María E. Roces González y Ramón Sánchez Lizarralde: La bella de la tierra y otros cuentos albaneses de la viva voz del pueblo, anónimos

Viernes, 11 de febrero de 2022.

María E. Roces González y Ramón Sánchez Lizarralde han traducido del albanés la colección La Bella de la Tierra y otros cuentos albaneses de la viva voz del pueblo (anónimos) para la editorial Libros de las Malas Compañías,  primera edición octubre de 2021; publicación efectiva en enero de 2022.

Sinopsis

Los 106 cuentos de esta antología son rigurosamente inéditos en castellano —salvo los diez que Ramon Sánchez Lizarralde publicara en 2004 en la editorial vasca Alberdania bajo el título El agradecimiento del muerto—; están tomados de publicaciones albanesas dignas de todo crédito y se rigen, en su selección, por las distintas colecciones autóctonas de divulgación de la prosa popular albanesa.

La relación entre cuento maravilloso y mito, entre cuento y épica legendaria albanesa, es absolutamente perceptible en esta antología, habitada por seres de factura mítica tanto universal como nacional, que viven sobre la tierra pero, con la misma desenvoltura, también en mundos subterráneos y cósmicos. Son a veces criaturas gigantescas, ciclópeas y aterradoras o hidras de entre siete y doce cabezas, en otros casos diligentes seres diminutos, en ocasiones criaturas invisibles o con capacidad de metamorfosearse o metamorfosear a los personajes o al héroe. Pueden ser criaturas destructivas, pero también constructivas como los auxiliares del o de la protagonista. La presencia y funciones de la miríada de seres míticos que pueblan los cuentos albaneses: La Bella de la Tierra, la kuçedra, las zana, las ora, las y los perri, la lubia, la llamja, el dragua, el divi, el katallani, el arapi, la vitorja, la sirena, los diablos, los genios, las brujas, el siete palmos de barba y tres de talla … dan testimonio de la opulencia mítica albanesa, pero también de la persistencia de un milenario sustrato animista, totémico y pagano, si bien los seres míticos, al integrarse en el cuento, quedan sometidos a las reglas del género y pierden, por ello, la independencia mitológica de que gozaban y, hasta en ocasiones, su primitivo significado.

Son también estos cuentos un testimonio vivo de la huella de antiguos usos y costumbres específicamente albaneses, de modo que, al comparar los cuentos en gegë de las montañas del norte con los cuentos en toskë del sur, aparece la diferencia entre el mundo más primitivo, mítico y épico de aquellos y el más cercano de los segundos: un mundo de artesanos, jornaleros, pastores, mercaderes, viajeros… Mas, pese a esas diferencias, los cuentos albaneses conservan, siquiera en segundo plano, una hechura común que también los distingue por su forma, figuras, motivos y contenido de otros cuentos balcánicos y/o mediterráneos.

La Bella de la Tierra va acompañada de una introducción que relata lo tardía que fue (respecto de las colecciones de los pueblos vecinos) la recopilación de estos cuentos y sus vicisitudes; del correspondiente glosario que desentraña los significados mitológicos o mágicos de los personajes, e igualmente de las fuentes de procedencia de cada cuento, incluyendo, en ocasiones, el nombre, apellido, aldea o ciudad natal de la narradora o narrador.

La idea de publicar una vasta antología del cuento popular albanés parte de una «necesidad» de Ramón Sánchez Lizarralde (fallecido en julio de 2011), inmediatamente compartida con la escritora, cuentista y ahora editora Ana Cristina Herreros, que pronto se haría extensiva a otro de los yacimientos deslumbrantes de la cultura oral albanesa: la épica legendaria (los cantos de paladines y las baladas). En 2018, con el propósito de documentarse e intentar materializar ambas «necesidades», María Roces se pasó tres meses investigando y hurgando en las bibliotecas Nacional y especializadas de Albania en pos de los llamados Visaret e kombit (Los tesoros de la nación).

 

Comentario sobre la traducción

Los ciento seis cuentos, recogidos directamente de boca de los informantes, están narrados en las múltiples variantes dialectales y hablas específicas de aldeas y comarcas, pues como señala Donat Kurti en su introducción a Prralla Kombëtare (Cuentos nacionales, Shkodra,1940): «Cada comarca tiene sus propios cuentos con su propia fraseología y sus propias costumbres». De modo que a las variantes del gegë del norte y Kosova y a las del toskë de la Albania del sur, se vienen a sumar el arvanitikí de los arberësh asentados en Grecia (siglos XII-XV) y las hablas de los arberësh aposentados en Italia (siglos XV y XVI) tras huir, a la muerte de Scanderbeg, de la ocupación otomana. Y, como no podía ser de otro modo, fruto de la prolongada convivencia y consiguiente influencia de los pueblos vecinos sobre los enclaves albaneses de las penínsulas de los Balcanes e Itálica, las variantes del gegë y toskë están repletas de arcaísmos: turquismos, grecismos, eslavismos, italianismos… que resulta absolutamente infructuoso tratar de hallar en el diccionario albanés de 1980 de la Academia de Ciencias y sus derivados.

De modo que, si bien ello ha hecho más endiablada, compleja y ardua la labor de búsqueda e investigación, no es menos cierto que el trabajo de pionero a la fuerza de Lizarralde (Miraguano, 1994, Cuentos populares albaneses y Alberdania, 2004) contribuyó a facilitar la asunción del reto, al tiempo que allanaron, en apreciable medida, la tarea las «transcripciones» que de los cuentos existen hoy en el albanés estándar, el mismo que no se impuso oficialmente hasta el Congreso de Ortografía de 1972, si bien se utiliza desde que el Ministerio de Información y Propaganda se inclinara por el toskë en 1946.

Como establecer en castellano las hablas y dialectos de los informantes era propósito de todo punto imposible, el criterio seguido ha sido, pues, pasar al castellano el texto con la máxima fidelidad posible, tratando de respetar el registro estilístico en que los cuentos fueron narrados y evitando, con ello, cualquier apariencia de tono literario del que carecen. Fue así como María Roces llegó a la misma conclusión que Lizarralde, la de que «debía inmiscuirse lo menos posible en las intenciones, sensibilidad, mentalidad y recursos narrativos de quienes, con tanto esfuerzo y al cabo de tanto tiempo, habían relatado los cuentos de viva voz».

 

Enlace a las primeras páginas (PDF con los primeros seis cuentos y el glosario de La Bella de la Tierra).

 

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