Klagenfurt-Viena, un viaje de la mano de Ingeborg Bachmann: sobre la traducción al euskera de Tres senderos hacia el lago, I, Idoia Santamaría Urkaregi

Viernes, 28 de mayo de 2021.

Idoia Santamaría Urkaregi  obtuvo el Premio Euskadi 2020 de Traducción literaria por Aldibereko de Ingeborg Bachmann (Igela-Erein, 2019).  En este artículo, que publicaremos en cuatro entregas, reflexiona sobre su trabajo. Este texto está basado en el artículo titulado «Klagenfurtetik Vienara, Ingeborg Bachmann gidari: Aldiberekoren itzulpena», publicado originariamente en euskera en 2020 en la revista Senez, editada por EIZIE, la Asociación de Traductores, Correctores e Intérpretes de Lengua Vasca.

I

Comencé a traducir la colección de relatos Tres senderos hacia el lago[1], de Ingeborg Bachmann, en julio de 2018, una vez que el jurado de la colección Literatura Unibertsala —impulsada por el departamento de Cultura del Gobierno Vasco y EIZIE, la Asociación de Traductores, Correctores e Intérpretes de Lengua Vasca, que elige las obras que se traducirán anualmente al euskera en esa colección— decidiera adjudicarme la traducción de esa obra.

En toda traducción hay una fase previa de documentación que, al menos en mi caso, resulta siempre muy agradable, a menudo más que la traducción propiamente dicha; en esa fase no hay problemas aún, no hay frases imposibles que se resisten en tu lengua ni adjetivos que se te revuelven o que no encuentras, no hay problemas de registro con los que no acabas de acertar, los enunciados no son aún ni demasiado largos ni demasiado cortos, los personajes carecen de voz, por lo que no hay que buscársela todavía, el ritmo no se interrumpe en cada frase, el tono funciona porque aún no existe, los pronombres personales masculinos y femeninos no te plantan cara al trasladarlos al euskera, una lengua sin género gramatical…, pero dejemos los problemas para más tarde, que para eso estamos en la fase de documentación. En esa fase soy aún más caótica que de costumbre. Una vez que me encargan una traducción, empieza una fase omnívora en la que engullo de todo: otras obras del mismo autor, literatura sobre la obra que tengo que traducir y versiones en otras lenguas, biografía(s) del autor o autora, obras de otros autores contemporáneos con los que estuvo en contacto o le influyeron, traducciones al euskera de ese mismo autor (si las hay, que aquí ocurre pocas veces), traducciones al euskera de obras de la misma época, que puedan servirme de referencia, traducciones al euskera de casi cualquier cosa, que me ayuden a empaparme, a seguir llenando el disco duro o la chistera con recursos lingüísticos y literarios que me sirvan luego para salir del paso. Prolongo tanto como puedo esta fase, y es que, siendo tan agradable volver a sentirse estudiante, demoro el momento en que debo dejar de serlo hasta que ya no queda escapatoria, hasta que ya no queda otra que abrir el libro en la página 1, sujetarlo con un clip para que se mantenga abierto en el atril, apretar los dientes y enfrentarse a la primera frase, quizás la más difícil. O no.

Así es como empecé la traducción de Tres senderos hacia el lago. Del caos de lecturas inicial, quedaron sobre mi mesa La marcha Radetzky (1981) y La cripta de los capuchinos (2002) de Joseph Roth, que me ayudaron a situar las referencias al imperio austro-húngaro del libro de Bachmann, así como a entender mejor al personaje llamado Trotta, importante por su peso en el último relato del libro. En cuanto a las lecturas en euskera, durante todo el proceso de traducción me acompañaron Egunero hasten delako (1979) de Ramón Saizarbitoria, cuyo personaje principal, Gisèle, me ayudó a ponerle voz en euskera a Nadja, la mujer protagonista del primer relato del libro de Bachmann, Sekulorun sekulotan (1975), de Patri Urkizu, que con su monólogo arrebatado me sirvió como referencia para encontrar el ritmo y el tono adecuado del primer relato, así como la traducción al euskera del Ulises (2015) de Joyce, obra magna de Xabier Olarra, uno de los más reputados traductores de euskera, además de fundador y editor de la editorial Igela, dedicada desde la década de 1980 a la publicación de traducciones al euskera de obras de la literatura universal. El capítulo del monólogo de Molly Bloom fue no solo fuente de inspiración para la traducción al euskera del primer relato del libro de Bachmann, sino una referencia importante para resolver algunos problemas relacionados con la traducción al euskera, que intentaré ir desgranando en estas líneas.

