Un pequeño tributo. Miguel Martínez-Lage (1961-2011)
Por José Francisco Fernández
29/04/2026
En 2026 se cumplen quince años de la prematura muerte de Miguel Martínez-Lage, probablemente uno de los traductores con más talento de su generación, ganador del Premio Nacional a la Mejor Traducción en 2008 por su monumental La vida de Samuel Johnson, de James Boswell. Miguel era, además, un asiduo colaborador de El Trujamán, revista en la que llegó a publicar sesenta y ocho artículos (☛) (el último, el 25 de abril de 2011, apareció pocos días después de su fallecimiento).
Sería quedarse corto decir que Miguel vivía por y para traducir, en su caso era algo más, se trataba de una pasión que vertebraba su existencia. En una ocasión le pregunté para una entrevista por la angustia de traducir, por las constantes decisiones a las que se enfrenta el traductor en cada línea:
En cuanto a la angustia propiamente dicha —me dijo— bendita sea. Cuando la traducción aún flota en suspensión en el líquido de las decisiones por tomar, que es un líquido de consistencia indecisa, la situación es de una dicha considerable. Cuando llega el momento de precipitar los sedimentos, la angustia se torna sencillamente cordura ante las pérdidas, que conviene enjugar cuanto antes con las ganancias que uno tenga a mano introducir sin violentar el texto.
Me gustaría centrarme en esta ocasión en un aspecto menos conocido de su profesión, y me refiero a su labor de verter al castellano textos poco conocidos del premio Nobel Samuel Beckett. Miguel era un entusiasta de la prosa lacónica y austera del irlandés, y contribuyó decisivamente a promocionar su obra en nuestro país. Por ejemplo, en 2004 tradujo una pieza emblemática del Beckett de madurez, Stirrings Still (1989), una obrita que ya había aparecido en castellano con títulos muy incómodos y desajustados, como Vueltas inmóviles o Quietud, aun inquieta. Miguel lo clavó con A vueltas quietas, una solución magistral que combina armónicamente movimiento y parálisis. Fue Miguel también quien había dado con el título perfecto en castellano de la imposible primera novela de Beckett, Dream of Fair to Middling Women, escrita en 1932 y publicada en español en 2011: Sueño con mujeres que ni fu ni fa.
Pero volviendo a A vueltas quietas, este difícil texto beckettiano acaba con una frase enigmática que le supuso a Miguel más de un quebradero de cabeza: «Oh all to end», y que Miguel tradujo como «Ay, que todo termine», introduciendo una coma que no estaba en el original pero que, en sus propias palabras, «no pude renunciar a ella cuando lo traduje. En esa renuncia suya [de Beckett] a la respiración, sus palabras sobrepasan el tiempo y significan más al estar al borde de lo insignificante». Esto puede dar una idea de la atención que Miguel prestaba a cada vocablo y a cada signo de puntuación.
Miguel fue también el director de un grupo de expertos (Libertad Aguilera, Daniel Aguirre Oteiza, Gabriel Dols y Robert Falcó) que se encargaron de traducir Worstward Ho (1983) al castellano, con el resultado Rumbo a peor (2001), también un título muy conseguido. Para hacernos una idea de la dificultad del texto, para el que hicieron falta cinco mentes trabajando al unísono, veamos la primera frase: «On. Say on. Be said on. Somehow on. Till nohow on. Said nohow on». Para Carlos Rod, amigo personal de Miguel y uno de los responsables de la editorial La uÑa RoTa, que publicó varios de sus textos beckettianos, fue el vocablo «on» el que más desvelos le costó traducir a Miguel. La maestría de la solución a la que llegaron da una muestra de la pasmosa intuición de un traductor único: «Aún. Di aún. Sea dicho aún. De algún modo aún. Hasta en modo alguno aún. Dicho en modo alguno aún». En mi traducción de un relato de Beckett, Primer amor (original de 1970, traducido en 2017), quise hacer un homenaje a esta traducción deslumbrante. El protagonista del relato recuerda una etapa aciaga de su vida, cuando le iban muy mal las cosas con su pareja e intuía acertadamente que pronto estaría de patitas en la calle: «From that day forth things went from bad to worse, to worse and worse». La ocasión la pintan calva y en mi versión al castellano aproveché para colar el título del libro de Miguel y sus colaboradores: «Desde ese día en adelante las cosas fueron rumbo a peor, de peor en peor». Es un detalle insignificante, pero me agradó poner esa expresión. No suponía ninguna disrupción del discurso y me permitía honrar la memoria de un maestro.
(artículo completo en el trujamán)
