Klagenfurt-Viena, un viaje de la mano de Ingeborg Bachmann: sobre la traducción al euskera de Tres senderos hacia el lago, IV, Idoia Santamaría Urkaregi

Viernes, 18 de junio de 2021.

(Cuarta y última parte: véanse todas)

Este texto está basado en el artículo titulado «Klagenfurtetik Vienara, Ingeborg Bachmann gidari: Aldiberekoren itzulpena», publicado originariamente en euskera en 2020 en la revista Senez, editada por EIZIE, la Asociación de Traductores, Correctores e Intérpretes de Lengua Vasca. Véase aquí  el artículo original.

Quinto relato: Aintzirarako hiru bide

DE (original) EU EN FR ES
Drei Wege zum See Aintzirarako hiru bide Three paths to the lake Trois sentiers vers le lac Tres senderos hacia el lago

 

Tal y como he señalado, el quinto y último relato es el más largo del libro. Además de ello, constituye, junto con el primer relato, su columna vertebral. No creo que sea casualidad el orden de los cinco relatos del libro, ya que el último permite cerrar la estructura cíclica del conjunto, con personajes de relatos anteriores que se cruzan en este; por ejemplo, vuelve a aparecer Jean Pierre, al que conocemos del primer relato; volvemos a tener noticias de Elisabeth Mihailovics, de la que supimos por primera vez en el segundo relato; la señora Jordan, a la que se menciona tangencialmente en el salón de belleza del segundo relato, se deja ver también aquí; y, finalmente, Leo Jordan, el psiquiatra del cuarto relato, aparece también aquí fugazmente.

Al principio del artículo he señalado que las mujeres protagonistas del primer y del quinto relato son profesionales de éxito, mientras que las protagonistas del segundo, tercer y cuarto relato no tienen voz en la plaza pública y han desarrollado otras estrategias para salir adelante. De todos modos, todas tienen enormes dificultades para encontrar su voz e incluso para valerse del lenguaje en el mundo en que les ha tocado vivir.

Este relato está muy pegado a la biografía de Bachmann. Los hechos se sitúan en Klagenfurt, en la capital del estado federado de Carintia, es decir, en el lugar de nacimiento de Bachmann; la protagonista del relato, Elisabeth Matrei, tiene un hermano, Robert, quince años más joven que ella, exactamente igual que Bachmann; también puede percibirse en la protagonista la relación ambivalente que Bachmann mantuvo siempre con Austria y, en particular, con Klagenfurt: una relación siempre tensa entre la cercanía y la lejanía.

El relato puede resumirse así: Elisabeth Matrei, una periodista y fotógrafa que vive en París durante la década de 1960, vuelve a Klagenfurt a visitar a su padre, viudo y ya mayor. Elisabeth da largos paseos, la mayoría de las veces sola, por los senderos que parten de los alrededores de la casa familiar hacia el lago. Sin embargo, ese paisaje que conoce desde niña se convierte poco a poco en la topografía de sus recuerdos, y los senderos, en lugar de conducirla al lago, la llevarán a rememorar las relaciones que ha mantenido con los hombres. Entre esos hombres hay uno, Franz Joseph Trotta, que cobra mayor relevancia que los demás en el relato. Bachmann tomó prestada la referencia de este personaje de la novela Die Kapuzinergruft (La cripta de los capuchinos), del escritor austro-húngaro Joseph Roth. El Trotta de la novela de Roth, al ver que la Alemania nazi se hace con el poder en Austria en 1938, es consciente de que el mundo que ha conocido hasta entonces se desmorona, por lo que envía a su hijo a París. Bachmann toma entonces a ese muchacho y lo sitúa en el París de las décadas de 1950 y 1960.

Mirándolo desde la perspectiva actual, resulta sorprendente darse cuenta de que siguen siendo perfectamente actuales las disquisiciones que en el libro hace Trota sobre la lengua, la identidad, la patria, el exilio o el periodismo sensacionalista (¡en 1972!). Realmente, algunos de los diálogos entre Trotta y Elisabeth parecen escritos hoy mismo.

El contexto del relato lo configuran dos referencias históricas clave en la biografía de Bachmann: por un lado, el imperio austro-húngaro y las consecuencias que tuvo su desmoronamiento; y, por otra, el nazismo. Para entender ambos fenómenos son cruciales dos de los personajes del relato: Trotta y el señor Matrei, el padre de Elisabeth. En cuanto al nazismo, en el libro aparece mencionado también al escritor Jean Améry[i] y el libro que este escribió sobre la tortura. Se cruzan asimismo otras referencias históricas, tales como la Segunda Guerra Mundial, el París de 1968 (ya atravesado por el desencanto en 1972), la guerra de independencia de Argelia y la guerra de Vietnam.

