De la intuición a la evidencia: cómo detectar, demostrar y prevenir el plagio en traducción literaria, Sheila Queralt

Viernes, 23 de enero de 2026.

 

Manifestación en Rumanía contra el presidente Basescu, acusado de plagio (Wikimedia Commons)

Manifestación en Rumanía contra el presidente Basescu, acusado de plagio (Wikimedia Commons)

Cuando tu traducción suena demasiado familiar

En el mundo editorial, hay pocas sensaciones más desconcertantes que abrir una nueva edición de un libro que ya tradujiste… y reconocer tus propias palabras. Esa cadencia, esa elección léxica, ese juego de palabras que tanto te costó resolver. ¿Coincidencia? ¿O alguien ha partido de tu trabajo sin decirlo?
El plagio en traducción literaria es una realidad poco visible, pero cada vez más reconocida. Y, aunque las fronteras entre inspiración, intertextualidad y copia pueden parecer borrosas, existen métodos objetivos para detectarlo y herramientas para prevenirlo.

¿Qué es (y qué no es) plagio en una traducción?

A diferencia del texto original, la traducción es una obra derivada y, por tanto, goza de protección en la medida en que contenga una aportación creativa propia. No se protegen la obra fuente ni el contenido traducido, sino la forma en que el traductor lo reescribe en la lengua de llegada.

En la práctica, esto significa que dos traducciones del mismo texto pueden parecerse en partes inevitables, sobre todo si el original es breve o tiene un estilo muy marcado, pero solo hay plagio si una copia reproduce las decisiones creativas de otra: su selección de palabras, su sintaxis, su ritmo, sus recursos retóricos. Dicho de otro modo: no se plagia el «qué», sino el «cómo».

Por ejemplo, si dos traductores traducen «He had a heart of stone» como «Tenía un corazón de piedra», no hay plagio; es una equivalencia convencional. Pero si uno acuña «Llevaba el corazón petrificado por dentro» y otro repite casi la misma frase en una versión posterior, ahí sí puede haber indicio de copia.

El papel del lingüista forense

La lingüística forense es la rama aplicada de la lingüística que analiza cómo el lenguaje puede constituir una prueba o evidencia en contextos legales y profesionales. Sus especialistas intervienen, por ejemplo, en casos de plagio, amenazas, contratos ambiguos, falsificación de autoría o traducciones litigiosas, aplicando métodos de análisis textual, estilométrico y discursivo.

En el ámbito de la traducción, esta disciplina permite pasar de la intuición a la evidencia, ya que convierte las semejanzas o diferencias lingüísticas entre textos en datos medibles y argumentables. El objetivo en estos casos no es juzgar la calidad de una traducción, sino determinar con criterios científicos hasta qué punto dos textos pueden considerarse independientes o derivados uno del otro.

Los lingüistas forenses trabajamos con tres preguntas clave en este tipo de casos:

  1. ¿Hasta qué punto coinciden los textos?
    No solo en las palabras, sino también en las estructuras sintácticas, metáforas, puntuación, orden informativo o uso de conectores.
  2. ¿Podrían esas coincidencias deberse al azar o a la influencia del texto original?
    En algunos casos, si existen y resulta relevante para el análisis, puede compararse la traducción en litigio con otras traducciones del mismo texto, lo que permite valorar si las coincidencias son generales o si son específicas de una versión concreta. No obstante, este paso no siempre es necesario ni posible: el análisis se centra ante todo en el texto real y las dos traducciones objeto de disputa, evaluando su grado de originalidad y proximidad.
  3. ¿Reflejan esas coincidencias decisiones idiolectales o estrategias de traducción particulares?
    Es decir, marcas personales que un traductor tiende a repetir y que otro difícilmente reproduciría sin haber tenido acceso al texto previo.

Turell (2012) nos indica que si dos traducciones coinciden en más del 75 % del vocabulario tenemos que sospechar de una posible dependencia textual. Pero, a veces, lo más revelador no son los porcentajes, sino las coincidencias estilísticas: los mismos calcos, los mismos encabalgamientos, las mismas decisiones interpretativas en los pasajes ambiguos del original. Todas ellas pueden conformar un patrón difícil de atribuir al azar.

