tiempo en guerra por tu amor, yo debo,
según te va él quitando, en ti injertar de nuevo.

Tercera versión

Cuando pienso que todo lo que crece
guarda su perfección sólo un instante;
que es esta escena una función constante
donde secreto influjo el astro ofrece;

cuando el hombre una planta me parece,
de un mismo cielo herida o rozagante,
altiva en joven savia, y declinante luego de un esplendor que descaece;

la idea de esta breve permanencia
más rico en juventud te me figura
mientras combaten tiempo y decadencia

por transformar tu aurora en noche oscura.
Al Tiempo, por tu amor, a guerra muevo
y lo que él te arrebata, yo renuevo.

Cuarta versión

Cuando pienso que todo lo que vive y madura
solamente es perfecto en un breve momento,
que ese inmenso teatro ve influidas sus obras
por estrellas que ejercen su secreta influencia;

cuando veo a los hombres engendrar como plantas
bajo un cielo que aplaude o que silba sus actos,
jactanciosos de fuerza, declinando en seguida
y olvidando por fin todo antiguo esplendor,

tal estado mudable me devuelve a la idea
de cuál es el tesoro juvenil que hay en ti,
viendo el tiempo cruel que procura la ruina

y convierte tu luz en la más negra noche.
Por tu amor yo guerreo con el tiempo, y los dones
que él te quita, en mis versos yo te injerto otra vez.

Quinta versión

Cuando considero que todo lo que crece no conserva su
perfección sino un corto instante; que este inmenso escenario del
mundo sólo muestra espectáculos sobre los cuales las estrellas
ejercen en secreto su influjo;

Cuando advierto que los hombres se multiplican como las
plantas aplaudidos y rechazados por el mismo Cielo;
que se envanecen de su potencia juvenil, decrecen al llegar a la cúspide
y desaparecen en la memoria con su esplendor;

Entonces la idea de esta permanencia inconstante
hace resplandecer todavía más a mis ojos la riqueza de vuestra
mocedad, viendo al Tiempo devastador aliarse con la Decadencia

para trocar el alba de vuestra juventud en noche sombría;
Y, en guerra, abierta con el Tiempo por amor a vos, a medida
que él os arrebata algo, yo os torno a renovar.

 

La Solución

Mostramos a continuación los nombres de los traductores de los cinco sonetos de William Shakespeare así como los libros en que han sido publicados.

 

Primera: Gustavo Falaquera. Sonetos. William Shakespeare. Hiperión, 1993.

Segunda: Agustín García-Calvo. Sonetos de amor. W. Shakespeare. Anagrama, 1974.

Tercera: José Méndez Herrera. Selecciones de poesía universal. Plaza & Janés, 1976.

Cuarta: Carlos Pujol. Sonetos. W. Shakespeare. La Veleta, Granada, 1990.

Quinta: Luis Astrana Marín. Obras Completas. W. Shakespeare. Aguilar, 1973.