Viernes, 27 de marzo de 2026.
La sección JUEGOS DE PALABRAS, que cuenta ya con una larga tradición en VASOS COMUNICANTES, se inició en el número 2 de la revista, publicado en 1993-1994. El objetivo es que el lector juzgue las distintas versiones sin saber quiénes son los autores, ya que «la solución» al juego se da al final del artículo.

Dedicatoria procedente de Iberlibro
En Para escribir una novela, Silvia Adela Kohan (Alba, 2012, p. 76) afirma que hay varios modos de abrir una novela, pero que para que tengan éxito estos modos han de presentar una situación, los personajes, el lugar de los hechos, el contexto de la historia y las pistas convenientes.
En efecto, las novelas memorables tienen a menudo el germen del relato encerrado en sus primeras líneas. Basta echar mano del recuerdo (siempre impreciso, de límites a veces borrosos) para pensar en el mejor de los tiempos, el peor de los tiempos, o en que un hombre soltero en posesión de una buena fortuna ha de desear una Lolita, luz de mi vida, o en que hoy mamá ha muerto, y es que todas las familias felices se parecen, o en llamadme Ismael siempre que no me despierte convertido en un espantoso insecto, o en que en un lugar de la Mancha, o quizá fue en Castilla, las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así…
A continuación, vamos a ver uno de los comienzos de novela más icónicos de la literatura en lengua española, el de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, y varias de sus traducciones a otras lenguas. En manos de los lectores de VASOS COMUNICANTES queda determinar si los traductores han sido capaces de captar en sus versiones la esencia de la novela a la que sirven de umbral.
TEXTO ORIGINAL
Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos.
PRIMERA TRADUCCIÓN
Hosszú évekkel késöbb, a kivégzöosztag elöt, Aureliano Buendía ezredesnek eszébe jutott az a régi délután, mikor az apja elvitte jégnézöbe. Macondo akkor húsz vályog- és bambuszházból álló falu volt egy folyó partján, melynek áttetszö vize öskori tojás nagyságú, sima, fehér köveken hömpölygött.
SEGUNDA TRADUCCIÓN
Many years later, as he faced the firing squad, Colonel Aureliano Buendía was to remember that distant afternoon when his father took him to discover ice. At that time Macondo was a village of twenty adobe houses, built on the bank of a river of clear water that ran along a bed of polished stones, which were white and enormous, like prehistoric eggs.
TERCERA TRADUCCIÓN
Bien des années plus tard, face au peloton d’exécution, le colonel Aureliano Buendia devait se rappeler ce lointain après-midi au cours duquel son père l’emmena faire connaissance avec la glace. Macondo était alors un village d’une vingtaine de maisons en glaise et en roseaux, construites au bord d’une rivière dont les eaux diaphanes roulaient sur un lit de pierres polies, blanches, énormes comme des œufs préhistoriques.
CUARTA TRADUCCIÓN
Muitos anos depois, diante do pelotão de fuzilamento, o Coronel Aureliano Buendía havia de recordar aquela tarde remota em que seu pai o levou para conhecer o gelo. Macondo era então uma aldeia de vinte casas de barro e taquara, construídas à margem de um rio de águas diáfanas que se precipitavam por um leito de pedras polidas, brancas e enormes como ovos pré-históricos.
QUINTA TRADUCCIÓN
Viele Jahre später sollte der Oberst Aureliano Buendía sich vor dem Erschießungskommando an jenen fernen Nachmittag erinnern, an dem sein Vater ihn mitnahm, um das Eis kennenzulernen. Macondo war damals ein Dorf von zwanzig Häusern aus Lehm und Bambus am Ufer eines Flusses mit kristallklarem Wasser, das dahineilte durch ein Bett aus geschliffenen Steinen, weiß und riesig wie prähistorische Eier.
SEXTA TRADUCCIÓN
Molti anni dopo, di fronte al plotone di esecuzione, il colonnello Aureliano Buendía si sarebbe ricordato di quel remoto pomeriggio in cui suo padre lo aveva condotto a conoscere il ghiaccio. Macondo era allora un villaggio di venti case di argilla e di canna selvatica costruito sulla riva di un fiume dalle acque diafane che rovinavano per un letto di pietre levigate, bianche ed enormi come uova preistoriche.
SÉPTIMA TRADUCCIÓN
Albay Aureliano Buendia, yıllar sonra ilam mangasının karşısına dikildiğinde, babasının onu buzu keşfetmeye götürdüğü o çok uzaklarda kalmış ikindi vaktini anımsayacaktı. O zamanlar Macondo, tarihöncesi kuşların yumurtaları kadar ak ve kocaman, parlak çakıllarla örtülü yatağı boyunca dupduru akan bir ırmağın kıyısında kurulmuş, yirmi hanelik bir kerpiç köydü.
OCTAVA TRADUCCIÓN
Mnogo godina kasnije, pred strojem za streljanje, pukovnik Aurelijano Buendija setiće se onog davnog popodneva kada ga je otac poveo da prvi put vidi led. Makondo je onda bilo selo sa dvadeset kuća od blata i trske, sagrađeno na obali reke, čije su se bistre vode valjale koritom punim uglačanih oblutaka, belih i velikih kao neka preistorijska jaja.
SOLUCIÓN AL JUEGO DE PALABRAS:
Primera traducción: versión húngara de Székács Vera (Száz év magány. Magvetö, Budapest, 1971).
Segunda traducción: versión inglesa de Gregory Rabassa (One Hundred Years of Solitude. Harper & Row Publishers, 1970).
Tercera traducción: versión francesa de Claude y Carmen Durand (Cent ans de solitude. Éd. du Seuil, París, 1980).
Cuarta traducción: versión portuguesa de Eliane Zagury (Cem anos de solidão. Editora Record, São Paulo, sin fecha de publicación).
Quinta traducción: versión alemana de Curt Meyer-Clason (Hundert Jahre Einsamkeit. Deutscher Taschenbuch Verlag, Múnich, 1982).
Sexta traducción: versión italiana de Enrico Cicogna (Cent’anni di solitudine. Mondadori, Milán, 2007).
Séptima traducción: versión turca de Seçkin Selvi (Yüzyıllık Yalnızlık. edición online).
Octava traducción: versión serbia de Jasna Mimica-Popović (Sto Godina Samoće. Beogradski izdavačko‑grafički zavod, Belgrado, 1976).
Selección y comentario de Arturo Peral Santamaría.


