Día del libro: lecturas recomendadas, II

Viernes, 23 de abril de 2021.

Con motivo del 23 de abril, el día del libro – Sant Jordi, aquí tenemos la segunda parte del centón de lecturas recomendadas  (véase aquí la primera). Como otros centones ya publicados, lo componen las participaciones de los socios de ACE Traductores en la lista de distribución de la asociación. 

Ya podemos ir corriendo todos en dirección a nuestra librería favorita.

 

Alicia Martorell: Estas son mis recomendaciones:

Los amnésicos, de Géraldine Schwartz. Una periodista hija de alemanes se hace muchas preguntas sobre la memoria del holocausto, muy especialmente en su propia familia, pero también en Alemania y en Europa en general. Trata, sobre todo, de la responsabilidad de los tibios en lo que ocurrió. No es narrativa, es periodismo. Yo lo leí en francés, pero hay una traducción de Nuria Viver en Tusquets.

Entre amigas: la correspondencia entre Hannah Arendt y Mary McCarthy. A mí me gustan mucho los libros epistolares, pero este es maravilloso. Es una traducción de Ana María Becciu para Lumen. Ya lo había leído hace mucho, pero tuve que sacarlo para una traducción y me lo he vuelto a leer.

Lutetia, de Pierre Assouline. Es un libro terrible que va presentando la vida del hotel Lutetia, en París, desde la ocupación, como guarida de alemanes, hasta su requisa para acoger a los refugiados que iban llegando de los campos. Hay una traducción al español de Susana Peralta para Navona.

Flavia, de los extraños talentos, Alan Bradley. Maravilloso libro sobre el placer que da ver que los niños son capaces de tomar las riendas y dar sopas con ondas a todo el mundo. Si también has sido una niña rara, no lo podrás olvidar. Traducción de Montse Triviño. Planeta. Hay tres o cuatro más, pero creo que solo está traducido al español el segundo libro.

El expolio nazi, de Miguel Martorell (sí, es mi hermano, pero juro que no es amor de hermana, es que estos temas me interesan mucho y es su especialidad). Sobre el sofisticado sistema de depredación que los nazis y sus adláteres pusieron en marcha contra los judíos, especialmente en el campo de la pintura, del proceso de recuperación y restitución de las obras, de lo que queda por hacer y de la responsabilidad (mucha, todavía hoy) de España en todo aquello. Es tan rocambolesco que, si no fuera un tema tan tremendo, te tendrías que reír. Galaxia

Lettres d’Espagne, de Juliette de Robesart. Los viajes por España de una dama de la alta nobleza belga en el siglo XIX. No tiene desperdicio. En francés, se puede bajar gratis de Gallica. Hay una traducción al español (creo que) de Estrella Torre, para una editorial que tampoco consigo identificar.

Vecinos, de Jan Gross, traducción de Teófilo de Lozoya para Crítica. Demostración aplastante y perfectamente documentada de que el holocausto y los pogromos no fueron solo cosa de alemanes. El autor, polaco, vive en Berlín porque la actual legislación polaca considera delito hablar de la corresponsabilidad de las autoridades polacas en el exterminio de los judíos.

La hora estelar de los asesinos, Kohout Pavel. Una novela policiaca en toda regla, en los escombros de Praga en 1945. Se lee del tirón, está maravillosamente bien hilada y las relaciones entre la trama y el trasfondo es magistral. La traducción es de Fernando de Valenzuela, para Alianza.

Son cosas que pasan, de Pauline Dreyfus, en traducción de Javier Albiñana para Anagrama. Muy bien escrita, sobre las contradicciones de una mujer de la aristocracia francesa durante la Ocupación, en zona libre, en la Riviera, cuando empieza a sospechar que tiene sangre judía y, sobre todo, cuando empieza a darse cuenta de que las cosas no son lo que parecen en su mundo de tacitas de té.

Esto es todo por hoy, que puedo seguir durante horas. He intentado rebuscar propuestas menos conocidas Se nota que el Holocausto ocupa más de la mitad de mis lecturas… La mayor parte no son libros que he leído últimamente, porque últimamente leo muy despacio. Mi lista de lecturas pendientes no para de crecer. Me hubiera gustado hablar de algunas cosas que he comprado o recibido últimamente, así que haced un centón sobre el mítico montón de libros sin leer 🙂

 

 

Daniel Najmías: Así es, Alicia. Como dijo el gran Borges: «Sobre esa mesa queda un libro que ya no leeré».

