Lenguas

La caza del Snark (1). Tres obediencias

Por Juan Gabriel López Guix • Publicado el 22/07/2026

En la primavera de 2026, se cumplieron ciento cincuenta años de la publicación de The Hunting of the Snark (1876), la tercera obra más famosa de Lewis Carroll tras las dos Alicias (Alice in Wonderland, 1865; y Through the Looking-Glass, 1871). El poema, que fuera del mundo anglosajón es mucho menos popular que los dos libros anteriores, narra la peripecia de un heteróclito grupo de marineros en busca de una criatura elusiva y peligrosa. Escrito en un estilo épico-burlesco, se ha dicho de él que «describe con humor infinito el viaje imposible de una tripulación improbable en pos de una criatura inconcebible». Por su juego constante con el nonsense, género en el que está considerado una de sus cumbres, fue acogido con desconcierto en el momento de su publicación. Sin embargo, la fascinación ejercida por la obra y el impulso por el significado hicieron que, desde el principio, los lectores fueran más allá del barniz superficial de levedad, chanza y chascarrillo, y no dejaran de formular múltiples interpretaciones. Una de ellas, a la que se abonó a posteriori el propio Carroll (quien no dejó de afirmar que no sabía qué significaba su poema), es que ese viaje es un viaje en busca de la felicidad. Hay muchísimas más. El paralelismo es posible, por ejemplo, con la Epopeya de Gilgamesh (cuyo sensacional descubrimiento por George Smith () fue contemporáneo de la composición del poema) en la medida en que el paso del tiempo y, en última instancia, la muerte pueden considerarse temas centrales de la obra, como ocurre con la epopeya acadia.

En total, el castellano posee, al menos, contando las latinoamericanas, dieciséis traducciones diferentes (a cargo de dieciocho traductores): once españolas, tres mexicanas y dos argentinas; en las otras tres lenguas cooficiales del Estado español, hay dos al catalán, dos al gallego y una al euskera. En estos años recientes que han culminado en la celebración del sesquicentenario, han ido apareciendo nuevas traducciones a las cuatro lenguas oficiales de España.

En castellano, el título mayoritario es La caza del Snark, aunque tenemos un La caza del carabón, un La caza del carualo y un La caza del Tiburiente. En euskera, también Snark es la opción elegida para el nombre de la criatura: Snarkaren ehizan. Sin embargo, en las otras dos lenguas, la diversidad es la norma: La caça del Merma y La cacera del Sauró, en catalán; y, en gallego, A caza do carbairán y A caza do Tiburente (que forma pareja con La caza del Tiburiente, obra de los mismos traductores).

La traducción de la palabra inglesa snark, inventada por Lewis Carroll como nombre para su monstruo, plantea a los traductores un curioso dilema: ¿cuánta autoridad tiene el autor? ¿Es un informante fiable, y su palabra es la ley? ¿Debemos atender a sus indicaciones o nos dejamos llevar por insinuaciones que obedezcan a lógicas diferentes, ya sean textuales, literarias o culturales? En realidad, el modo concreto de trasladar la palabra (y el propio título) es una «respuesta en acto», por emplear un término psicoanalítico o filosófico, a esas preguntas.

Así, en relación con la autoridad del autor, disponemos del testimonio de una amiga de Carroll que, ya adulta, hizo pública la explicación que él le había dado acerca del significado de la palabra. Se trata de un artículo que lo recuerda con cariño tras su muerte e incluye la afirmación autoral según la cual el término era una combinación de snail («caracol») y shark («tiburón»). Dicha etimología da cuenta de las traducciones «carabón» (caracol + tiburón), «carualo» (caracol + escualo) y, en gallego, «carbairán» (caracol + tabeirón [tiburón], con un aporte de caimán). Siguiendo el mismo procedimiento (la creación de una «palabra maleta»), aunque modificando uno de los formantes, se ha llegado, también en gallego, a «tiburente» (tiburón + dente) y a su pareja castellana «tiburiente» (tiburón + diente).

Otras traducciones ponen de manifiesto un mayor grado de libertad creativa por parte del traductor: son las dos existentes al catalán, que usan «Merma» y «Sauró». En «Sauró», la alusión a un suborden de los reptiles y el uso tradicional de la palabra como formante de toda una serie de lagartos terribles transmiten una adecuada sensación de peligro, aumentada por las resonancias tolkienianas de un nombre casi idéntico al de Sauron, el Forjador del Anillo y Señor Oscuro de Mordor (Sàuron, en catalán). «Merma», por su parte, entronca de modo más libre con referentes de la cultura de llegada y son tres las capas de significado que es posible desentrañar: por un lado, es un personaje tradicional de la zona de Vic que se dedica a perseguir niños, quienes le gritan «¡Muera el Merma!»; por otro, Mori el Merma fue precisamente el título de una obra que la compañía teatral La Claca estrenó en 1978 con decorados y títeres de Joan Miró y en la que se denunciaba la corrupción y el despotismo del dictador muerto hacía pocos años; y, por último, merma, remite en catalán (como en castellano) a la reducción, al hecho de mermar, lo cual es muy pertinente en el caso de una criatura que puede acarrear a la desaparición total de quien tropiece con ella.

Un tercer proceder, mayoritario en castellano y usado también en euskera, consiste en tomar como préstamo la palabra inglesa y considerar que esa literalidad posee una entidad suficiente y no desentona en términos de coherencia textual. Tiene la ventaja de que, en una época de cultura de masas, intertextualidad exacerbada y memes compartidos a escala planetaria, mantiene una referencia en cierto modo universal debido a la hegemonía del ámbito cultural anglosajón.

Tres estrategias, tres caminos, tres obediencias: atender a lo que se percibe como intención del autor, seguir el vuelo creativo del traductor y ceñirse al texto del modo más literal por considerar que ese literalismo cumple de modo satisfactorio con las exigencias de la textualidad.1

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  • (1) Referencias: Las traducciones publicadas en los últimos años en España y mencionadas en el artículo son: La cacera del Sauró, trad. Miquel Àngel Lauger (adesiara, 2020); A caza do Tiburente y La caza del Tiburiente, trad. Alberto Ruiz de Samaniego y Xabier Meilán (Factoría K de Libros, 2022); Snarkaren ehizan, trad. Manu López Gaseni (Pamiela, 2024); y La caza del Snark, trad. Juan Gabriel López Guix (Folioscopio, 2026). También se mencionan: La caza del carabón, trad. Adolfo Sarabia (Universidad de Valladolid, 1991); A caza do carbairán, trad. María Pilar J. Aleixandre (Xerais, 1996); La caça del Merma, trad. Amadeu Viana (Pagès, 1999); y La caza del carualo, trad. Jordi Doce (Nórdica, 2016). El artículo citado sobre la etimología de snark fue publicado por Beatrice Hatch en The Strand Magazine en 1898. volver

(artículo completo en el trujamán)


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