Lost without translation

Miércoles, 30 de septiembre de 2020.

 

Sin traducción, habitaríamos provincias lindantes con el silencio.

Esta frase, conocida por todos y por tantos repetida verbatim, fue acuñada por George Steiner, especialista en literatura comparada y teoría de la traducción, que falleció el 3 de febrero de este año. Huelga decir que Steiner, franco-anglo-estadounidense, no la formuló en español: como tantas otras sentencias, como tantos otros textos o testimonios, ha llegado a nosotros regurgitada por un traductor (la imagen quizá resulte un tanto paternalista, amén de repugnante, pero ¿no es cierto que el traductor digiere el texto original y lo expele —con esfuerzo, eso sí— para que sirva de alimento para el lector?).


La cuestión no es lo que se pierde en la traducción, sino lo que nos perdemos nosotros sin ella


La frase de Steiner se repite textualmente y, sin embargo, incurriendo en una imperdonable paradoja, nunca citamos a quien eligió el verbo «habitar» o el adjetivo «lindante», seguramente tras valorar y descartar —¿por matiz semántico, por sonoridad, por ritmo?— otras opciones igual de válidas. Así que gracias, quienquiera que fueras: sin tu trabajo, no podríamos leer en castellano la frase que inspira este CENTÓN.

Sin traducción, de hecho, serían muchas nuestras carencias: la cuestión no es lo que se pierde en la traducción, sino lo que nos perdemos nosotros sin ella. Por eso, con motivo del Día Internacional de la Traducción, que se celebra hoy 30 de septiembre, festividad de san Jerónimo —traductor de la Biblia y patrón de los traductores—, nos propusimos publicar un CENTÓN inspirado en la famosa frase de George Steiner (y de su traductor o traductora al español), para lo cual pedimos a los miembros de ACE Traductores que la terminaran como mejor les pareciera.

Normalmente, en un CENTÓN de VASOS COMUNICANTES se recogen todas las intervenciones, una detrás de la otra, junto con los nombres de sus autores, como si de un diálogo (virtual) se tratase. Sin embargo, en esta ocasión se nos ocurrió agrupar las respuestas por temas y, al hacerlo, estas se fueron entretejiendo de manera casi natural hasta formar una colcha de patchwork.

El resultado no es un CENTÓN al uso, sino un breve manifiesto espontáneo en defensa de la profesión. Porque sin traducción estaríamos perdidos.

Paula Zumalacárregui Martínez
Consejo de redacción de VASOS COMUNICANTES


Sin traducción…

 

Sin traducción, viviríamos en el solipsismo. Seríamos más egoístas. Se cerrarían fronteras y volverían a alzarse muros entre culturas. Se romperían los puentes entre las islas de palabras que habitamos y seríamos robinsones recluidos en nuestras propias islas. Las lenguas vivirían encerradas en confinamientos eternos y no podríamos casi viajar al pasado; seguiríamos durmiendo al raso. Veríamos y oiríamos; deduciríamos; nos quedaríamos indefensos. Sin traducción, ¿hablaríamos todos el mismo idioma? ¿Habría comunicación?

Sin traducción, habría más desigualdad. Solo habría barbarie. Los libros en lenguas extranjeras serían para lectura de unos pocos: un lujo de cosmopolitas, un privilegio más de los privilegiados. Habría una profesión menos y más gente buscando cómo ganarse los garbanzos: las editoriales publicarían mucho menos, reducirían plantillas y aumentaría el paro.

Sin traducción, no habría literatura. No habría tradición, ni transfusión, ni tracción: los textos de los libros morirían una vez escritos. Fray Luis de León no habría podido escribir su hermoso prólogo al Cantar de Cantares… en particular su penúltimo párrafo, donde se declara traductor sutil, orgulloso y fiero (no con esas palabras, claro):

Lo que yo hago en esto son dos cosas: la una es volver en nuestra lengua palabra por palabra el texto de este Libro; en la segunda, declaro con brevedad no cada palabra por sí, sino los pasos donde se ofrece alguna oscuridad en la letra, a fin que quede claro su sentido así en la corteza y sobrehaz…

Sin traducción, nos perderíamos mundos y estaríamos condenados a leer el mismo libro una y otra vez (¡qué aburrimiento!). Borges no habría creído que El Quijote estaba escrito originalmente en inglés. Mark Twain no habría leído a Cervantes y ¿qué sería del río Misisipí y de nosotros sin Huckleberry Finn? Sin traducción, Victor Hugo, Shakespeare, Tolstói, Goethe [etc., etc., etc.] nos serían desconocidos: se acabó la función (sobre todo, las de Shakespeare fuera de Inglaterra).

Sin traducción, las distintas literaturas serían…

un pez que nada
sin parar de dar vueltas
solo en su estanque.

Sin traducción, no leeríamos.

Fotografía del archivo de la traductora Geneviève Naud