Elisabeth, al igual que Nadja, la protagonista del primer relato, presenta, por decirlo de algún modo, los síntomas de una exiliada, puesto que no se siente en casa en ningún lugar ni en ninguna lengua: ni cuando vuelve a su lugar de nacimiento a visitar a su padre, ni cuando vive en París o en Nueva York.

En cuanto a la traducción, en primer lugar decidí el tratamiento que debía dar a los personajes del relato; puesto que en este caso hay un mayor número de personajes que en el resto de los relatos, confeccioné un cuadro en el que recogí todos los tratamientos para evitar confusiones y mantener la coherencia. En resumen, decidí utilizar el tratamiento informal de segunda persona (hika) entre Elisabeth y sus amantes, con dos excepciones, Manes y Branco, puesto que les une solo una relación puntual y apenas se conocen. Elegí el mismo tratamiento para la relación entre Elisabeth y su hermano Robert, así como para la relación entre Elisabeth y sus compañeros de trabajo. Finalmente, para la relación entre el señor Matrei y sus hijos y la relación entre Elisabeth y su cuñada Liz elegí el tratamiento de segunda persona más formal (zuka).

Otra de las decisiones a la hora de traducir tenía que ver con la necesidad o no de introducir notas a pie de página, teniendo en cuenta que son bastantes las referencias históricas que se recogen en el relato. Finalmente, decidí introducir solo una nota, ligada a una mención del imperio austro-húngaro probablemente conocida para los lectores germanófonos pero creo que bastante desconocida fuera de ese ámbito (en el original no hay una sola nota a pie de página). Consulté también qué habían decidido las otras lenguas que tuve como referencia. En el caso del español, como he mencionado ya antes, hay dos ediciones y dos traducciones de este relato, una de 1987 y otra de 2011. La edición de 1987 sigue fielmente al original y, por lo tanto, no introduce ninguna nota a pie de página, frente a la de 2011 que introduce varias. La traducción francesa, por su parte, sigue también al original, por lo que tampoco tiene notas, mientras que en la inglesa vienen dos.

Finalmente, quisiera mencionar una curiosidad lingüística de la que Bachmann se vale con gran habilidad para mostrar, mediante la contraposición del alemán de Alemania y el de Austria, la relación no siempre cordial entre ambos países: el señor Matrei menciona en cierto momento la palabra que utilizan los alemanes para referirse a la tarta de queso, una palabra que a él le resulta odiosa; la mención de esa palabra le permite al señor Matrei arremeter contra los turistas alemanes que se desplazan de vacaciones a la Carintia pobre, sacando así a relucir viejas riñas y rencillas entre los dos países.

En el original se mencionan las palabras Topfenkuchen y Käsesahnetorte, pero, evidentemente, no hay necesidad ninguna de aclarar su significado, puesto que ambas palabras son perfectamente reconocibles para los lectores germanófonos, al margen de que austríacos y alemanes utilicen solo una de ellas (Topfenkuchen los austríacos y Käsenahnetorte los alemanes). Sin embargo, en la traducción al euskera introduje en el texto mismo «gazta-tarta izendatzeko» [para designar la tarta de queso], a modo de explicación, para que el lector supiese a qué se refería el señor Matrei.

Todas las demás lenguas que consulté, excepto el francés, introducen también alguna aclaración. Recojo en dos cuadros las soluciones dadas por las lenguas consultadas:

 

DE EU
Und nun mußte er noch auf seine alten Tage erleben, daß Kärnten den Deutschen gehörte. Die Bauern hätten praktisch fast alle Grundstücke an sie verkauft, die neuen Besitzer spielten sich schon auf wie die Herren, nicht wie Gäste. Einen Österreicher schaute man während der Saison gar nicht an, und die Speisekarten waren voll von irrsinnigen Ausdrücken, die kein Österreicher verstand, für Topfenkuchen habe er »Käsesahnetorte« gelesen, und danach sei er aufgestanden beim RONACHER und habe das Lokal nie mehr betreten. Eta orain, zahartzaroan, Karintia alemanen esku ikusi beharra, gainera. Nekazariek lur ia guztiak saldu zizkieten, eta jabe berriok jauntxo-jarreran zebiltzan dagoeneko gonbidatu gisa jokatu ordez, hori besterik ez baitziren, gonbidatuak. Goi-denboraldian, alemanek begiratu ere ez zieten egiten austriarrei, eta jatetxeetako menuak beteta zeuden austriarrek nekez ulertzen zituzten hitz zentzugabez: betiko Topfenkuchen ordez Käsesahnetorte irakurri zuen behin karta batean, gazta-tarta izendatzeko; hura ikustean, altxatu, eta alde egin zuen Ronacher jatetxetik, eta ez zen sekula itzuli berriz.