En este momento estoy alternando la lectura de dos traducciones «monumentales» de nuestra colega Rita da Costa para Anagrama:

Sontag. Vida y obra, de Benjamin Moser. Siempre me fascinó la figura de esta radiógrafa de la cultura contemporánea. Y la colección Biblioteca de la Memoria es imprescindible para los amantes de las biografías.

La huella de los días. La adicción y sus repercusiones, de Leslie Jamison, autora que cayó ella misma en los abismos del alcoholismo –y salió–. Ideal para combinar con el visionado de Otra ronda, de Vinterberg. (más Días de vino y rosas, más Leaving Las Vegas y un par de temazos de Amy Winehouse). Un repaso también a la «literatura etílica»: Raymond Carver. Jean Rhys, Elisabeth Bishop et altri).

 

Jesús Negro: En esa hipotética lista de «literatura etílica», aunque se podrían hacer agregados hasta el infinito, me gustaría recomendar Moscú-Petushki, de Venedik Eroféiev, una novelita que es la caña y que creo que no goza del prestigio debido; es etílica en el tema y en el estilo, así que hay que tener cuidado con los mareos. La traducción, al menos en la edición de Alfaguara, que es la que yo leí, es de Vicente Cazcarra y Helen Kriukova.

 

Celia Filipetto: En estos momentos tan raros que estamos viviendo en que parece que todo se desmorona la lectura es un gran refugio. Entrar en un libro, por terrible que sea la historia que nos cuenta, nos permite salir de nosotros, olvidarnos por un rato de lo que nos aflige y volver luego a la realidad cargados de reflexiones.

Tenía en la lista de pendientes Melocotones helados, la novela con la que Espido Freire obtuvo el premio Planeta 1999, y este año, por fin, me puse. Con factura de thriller, la autora cuenta la historia de varias generaciones de una familia y sus secretos. Las apariencias siempre engañan, cada persona se cree libre e independiente y no sabe que no es más que un hilo de una red en la que, tarde o temprano, se cruzará con los otros hilos.

No es un río, de Selva Almada, completa la trilogía que la autora dedica a los varones. Los otros dos títulos son El viento que arrasa y Ladrilleros. Todos ellos muy recomendables. Es insospechable lo que puede pasar cuando alguien pesca una raya de río. Almada lo cuenta muy bien y el castellano entrerriano que utiliza es una fiesta para los traductores.

Desde la línea, de Joseph Ponthus, traducido del francés por Regina López Muñoz, es un poema río en el que el autor nos cuenta la dureza del trabajo precario en mataderos y plantas procesadoras de alimentos envasados, todo ello salpicado de reflexiones sobre esta sociedad, la literatura y la vida.

Impactante el libro de Anna Starobinets Tienes que mirar, traducido del ruso por Viktoria Lefterova y Enrique Maldonado. Cuenta el calvario por el que pasó la autora para poder abortar en su país a causa de una malformación del bebé.

Stoner de John Williams, (hay traducción de Antonio Díez Fernández, en Baile del Sol), es otra maravilla que descubrí en el confinamiento. No se la pierdan, es una maravilla.

 

Cristina Sánchez: Lo mejor que he leído este año, sin duda, han sido la trilogía Guardianes de la Ciudadela, de Laura Gallego García, y la Saga de Geralt de Rivia, escrita por Andrzej Sapkowski y traducida al español por José María Faraldo. Espero que alguien aficionado al género se anime y eche un ojo a estas obras.

 

Maite Fernández: Entre mis últimas lecturas, he disfrutado especialmente con La vida sin maquillaje, de Maryse Condé, traducida por Martha Asunción Alonso y publicada por Impedimenta, y El lugar, de Annie Ernaux, traducida por Nahir Gutiérrez y publicada por Tusquets. Ninguno de esos libros son novedades, y sus autoras llevan ya muchos años consagradas, pero no las había leído y me han tocado especialmente la fibra sensible por su sinceridad. La primera, como anticipa el título, nos cuenta la vida de la propia autora, «sin maquillaje», es decir, sin esconder ninguno de esos sentimientos, comportamientos o decisiones vitales que casi cualquiera podríamos considerar censurables. La segunda, de nuevo nos muestra a su autora a corazón abierto, mientras regresa a casa para el entierro de su padre. A caballo entre la autobiografía y la confesión, se trata de dos relatos radicales sobre cómo enfrentarse a la verdad, sin edulcorantes, que retratan, con la misma lucidez, los entornos sociales y políticos que definen y marcan la vida.

 

Teresa Benítez: Hola, compañeros: ¡Qué buenas recomendaciones!