Pero, antes, una pocas notas sobre la autora y sobre el libro que nos ocupa.

Para situarnos

Extraigo —y traduzco— un fragmento de la obra Die Wahrheit it ist dem Menschen zumutbar (1981: 101-102), que recoge algunos ensayos breves, conferencias y escritos de Ingeborg Bachmann, en la que ella misma da algunos detalles biográficos[2]:

Mi infancia y adolescencia trascurrieron en Carintia, al sur [de Austria], en la frontera, en un valle que tiene dos nombres, uno en alemán y otro en esloveno. La casa en la que mis antepasados —austríacos y eslovenos—[3] han vivido generación tras generación conserva un nombre de reminiscencias extranjeras. Está tan cerca la frontera…, siempre la frontera, la frontera de la lengua… En casa oía a menudo historias sobre espíritus benignos y malignos de un segundo y hasta de un tercer país, pues al otro lado de las montañas, a menos de una hora, estaba Italia.

Creo que aquel estrecho valle y la conciencia de la frontera han alimentado siempre en mí la añoranza por lugares lejanos. Cuando terminó la guerra, me fui a Viena, llena de inquietud y esperanza, ya que para mí la capital había sido un destino totalmente inalcanzable hasta entonces. Y aquella fue también una patria fronteriza: una ciudad situada entre el este y el oeste, entre un pasado esplendoroso y un futuro sombrío. Y aunque luego viví también en París, Londres, Alemania e Italia, todos esos traslados no dejaron en mí una huella tan clara porque en mi recuerdo jamás ha habido un viaje más largo que el que emprendí desde el valle en que nací hasta Viena.

A veces me preguntan cómo fue que yo, alguien que creció en un entorno rural, elegí la literatura. La verdad es que no lo sé. Solo sé una cosa, y es que empecé a escribir a la edad en la que suelen leerse los cuentos de los hermanos Grimm y que, tumbada en los taludes junto a la vía del tren, enviaba mis pensamientos siempre lejos, a ciudades y países desconocidos y al mar que yo no conocía aún y que cerraba el circulo de la Tierra allá, muy lejos en el horizonte. Mis sueños estaban siempre repletos de mar, arena y barcos, pero entonces llegó la guerra, y aquel mundo de fantasía lleno de sueños fue sustituido por el mundo real en el que no había ningún sueño, solo decisiones que había que tomar.

Muchas de las cosas que llegaron luego ni siquiera me atreví a desearlas: los estudios universitarios, los viajes, la posibilidad de trabajar en diarios y revistas y hasta un trabajo estable en la radio. Todas ellas estaciones habituales en la vida de cualquiera, estaciones similares a otras muchas […].

Ahí está también la pregunta sobre mis influencias y modelos literarios, sobre el ambiente literario con el que uno más se identifica. Durante muchos años fui una lectora voraz: entre los nuevos poetas, los que más me gustan son Gide, Valéry, Éluard y Yeats, así que parece lógico pensar que algo debí de aprender de ellos. De todos modos, en mí sigue prevaleciendo aquel mundo lleno de mitos del lugar en que nací; sí, aquel lugar que es para mí una especie de Austria menos consciente de sí misma, constituida por muchas lenguas y atravesada por muchas fronteras.

Entre nosotros, Bachmann (1926-1973) es conocida sobre todo como poeta. Con solo 27 años ganó el premio principal de poesía del conocido Grupo 47[4] y aquel mismo año, en 1953, publicó su primer libro de poemas.[5] Tres años más tarde, en 1956, publicó su segundo —y último— poemario.[6] Si bien más tarde escribió también algunos poemas, no se publicaron hasta el año 2000, muchos años después de su muerte.[7] La crítica especializada la reconoce como una de las mejores voces de la poesía en alemán posterior a la Segunda Guerra Mundial, junto con Paul Celan. Traemos aquí unas palabras de Bachmann que recogen su opinión sobre la escritura de poemas (Bachmann, 1981: 102):

Escribir poemas es para mí lo más difícil porque en un poema deben engarzarse perfectamente la forma, el contenido y las palabras; los poemas deben seguir el ritmo del tiempo y, al mismo tiempo, deben ordenar todas las tribulaciones, antiguas y nuevas, de nuestro corazón, en el que se unen el pasado, el presente y el futuro.