Esta autora también advierte de la complejidad inherente a este tipo de casos: toda traducción literaria comparte inevitablemente parte de la forma y el contenido del texto fuente, de modo que cuanto más fiel es al original, más complejo resulta determinar su grado de originalidad. La Ley de Propiedad Intelectual española (1996) reconoce esta tensión: no protege los datos o las ideas, sino la estructura y formulación lingüística originales que el traductor aporta.

En consecuencia, el análisis forense no se centra en si dos versiones «dicen lo mismo», sino en cómo lo dicen. Las coincidencias relevantes son las que afectan a las decisiones traductológicas: giros idiomáticos, puntuación, segmentación, metáforas recreadas o soluciones creativas a ambigüedades del texto fuente.
Siguiendo la línea metodológica desarrollada por Turell, el objetivo no es tanto probar la copia literal como valorar el grado de independencia creativa entre dos traducciones que parten del mismo original. En ocasiones puede ser útil, si existen y resultan pertinentes, comparar con otras versiones publicadas, pero el núcleo del análisis se mantiene siempre en los textos en litigio y en la detección de transferencia de decisiones estilísticas o estructurales allí donde debería existir variación natural derivada de la libertad traductora.

Cómo se detecta un plagio de traducción

La detección del plagio en la traducción suele combinar dos tipos de análisis complementarios:

  1. a) Análisis cualitativo

Es el corazón del peritaje. Se analizan las coincidencias palabra por palabra y frase por frase, pero sobre todo cómo se estructura el discurso: la disposición de la información, el uso de conectores, los giros retóricos, la puntuación, etc.

Las coincidencias más relevantes suelen darse en:

  • Soluciones creativas a metáforas o juegos de palabras.
  • Errores o interpretaciones discutibles repetidas.
  • Omisiones o añadidos que no aparecen en el original.
  • Distribución del texto: misma segmentación, misma puntuación, mismos saltos de verso o párrafo.
Ambigrama: "real-fake". Autor: Basile Morin (Wikimedia Commons)

Ambigrama: «real-fake». Autor: Basile Morin (Wikimedia Commons)

Cuando una traducción reproduce no solo el sentido, sino el «molde» lingüístico de otra, el indicio de copia lingüística se refuerza.

  1. b) Análisis cuantitativo

También se aplican programas de comparación de textos, como Turnitin o CopyCatch, que es una herramienta desarrollada en el ámbito de la lingüística forense. Estas permiten calcular la superposición léxica y detectar secuencias coincidentes. En estudios previos, se ha observado que dos traducciones del mismo texto suelen compartir menos del 50 % de su vocabulario; cuando se supera el 70 %, la probabilidad de dependencia textual es alta.

Pero los números por sí solos no bastan: una alta coincidencia puede deberse a pasajes obligados o a estructuras idénticas en el original. Por eso, los porcentajes son siempre un punto de partida, nunca una prueba definitiva. Estos porcentajes deben interpretarse también a la luz de los estudios lingüísticos sobre los umbrales de singularidad textual, es decir, la probabilidad de que dos autores produzcan por azar una misma secuencia de palabras.

Como demostraron Marquina y Queralt (2014), el umbral de coincidencia para el español es inferior al del inglés, lo que significa que en nuestra lengua bastan secuencias más cortas para considerar que existe una coincidencia improbable desde el punto de vista estadístico. Mientras que en inglés se suele asumir que dos autores no redactan de forma independiente secuencias idénticas de más de siete palabras consecutivas, en español el umbral se reduce a entre cinco y seis palabras, independientemente del género textual (literario, periodístico o científico).

Este hallazgo es clave en el análisis forense de traducciones, ya que permite ajustar los criterios de coincidencia significativa a la estructura morfosintáctica y léxica del español. En consecuencia, una secuencia compartida de seis o siete palabras en castellano puede tener un valor probatorio mayor que una del mismo tamaño en inglés, especialmente si aparece en contextos de alta carga creativa o en fragmentos interpretativos del texto traducido.