Escaqueándome de mí misma (ya que tengo otra pantalla abierta esperando mi traducción), me he leído con gusto este hilo y me he animado a participar. Sin darle muchas vueltas, os dejo aquí unas lecturas breves que me vienen ahora mismo a la cabeza:

Canto yo y la montaña baila, de Irene Solá, traducido de maravilla por Concha Cardeñoso: una lectura deliciosa, sensorial y noble, una maravillosa celebración de la naturaleza en todo su conjunto.

El enamorado de la Osa Mayor, de Sergiusz Piasecki, en la edición de Acantilado y traducción de A. Rubió y J. Slawomirski: uno de mis favoritos, inolvidable, siempre lo recomiendo. Una historia de aventuras, una oda a la libertad, en la que de nuevo la naturaleza es protagonista.

La perra, de Pilar Quintana: A esta lectura hay que venir con amortiguadores puestos, para adentrarse en los espesos manglares de la costa del Pacífico colombiano, poblada principalmente por afrodescendientes y golpeada por la violencia, la falta de oportunidades y la injusticia social. La historia de una mujer que no pudo ser madre, y su perra, solas en la selva inclemente.

 

Elena Abos: Me uno a la recomendación de Teresa de la novela Canto yo y la montaña baila, de Irene Solá (traducida al castellano por Concha Cardeñoso). Es una maravilla y hay capítulos para releerlos nada más terminarlos.

Y aunque se ha mencionado ya, insisto en Los orígenes, del autor bosnio/alemán Sašà Stanišić, que ganó el premio nacional de literatura alemán en 2019, traducido por Belén Santana y publicado por Alianza (Alianza de novelas). En la novela el autor intenta responderse a la pregunta «¿de dónde eres?», investigar su identidad, las múltiples aspectos de la identidad de cada uno. La novela me ha encantado, Sašà Stanišić tiene un estilo propio y, bueno, ¡leedla! (aquí una entrevista excelente con el autor, que igual os inspira a leerla).

 

Concha Cardeñoso: Un par de recomendaciones: Piso compartido y Dos novelitas nórdicas, a cual más aguda, fresca, jugetona, dicharachera y deliciosa, además de correctísimo castellano sabrosamente condimentado.

Estas dos obras se resumen en una sola autora: nuestra activísima y activista colega y paisana mía (y de unos pocos cientos de miles más de personas) Ana Flecha Marco. 

Para mí, todo un feliz descubrimiento.

 

Marta Rosa Gil: Pues para el que le apetezca algo muy ligero y divertido recomiendo Dear girls, de la humorista californiana Ali Wong. Es un recopilatorio de cartas divertidísimas que escribe a sus hijas para cuando sean mayores de edad. Os dejo un vídeo de uno de sus monólogos, para que os hagáis una idea y/o echéis unas risas:

 

Elías Ortigosa: Allá van mis recomendaciones con libros que he leído recientemente, dos por categoría (que uno es maniático):

Novela:

Siamés (Mármara), de Stig Sæterbakken. Un matrimonio de ancianos, en cada capítulo, cuenta cómo vive hechos que afectan a ambos. Humor negro y nórdico del bueno. A veces consigue que a uno se le revuelvan las tripas. Es de un pesimismo divertidísimo. Traducción de Cristina Gómez-Baggethun y Øyvind Fossan.

Mi hermana, asesina en serie (Alpha Decay), de Oyinkan Braithwaite. Otra de humor negro desde otra latitud. Tenía muchas ganas de leerla y realmente no esperaba reírme tanto. No sé si tengo un problema. Traducción de Montse Meneses.

Ensayo:

Sobre el duelo (Literatura Random House), de Chimamanda Ngozi Adichie. Lo empecé ayer en la librería y lo terminé por la noche. Habla de la experiencia universal de la muerte de un familiar desde cómo lo vivió cuando su padre falleció en junio del año pasado, con las fronteras de Nigeria cerradas. Muy duro. Traducción de Cruz Rodríguez Juiz.

Descolonizar la mente (Debolsillo), de Ngũgĩ wa Thiong’o. Soy pesadísimo con este ensayo, pero era lectura recomendada para mi TFM y desde entonces este hombre me tiene obsesionado. Una obra imprescindible sobre etnocentrismo que profundiza muchísimo en la cuestión lingüística. Traducción de Marta Sofía López Rodríguez.

Poesía:

El rapto de las hormigas(Luces de Gálibo), de Paco Cumpián. Un poema experimental de 48 páginas de uno de los mayores poetas en español. Muy personal, muy directo.

Compro oro (Letraversal), de Violeta Niebla. Recomendable como todo lo que saca esta editorial (hace poco publicaron a Natalia Velasco, que está también en la lista y cuyo poemario, El cielo de la boca, es muy prometedor y lo tengo aparcado para cuando pueda dedicarle el tiempo que se merece). Si me pongo a explicar el poemario de Violeta, me lo cargo, es buenísimo, así que compradlo y ya lo veis vosotros mismos.