En todo caso, desde 1957 hasta su muerte en 1973, dejó a un lado la poesía y publicó fundamentalmente trabajos en prosa. A lo largo de su vida le preguntaron a menudo por qué dejó de escribir poesía. Recogemos aquí la respuesta dada a un periodista en 1963 (Koschel y Von Widenbaum, 1983: 40):

Dejé de escribir poesía porque a partir de un momento determinado me pareció que era «capaz» de escribir poemas, aunque no sintiera el impulso de escribirlos. Y no volveré a escribir un poema hasta estar segura de que responde a algo verdadero. Escribir sin asumir un riego es firmar un seguro con una literatura que carece de valor.

El paso de la poesía a la prosa no fue un salto cualquiera. Muchos de los críticos que durante las décadas de 1950 y 1960 alabaron sin reservas la poesía de Bachmann no vieron con buenos ojos dicho salto; lo consideraron desacertado teniendo en cuenta el talento literario sin igual que le habían reconocido hasta entonces como poeta. En los trabajos en prosa de Bachmann ya no había muestras del hermetismo y de la elegante seriedad de sus poemas, que tanto habían alabado aquellos críticos, y, en lugar de ello, Bachmann se dedicaba ahora a escribir «Frauengeschichten», relatos de mujeres que, según los críticos, además de ser frívolos, carecían de fuerza narrativa y de significado. Por ejemplo, una de las historias recogidas en Tres senderos hacia el lago la protagoniza una mujer, Beatrix, que se desespera cuando, al salir del salón de belleza, la lluvia le estropea el peinado y el maquillaje; otra mujer, Miranda, la protagonista del tercer relato, se niega a ponerse gafas porque prefiere no ver la realidad, a pesar de que apenas ve; o Francisca, una de las dos mujeres protagonistas del cuarto relato, que visita cada vez más frecuentemente a su suegra y pasa cada vez más tiempo con ella… Parece que los críticos no esperaban temas así de una mujer que, tras escribir una tesis doctoral sobre Heidegger y pronunciar una serie de renombradas conferencias sobre la literatura europea moderna en la Universidad de Frankfurt, ganó con apenas 27 años los premios literarios más prestigiosos de Austria y Alemania con sus poemas.

Tampoco les gustó el lenguaje narrativo de Bachmann. Sus poemas, lacónicos y amargos, fueron sustituidos, según sus críticos, por una prosa subjetiva profusa en digresiones y dominada por un lenguaje aparentemente cotidiano y anodino. Y es que Bachmann fue audaz en su salto de la poesía a la prosa: no solo porque escribió sobre mujeres, sino porque eligió a mujeres con una voz inestable cuya relación con el mundo no era fácil.

Tras publicar su primer trabajo en prosa en 1961, a partir de 1964 se embarcó en su proyecto más ambicioso: un ciclo cuyo título general en alemán es Todesarten [Formas de morir], pero del que solo consiguió terminar una novela, Malina, publicada en 1971. Al año siguiente, unos meses antes de morir, vio la luz la colección de relatos que nos ocupa aquí: Tres senderos hacia el lago (Simultan en el original, como hemos señalado antes). Son cinco los relatos recogidos en el libro; en su traducción castellana[8], «Simultáneo», «Problemas, problemas», «Esos ojos felices», «El ladrido» y «Tres senderos hacia el lago».[9] Si bien el libro se publicó en 1972, la mayoría de los relatos fueron escritos antes, a partir de 1968, y algunos de ellos (por ejemplo, «Simultáneo» y «Esos ojos felices») fue bien en la radio, bien en lecturas públicas donde Bachmann los dio a conocer por primera vez. En cuanto a la longitud de los relatos, el último, «Tres senderos hacia el lago», es el más largo y ocupa prácticamente la mitad del libro.

Bachmann, según sus propias palabras, escribió estos relatos como empeño secundario mientras intentaba avanzar con grandes dificultades en el proyecto Todesarten (Koschel y Von Widenbaum, 1983: 103):

Junto con la novela, escribí también algunos relatos para huir un poco de ella porque me resultaba muy fatigosa […]. Por decirlo de alguna manera, recogí en esos relatos las cosas que se me ocurrieron mientras escribía la novela pero que no tenían cabida en ella.

