Traducir es…

Viernes, 3 de septiembre de 2021.

Recuperamos un resumen de este CENTÓN, publicado en su totalidad en VASOS COMUNICANTES 26.

 

Colección de Vasos Comunicantes. Fotografía de Enrique Alda

 

Ana Herrera: Mirad lo que dice Paul Auster del trabajo del traductor en El libro de las ilusiones (en traducción de Benito Gómez Ibáñez):

Traducir es un poco como echar carbón. Se recoge con la pala y se lanza al horno. Cada trozo es una palabra, y cada palada es otra frase, y si se tiene una espalda recia y la suficiente energía para seguir con la tarea ocho o diez horas seguidas, se podrá mantener un buen fuego.

La traducción como ejercicio muscular… Debo reconocer que mi pobre espalda flaquea muchas veces: soy incapaz de mantener la tarea «ocho o diez horas seguidas»…

María Teresa Gallego Urrutia: Sin pretender –Dios me libre– compararme con Paul Auster ni enmendarle la plana, yo la traducción la veo más como una mayonesa.

Daniel Najmías: ¿Mayonesa de bote? ¿Ligeresa? ¿O de la de batir los huevos e ir echando de a poquito el aceite y que de golpe se te corta (se te niega)? ¿Se puede traducir con minipímer?

María Teresa Gallego Urrutia: La de batir. Y sin minipímer.

Marta Salís: Pues para mí es interpretar con un violín algo que yo no he compuesto… O escribir con un lápiz de otro color… (se ve que estoy más mística hoy que mis maestros Auster y Gallego Urrutia).

Amaya García: Y para mí, como copiar un cuadro de otro pintor, creando uno nuevo con entidad propia, pero indisociable del original, y utilizando además los mismos materiales y recursos que el autor (algo así como las Meninas de Picasso).

María Teresa Gallego Urrutia: Lo de la comparación con el intérprete musical de la partitura ajena también me sale a mí a veces en ratos místicos. Pero es que la cocina me tira más que la mística, aunque no más que la música.

Daniel Najmías: La metáfora es de Miguel Sáenz, publicada en VASOS COMUNICANTES.

Marta Salís: ¡Intérpretes de partituras ajenas! ¿Acaso quieres que me sienta la reina del plagio? Pues no lo había leído… o no lo recordaba… lo creas o no, Daniel Najmías. Tampoco pretendía ser original. Si todo lo que dijese tuviera que ser de mi propia cosecha…

Daniel Najmías: De la originalidad, digo. Me parece estupendo que tengas esa imagen de la traducción, que comparto en gran parte. Es que enseguida recordé la mesa redonda que se publicó en Vasos.

Juan Vivanco: Puestos a metaforear, yo la traducción la entiendo como pilotar un avión: de poco sirven las virguerías que sepas hacer en el aire si no dominas la maniobra de aterrizaje.

Ana Herrera: Tenemos, pues, que traducir es echar carbón al fuego, hacer mayonesa, tocar el violín, pintar un cuadro, pilotar un avión… Es curioso que a los hombres se les ocurran símiles tan recios y viriles y a las mujeres tan artísticos…

Yo también tengo algunos, más inquietantes: traducir es como escribir al dictado de un fantasma.

Traducir es como excavar en un yacimiento arqueológico y encontrar sólo restos incompletos de una vasija rota.

Traducir es como recorrer una casa desconocida con los ojos vendados, o como desenredar un ovillo de lana con el que ha jugado el gato, o como dibujar el retrato robot de alguien descrito por muchas personas a la vez que no se ponen de acuerdo…

I. García: Para mí, traducir es doblar una película muda.

Celia Filipetto: […] Me apunto a las teorías traductológico-culinarias. Lo de la mayonesa me ha llegado al corazón. Hay quien también propone la traducción como negociación. Otros dicen que es un apostolado. Y después de leer lo que ha dicho Ana Herrera, me callo la boca.

Isabel McSpadden: Speaking of metaphors… Acabo de empezar a leer Performing without a stage. The art of literary translation de Robert Wechsler, que alguno de vosotros quizás ya conozcáis. Aunque sólo voy por la página 10 ya se hace mención del traductor literario como intérprete de música, además de otras metáforas.

Me permito parafrasear lo que dice Margaret Sayers Peden (traductora al inglés de Isabel Allende y Sor Juana Inés de la Cruz, entre otras) a propósito de la traducción literaria. Para ella la obra original es como un cubito de hielo. Durante el proceso de la traducción el cubito se derrite y en ese estado líquido las moléculas cambian de lugar sin guardar su relación original entre sí. Luego comienza el proceso de formar otro cubito de hielo (obra traducida) con ese líquido, momento en que se agregan algunas moléculas, se pierden otras y el cubito resultante es diferente, pero en apariencia el mismo.

Concha Cardeñoso: Traducir es zambullirse en un texto ajeno y, apurando la propia capacidad pulmonar, salir de él no sólo indemne sino además crecida. Lo demás es ahogarse (a veces en un vaso de agua, a veces en un océano).

Mario Merlino: Como diría Ramón Gómez de la Serna, hay gente que incluso se ha ahogado en un espejo.

Gracias por las colaboraciones que van llegando. El próximo Centón de VASOS COMUNICANTES irá de Paul Auster para todos los colisteros que no hayan desperdiciado su talento mirándose el ombligo.

Andrés Ehrenhaus: Traducir es… mirarse en el ombligo ajeno.

Ferran Esteve: (…) llegar a fin de mes (¿o acaso era al revés, que llegar a fin de mes era traducir?).

María Teresa Gallego: En plan…

Amargo: traducir es escribir por poderes.

Bíblico: traducir es reñir un cuerpo a cuerpo como el de Jacob y el ángel

Jactancioso: ¿Qué es traducir? ¿Y yo me lo pregunto? ¡Traducir soy yo!

Crooner: traducir es volver a empezar

Humilde: traducir sólo es poner en otro orden parte del diccionario

Amparo Pérez Gutierrez: La metáfora del traductor carbonero o maquinista de calderas (Ana) frente al intérprete de violín (Marta) y el cocinero (Maite). Lo del aliño y la mayonesa se lo escuché comentar a E. Benítez y a unos traductores vascos, para ellos traducir era como preparar un buen bacalao al pil-pil… algo así como una mayonesa complicadísima. Yo tampoco soy humilde en cuanto a eso: para mí el traductor es un ventrílocuo.

Daniel Najmías: Traducir es un acto de humildad, dijo JMV ante oídos pardillos de un estudiante de filología llamado DNB hace ya más de 20 años.

Asistía DNB a una lectura de traducciones de poetas alemanes, obra de JMV. Había un poema, titulado en alemán «Die Erblindende» (literalmente: la mujer que está quedándose ciega). Don JMV admitió que no pudo encontrar una (1) palabra para traducir ese gerundio sustantivado. Su traducción fue «Quedándose ciega». El poema, si no me equivoco, es de Rilke.

Amparo Pérez Gutierrez: Las mías:
1) traducir es como hablar sin mover los labios para que no se note que eres tú quien habla (ventrílocuo).
2) traducir es como volar en la oscuridad guiándose por un radar interno (murciélago).
3) traducir es como tejer, destejer y volver a tejer (araña).
4) traducir es como vestir el silencio entre una lengua y otra (horror vacui).

Concha Cardeñoso: Traducir es la sucursal de Lourdes: da ojos a los ciegos, lengua a los mudos, oídos a los sordos, entendimiento a los que no saben, alas a los que no pueden viajar ni trasladarse.