Isabel Llasat: Coincido plenamente con la recomendación de Concha Cardeñoso de los libros de Ana Flecha y lo aprovecho para hilar mis recomendaciones:

Cuando encargué Dos novelitas nórdicas, la editorial Mr. Griffin me regaló un librito obsequio,Damas indefensas en Noruega o la manera más agradable de viajar hasta allí, a través de Dinamarca y Suecia, con apuntes de Escandinavia tomados del natural, de Emily Lowe. Un viaje decimonónico de dos damas nada indefensas. Lamentablemente, no se puede comprar. Creo que pertenece a un libro más largo que tengo pendiente buscar, porque me encantó.

Siguiendo con los libros de viajes, The Amateur Emigrant, de Robert Louis Stevenson, donde cuenta parte de su viaje a California para reunirse con su futura mujer, aunque en realidad lo que cuenta son las horribles condiciones en las que viajaban los emigrantes y parece ser que por eso no se lo publicaron en vida. Veo que Alba lo publicó en traducción del llorado Miguel Martínez-Lage: El emigrante por gusto.

Y, dado que de Stevenson hay que leer, sí o sí, todos los cuentos , aprovecho para reivindicar aquí a unos cuantos cuentistas:

El ángulo del horror (1990) de Cristina Fernández Cubas, aunque también podría ser La habitación de Nona, más reciente, de 2015. Ambos publicados por Tusquets.

Invasió subtil i altres contes (1978) o Cròniques de la veritat oculta, de Pere Calders. Qué poco traducido al castellano está este hombre, ¿cómo es posible? Solo encuentro un par de títulos de Anagrama y este libro de Nórdica, que, aunque me gusta mucho Comotto, me disgusta que lo hayan ilustrado: Cosas aparentemente intrascendentes y otros cuentos. (Fuera de los cuentos, recomiendo al Calders de Unitats de xoc, una crónica muy cotidiana e irónica de su paso como soldado de la guerra civil. Muy interesante).

Cavalcarem tota la nit, que le valió a nuestra colega Carlota Gurt el Premio Mercè Rodoreda de 2019. Con Calders primero y la Gurt después ya tenéis el curso de catalán superado. Si preferís saltaros el curso, nuestro colega Carlos Mayor os lo ha traducido para Navona: Cabalgar toda la noche.

 

Juan Pascual: Ahora que he realizado entrega y soy persona (sé que me entendéis), me lío un poquito la manta la cabeza (también espero no llegar tarde).
Producto de las largas colas y esperas, ahí va mi lista de libros pendientes desde hacía años y otros más recientes que «me han hecho compaña» (tal cual), que diría mi abuelo:
El informe Monteverde, de Lola Robles (con una protagonista que es traductora, lingüista, investigadora…); La parábola del sembrador, de Octavia Butler (trad. de Silvia Moreno); La cabaña del fin del mundo, de Paul Tremblay (trad. de Manuel de los Reyes); Huesos en el valle, de Tom Bouman, y Días apasionantes, de Naoise Dolan (ambos trad. de Esther Cruz), y Consecuencias naturales, de Elia Barceló.

 

Vicente Fernández González: Dos libros que leo estos días con fruición y recomiendo:

Emily Dickinson: Herbario y antología poética, selección y traducción de Eva Gallud (editorial: Ya lo dijo Casimiro Parker).

Stefan Zweig: Viajes, traducción de Esther Cruz (editorial: Catedral).

Y dos de Nicos Cavadías que me dispongo a leer:

La guardia, traducción revisada de Natividad Gálvez García
(Trotalibros Editorial).
La Cruz del Sur. Poesía completa, traducción de David Hernández de la Fuente (Alianza Editorial).

Pilar González: A mí me gustaron mucho y me abrieron las puertas de otros mundos estos tres, bueno, estos cinco:

Vikram Seth, Un buen partido, Anagrama, trad. Damián Alou.

Naguib Mahfuz, la trilogía de El Cairo: Entre dos palacios, Palacio del deseo y La azucarera, Alcor, trad. Gálvez Vázquez, Gil Grimau, López Enamorado, Monclova Fernández y Thomas de Antonio.

Fatema Mernissi, Sueños en el umbral. Memorias de una niña del harén, Ediciones b, trad. Ángela Pérez Gómez.

Y, al final, uno brevísimo, pero estupendo: Kathrine Kressmann Taylor, Paradero desconocido. RBA, 2020, Trad. Carmen Aguilar González.