Pretendía escribir unos relatos más bien «cómicos», cuyo título general inicial debía ser Wienerinnen (Vienesas), y es que son cinco mujeres las protagonistas de los relatos. Sin embargo, finalmente se decantó por Simultan, título del primer relato de la colección. La protagonista de dicho relato es una intérprete simultánea, por lo que a primera vista podría pensarse que el título hace referencia directa a la profesión de la protagonista, lo cual es cierto, aunque solo en parte. De hecho, en el resto de los relatos también es importante esa simultaneidad, ya que los dos temas principales de las cinco historias del libro son el caos de sentimientos y pensamientos que ocurren de forma simultánea en las personas y la imposibilidad de comunicación que dicho caos genera. Bachmann lo explicó así (1995):

El título Simultan pretende mostrar que la traducción, en realidad, es imposible porque una persona no puede traducir realmente lo que piensa y siente otra. Quise mostrar cómo se ve eso desde mi mundo y cuáles son las maneras de actuar de dicho mundo. Son mujeres de hoy y merecen que se les haga justicia, todas ellas, hasta la más endeble. Evidentemente, no es un retrato de mujeres que yo haya conocido, sino que se mezclan en ellas los aspectos característicos de muchas mujeres […]. Las mujeres del libro toman de mí la estupidez, el espíritu, el encanto y, sobre todo, una especie de decepción incrédula ante el futuro supuestamente esperanzador del mundo.

Estos relatos son para Bachmann como bocetos trazados en el margen de una página. Junto con el retrato de estas mujeres, se muestran también las costumbres y comportamientos de una determinada época.

Se trata de relatos independientes que, sin embargo, conforman una estructura cíclica. El primero y el último de los relatos constituyen la médula espinal del libro: las mujeres de ambas historias son profesionales que se ganan bien la vida —una de ellas es intérprete simultánea y la otra periodista y fotógrafa— y su perfil contrasta claramente con las protagonistas femeninas de los otros tres relatos, que parecen atrapadas en el narcisismo, en el miedo o en la negación de la realidad. En el último relato, además, se cruzan, aunque sea tangencialmente, personajes que han aparecido ya en los relatos anteriores, lo que contribuye a cerrar la mencionada estructura cíclica del libro.

En la siguiente entrega, hablaré del proceso de traducción al euskera del libro. Trataré  de dar cuenta de las dificultades principales con las que me encontré en cada relato y la solución que elegí en cada caso. Con todo, el mayor reto, más allá de las dificultades formales, fue dar con la voz y el tono adecuados para cada una de las mujeres del libro. Cinco mujeres, cinco voces, cinco contextos salidos de la escritura y de la mirada atenta de Bachmann. Es esta, por tanto, la crónica de un viaje en busca del tono adecuado para cada una de ellas.

 

[1]. El título original alemán es Simultan y el título de la traducción al euskera, Aldibereko. La traducción al español elige como título general de la colección de relatos el título del último relato del libro. La traducción al euskera sigue al original.

[2]. Todas las citas textuales de obras escritas en alemán o euskera que se mencionan en este artículo (con excepción de las referidas a la colección de relatos que nos ocupa, en sus distintas versiones) han sido traducidas al español por mí.

[3]. El original alemán dice «windische», nombre con el que se designa a la minoría austríaca de lengua eslovena.

[4]. En alemán, Gruppe 47: grupo constituido tras la Segunda Guerra Mundial, que reunió a diversos escritores y críticos austríacos y alemanes y que promovió una profunda reflexión sobre el futuro de la literatura en lengua alemana.

[5]. Título original: Die gestundete Zeit.

[6].Título original: Anrufung des Grossen Bären.

[7]. Título original: Ich weiss keine bessere Welt.

[8]. Según las traducciones de Juan José del Solar (Alfaguara, 1987) e Isabel García Adánez (Siruela, 2001).

[9]. Los títulos correspondientes en euskera son los siguientes: «Aldibereko», «Arazoak, arazoak», «Begi zorionekook», «Zaunka» y «Aintzirarako hiru bide».

 

Idoia Santamaría Urkaregi es Licenciada en Filología Vasca y trabaja como traductora y correctora desde la década de 1980. Entre sus traducciones literarias se encuentran Aingeruak nekez ausartzen diren tokian de Edward Morgan Forster (Ibaizabal, 1992), Epailea eta haren borreroa de Friedrich Dürrenmatt (Igela- Erein, 2018) y Aldibereko de Ingeborg Bachmann (Igela-Erein, 2019), galardonada con el Premio Euskadi 2020 de Traducción Literaria.

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