 

EN FR ES (1987) ES (2011)
And now, in his old age, he was forced to look on while the Germans took over Carinthia. The farmers had sold almost all their land to them, the new owners acted like lords and masters, not like guests. There wasn’t an Austrian to be seen during the tourist season and the menus abounded with idiotic names no Austrian understood, once he’d read something like Käsesahnetorte for a simple “cheesecake” and promptly stood up and left and would never set foot in the Ronacher again. Et voilà que sur ses vieux jours il fallait voir la Carinthie aux mains des Allemands. Les paysans leur avaient pratiquement vendu tous les terrains, les noveaux propriétaires se pavanaient déjà en seigneurs au lieu de se conduire en visiteurs. Pendant la saison on ne regardait même plus les Autrichiens, et dans les restaurants les cartes étaient pleines d’expressions que pas un Autrichien ne comprenait, pour Topfenkuchen il avait lu Käsesahnetorte, et voyant cela, il avait quitté le restaurant Ronacher et n’y avait jamais remis les pieds. Y ahora, a su edad, le tocaba ver cómo Carintia pasaba a manos de los alemanes. Los campesinos les habían vendido prácticamente todos sus terrenos, y los nuevos propietarios ya empezaban a dárselas de patronos, en vez de portarse como huéspedes. A los austriacos ni los miraban durante la temporada de verano, y las cartas de los restaurantes estaban llenas de expresiones absurdas que ningún austriaco entendía; una vez leyó Käsesahnetorte en lugar de Topfenkuchen para designar la tarta de queso con nata, y se levantó y abandonó el Ronacher, donde no volvió a poner los pies. Ahora, a su edad, aún le tocaba ver Carintia en manos de los alemanes. Los campesinos les habían vendido prácticamente todas sus tierras, y los nuevos propietarios ya se las daban de señores en lugar de comportarse como los invitados que eran. Durante la temporada alta, a los austriacos no se dignaban ni a mirarlos, y luego las cartas de los restaurantes estaban llenas de términos disparatados que ningún austriaco entendía, para el Topfkuchen de toda la vida había visto la denominación «tarta de queso de crema», tras lo cual se había levantado de la mesa y no había vuelto a poner un pie en el hotel Ronacher.

 

Algunas conclusiones

En esta colección de relatos, Bachmann muestra la zozobra, el miedo y la inquietud del individuo en la sociedad moderna mostrando los pliegues de la realidad a través de la voz de cinco mujeres: Nadja, tratando de buscar a ciegas la traducción adecuada de la Biblia; Beatrix y Miranda, humilladas en su intento de huida; Franziska y Frau Jordan, temerosas de la crueldad de su marido e hijo, respectivamente; y Elisabeth, enferma de ansiedad, mientras espera a que suene el teléfono. Bachmann muestra el aislamiento y la voz perdida de cinco mujeres. En el mejor de los casos, son capaces de manejarse en la lengua y las imágenes de un mundo moldeado por los hombres, como Nadja y Elisabeth. En el peor de los casos, levantan un muro ante ese mundo hostil y se aferran a la cosmética, a la ceguera o a las alucinaciones. Bachmann levanta por un momento el velo que cubre el alma de todas esas mujeres y muestra el miedo y la inquietud que se alzan tras el velo. Pero el grito provocado por ese miedo se queda atrapado en la garganta, apenas se oye; es el aislamiento de esas mujeres que se han quedado sin voz lo que el lector percibe en esta colección de relatos.

Más allá de los problemas puntales de sintaxis, léxico y puntuación, mi obsesión durante el proceso de traducción —lo repito por su importancia— fue buscar el tono adecuado para el libro. Todas las historias me resultaron muy cercanas; me reconozco en todas esas mujeres, y me resultan familiares su miedo, su ansiedad, su inquietud, por lo que me resultaba aún más apremiante que en otros casos dar con el tono adecuado para eso que me era tan próximo. Hice mías algunas de las máximas de Anjel Lertxundi; por ejemplo, esta frase recogida en su ensayo Eskarmentuaren paperak (2009: 133): «Dadme el tono y contaré el mundo». O esta otra tomada de su último ensayo Itzuliz usu begiak (2019: 352) antes mencionado: «El traductor sabe que es en gran medida en el tono donde reside la dicha de una traducción bien hecha».

El lenguaje que utiliza Bachmann en el libro está íntimamente ligado, obvamente, al retrato que hace de cada una de las mujeres del libro, y ese retrato no lo hace un narrador «objetivo», sino que parte del punto de vista de cada una de esas mujeres; Bachmann se introduce en cada una y escribe desde dentro de ellas, lo que hace que los relatos sean más verosímiles y más inquietantes.