Qué puede hacer el traductor si sospecha que le han plagiado

La reacción instintiva suele ser escribir un correo indignado o hacer una denuncia pública. No es lo más recomendable. Estos son los pasos que aconsejamos seguir:

  1. Documentar antes de actuar

Guarda copias fechadas de tu traducción original: manuscritos, correos, archivos de entrega, contratos, correcciones. Cualquier rastro digital puede ser útil.
Localiza la traducción sospechosa y conserva una copia (PDF, impresa o digital).

  1. Consultar a un especialista

Un perito lingüista forense especializado en análisis de textos puede evaluar de forma preliminar si hay indicios de plagio o solo coincidencias esperables. Un dictamen pericial puede servir como prueba técnica ante un juez o una editorial.

  1. Contactar con la editorial (si procede)

Hazlo por escrito, de forma cortés y documentada. Explica que has detectado coincidencias y que te gustaría aclarar el origen del texto. A veces el plagio no proviene del traductor, sino de una reedición que «heredó» materiales sin crédito.

  1. Valorar la vía legal o mediadora

Si el caso es grave, recurre a un abogado especializado en propiedad intelectual. Pero muchas veces basta con una mediación editorial y un reconocimiento explícito.

  1. Evitar reacciones precipitadas

Las redes sociales no son el mejor lugar para resolver un posible plagio: exponer un conflicto sin pruebas puede volverse contra quien denuncia. Es preferible actuar con discreción y respaldo técnico.

Cómo prevenir el plagio de traducción

Aunque no existe una fórmula infalible, hay prácticas que reducen el riesgo:

  • Depositar la traducción en registros oficiales o plataformas con sello temporal.
  • Conservar versiones intermedias del trabajo (borradores, correcciones, pruebas de imprenta).
  • Acordar por contrato los derechos de reedición y la obligación de citar tu versión en futuras ediciones.
  • Publicar extractos o comentarios sobre tu traducción en redes o foros profesionales: hacer visible la autoría desincentiva la copia.
  • Participar en redes profesionales donde se comparten alertas o casos similares.

Casos reales y aprendizajes

En la práctica profesional hemos analizado casos en los que el plagio no era intencional: el traductor posterior había partido de una versión intermedia o de materiales de referencia sin saberlo. En otros, sin embargo, el patrón era claro: coincidencias léxicas extensas, mismas soluciones creativas y hasta idénticos errores tipográficos.

La lección es doble:

  • Por un lado, no todo parecido es plagio.
  • Por otro, el plagio no siempre es evidente.

Solo un análisis cuidadoso que combine método lingüístico y criterio traductológico puede determinarlo con rigor.

En resumen

El plagio en traducción no se mide por intuición ni por número de palabras iguales, sino por la apropiación de las decisiones creativas de otro traductor. Detectarlo requiere método; prevenirlo, conciencia profesional.

Y aunque pueda parecer una batalla solitaria, no lo es. Existen herramientas, peritos y comunidades dispuestas a acompañar al traductor cuando su voz ha sido copiada.

Como decimos a menudo los lingüistas forenses, el lenguaje deja huella; y, en este caso, añadiría, también cuando alguien intenta borrarla.

 

Bibliografía

Marquina, M. y Estévez, S. Q. (2014). «Similarity threshold to detect plagiarism in Spanish». RAEL: revista electrónica de lingüística aplicada, 13(1), 79-95.

Turell Julià, M. T. (2012). «Detection approaches to plagiarism in literary translation».
En Lengua, traducción, recepción: en honor de Julio César Santoyo = Language, translation, reception: to honor Julio César Santoyo. Rosa Rabadán, Trinidad Guzmán y Marisa Fernández (eds.). León: Universidad.

 

Sheila Queralt es doctora en Traducción y Ciencias del Lenguaje. Dirige el Laboratorio SQ–Lingüistas Forenses, dedicado al análisis del lenguaje como prueba en procedimientos privados y judiciales. Es profesora asociada en la Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya (UVic-UCC) y perito en lingüística forense y en propiedad intelectual, especializada en la comparación forense de textos y el análisis del discurso. Con más de quince años de experiencia profesional, ha intervenido en casos de plagio, amenazas, violencia de género y atribución de autoría. Es autora de Atrapados por la lengua, coautora de Fundamentos de la Lingüística Forense y coordinadora de Lingüistas de Hoy, profesiones para el siglo XXI, y combina la investigación con la divulgación sobre lenguaje y justicia.

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