Puede que los relatos de Bachmann no sean una lectura fácil; ella no lo desmenuza todo en fondo y forma para el lector, no le facilita el trabajo, lo trata como a un adulto. Quisiera mencionar aquí dos breves citas en las que Bachmann expresa con claridad la importancia que el lenguaje literario tiene para ella: en la primera de ellas, deja muy claro qué es lo que le importa del lenguaje utilizado en un libro; en la segunda, compara la lengua con una ciudad, mediante una hermosa metáfora (Koschel y Von Widenbaum, 1983: 11, 16):

No me interesa la discusión entre literatura pura y comprometida. Me parece una cuestión pasada de moda. Hay solo una cosa que debe cuidarse al escribir: el lenguaje […]. Si el lenguaje que utiliza un escritor no funciona, tampoco funciona el contenido.

Si comparáramos la lengua con una ciudad, tenemos en primer lugar el casco antiguo, los orígenes, y luego los barrios nuevos adheridos al casco antiguo, y después las gasolineras y las carreteras para salir de la ciudad; los márgenes de la ciudad son a veces más feos que el centro, pero todos ellos conforman la ciudad, todos son necesarios para constituirla.

Para acabar quisiera agradecer su trabajo a todos los correctores y traductores que me acompañaron durante todo el proceso de traducción al euskera. Sin sus sugerencias, consejos y correcciones el resultado hubiera sido bien distinto. Pero, además de ellos, no quiero olvidar todas las lecturas en euskera , mencionadas al principio de este artículo, que estuvieron siempre sobre mi mesa mientras traducía el libro, ya que gracias a ellas, subrayando y marcando lo que leía e intentando metérmelo en el disco realmente duro de mi cabeza, conseguí avanzar con el libro poco a poco. No debe buscarse coherencia ni orden alguno en esas lecturas, pues, como he mencionado al principio, soy realmente caótica en la fase de documentación. Quiero hacer una mención especial de la edición de 2018 de la novela Otto Pette, de Anjel Lertxundi, porque, a pesar de que no tiene nada que ver con la colección de relatos de Bachmann, la tuve sobre mi mesa durante todo el proceso de traducción, llena de subrayados, marcas, signos de admiración y listas de palabras, confiando en que me ayudaran luego, en el repaso de la traducción. Y es que yo, igual que Lertxundi, me pongo nerviosa si no tengo un lápiz en la mano cuando leo (Lertxundi 2009: 112-113):

Siempre leo con un lápiz en la mano, y si no lo tengo me pongo nervioso […]. Palabras y expresiones que me sugieren algo nuevo, formas inusuales de empezar un párrafo, conexiones curiosas entre palabras, un gesto de un personaje, modos distintos de acotar diálogos, una mención que me transporta a otra lectura… todo eso puede ser pasto de mis subrayados.

Muchas gracias a todos los que me ayudáis a seguir gastando lápices.

[1]. Jean Améry —seudónimo de Hans Mayer, nacido en Viena en 1921— fue un escritor austríaco que luchó contra el nazismo y estuvo preso en el campo de concentración de Auschwitz. Escribió un conocido ensayo sobre la tortura: Jenseits von Schuld und Sühne. Bewältigungsversucche eines überwältigten, Szczesny, 1966, Munich [en versión española: Más allá de la culpa y la expiación. Tentativa de superación de una víctima de la violencia, Pretextos, 2001].

 

Bibliografía

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__ (1987): Tres senderos hacia el lago, Alfaguara (colección de cinco relatos; el título del último relato es el elegido como título general del libro); traductor: Juan José del Solar.

__ (1989): Three Paths to the Lake, Holmes & Meier, AEB; prólogo: Mark Anderson; traductora: Mary Fran Gilbert.

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__ (2006): Trois sentiers vers le lac, Actes SUD; traductora: Hélène Belleto.

__ (2011): Tres senderos hacia el lago, Siruela (anque tiene el mismo título que la edición al español de 1987, en esta edición se publicó únicamente el último relato de la colección); traductora: Isabel García Adánez.

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Idoia Santamaría Urkaregi es Licenciada en Filología Vasca y trabaja como traductora y correctora desde la década de 1980. Entre sus traducciones literarias se encuentran Aingeruak nekez ausartzen diren tokian de Edward Morgan Forster (Ibaizabal, 1992), Epailea eta haren borreroa de Friedrich Dürrenmatt (Igela- Erein, 2018) y Aldibereko de Ingeborg Bachmann (Igela-Erein, 2019), galardonada con el Premio Euskadi 2020 de Traducción Literaria.

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