El Trujamán

Historia

Boris Illin, ruso blanco, militar del ejército de Franco, traductor e intérprete

Por Alberto Rivas Yanes
20/05/2026

En el cementerio de la localidad de Donhierro (Segovia) hay un sepulcro que contrasta con el resto de las tumbas del camposanto por el elevado conjunto escultórico en bronce que lo corona, formado por una figura —en pie sobre un pedestal de granito pulido— cubierta con una túnica (al modo de la representación tradicional de la muerte) que se prolonga en una capucha cuya estrecha abertura no deja ver ningún rostro, sino solo un inquietante hueco, y un elegante borzoi posado sobre la parte derecha, más baja, del pedestal, que dirige su mirada a dicha figura y le tiende una de sus patas. Las manos que sobresalen de la túnica aferran una larga espada con una cruz en el pomo de la empuñadura y una venera sobre la guarda. En la parte izquierda del pedestal están grabados una cruz ortodoxa rusa y el emblema del arma de caballería española. Sendos textos laudatorios están tallados en el granito de la lápida vertical (en ruso, en caracteres cirílicos) de la parte derecha del pedestal y de la lápida horizontal (en español) que cubre la tumba, con las fechas de nacimiento (San Petersburgo, 16-12-1910) y muerte (Madrid, 7-12-1986) de Boris Illin Borck, su morador.

Illin fue un ruso blanco, descendiente de militares zaristas, que combatió como voluntario junto a Franco en la Guerra Civil y, arraigado en España tras la contienda, trabajó como traductor e intérprete en el ejército y la administración franquistas y posteriormente en las Naciones Unidas. El perfil de Boris Illin presenta similitudes con su casi coetáneo André Marling (París, 1909-Viena, 2005), que también era ruso de origen (aunque la adscripción ideológica de sus progenitores fuera antagónica a la de los padres de Illin) y se instaló en 1949 en la España de Franco, a cuyo régimen se sentía muy afín, para terminar trabajando en los servicios lingüísticos de las Naciones Unidas.

Solo un reducido número de rusos blancos pertenecientes a la diáspora del bando derrotado frente al Ejército Rojo iniciada a partir de 1920 participaron como voluntarios del ejército franquista en nuestra Guerra Civil: entre ciento cincuenta y ciento setenta militares, según Xosé Manoel Núñez Seixas y Oleg Beyda. Boris Illin era hijo de Vladímir Illin, coronel zarista de ingenieros y jurídico militar que murió deportado en la Unión Soviética tras la derrota del Ejército Blanco, y de Nadejda Borck, hija de un general de brigada, la cual continuaba residiendo en Rusia al comenzar la Segunda Guerra Mundial; los dos eran naturales de San Petersburgo. Boris salió de Rusia, muy probablemente siendo aún un niño, y vivió como emigrado en Rumanía y en Alemania.

Se trasladó a España iniciada la Guerra Civil y en marzo de 1937 se alistó en las milicias carlistas (que poco tiempo después quedaron fundidas en la «milicia nacional» del partido único del bando insurrecto). Prestó servicios inicialmente en la provincia de Toledo y, nombrado alférez de milicias en el mes de julio, se incorporó al Tercio de doña María de Molina, con el que combatió en los frentes de Aragón y Guadalajara hasta mediados de diciembre de 1938. En enero de 1939 pasó a formar parte de un escuadrón de caballería activo en las provincias de Granada y Jaén hasta el final de la contienda, tras el cual fue licenciado el 31 de mayo. Unos meses antes, la Unión General de Militares Rusos Blancos Emigrados había certificado en Bruselas su incorporación a la Unión.

El 16 de agosto de 1939, mediante decreto firmado por Franco (BOE de 23 de agosto), se le concedió la nacionalidad española, como se hizo con otros rusos blancos que combatieron en el ejército franquista; la adquisición de la nacionalidad implicaba la reununcia a «todo pabellón extranjero». Pronto viajó a Hamburgo, en cuyo consulado español se dio de alta como residente en la ciudad —ya en plena Guerra Mundial— el 8 de septiembre. En la primavera de 1940 estaba de vuelta en España, donde obtuvo una comisión oficial en las oficinas de prensa de las legaciones de España en Rumanía y Bulgaria para trabajar como traductor «de idiomas eslavos [ruso y búlgaro], alemán, rumano y francés». Partió de Madrid hacia Rumanía —donde pronto se haría con el poder el dictador Antonescu, apoyado por Alemania— probablemente en el mes de junio de ese año y regresó a España en agosto de 1943, una vez disueltas dichas oficinas de prensa ante la intensificación de los bombardeos aliados sobre Rumanía y la situación cada vez más frágil del gobierno germanófilo de Bulgaria. Al parecer, continuó prestando servicios como traductor en España hasta principios de 1944, cuando solicitó reingresar en el ejército español. En otoño de ese año intentó ocupar un puesto vacante de traductor en la Escuela Superior del Ejército en Madrid, pero no lo logró hasta julio de 1945; en ella permaneció hasta fin de enero de 1947, traduciendo al español del ruso, el alemán, el francés, el inglés y el serbio. En estos años fue ascendiendo de alférez a teniente y, posteriormente, a capitán de caballería. En 1954 pasó a la reserva y colaboró como traductor en la Oficina de Información Diplomática (OID) del Ministerio de Asuntos Exteriores hasta el final de 1957.

En 1958 pasó un tiempo en Ginebra, donde aspiraba a obtener algún contrato en los servicios lingüísticos de las Naciones Unidas; en una carta familiar desde allí, mi padre, que había conocido a Illin en la OID, afirma que «lo que le pasa es que conoce bien el ruso, el español, el francés y el inglés, pero ninguna de ellas con la suficiente corrección». En 1960 superó los exámenes de intérprete de conferencias de ruso de las Naciones Unidas y trabajó como tal durante un tiempo en la sede de Nueva York, por lo que pasó a la situación de retirado en el ejército, pero unas no aclaradas «cuestiones no técnicas —más bien políticas—» le impidieron continuar trabajando para la organización, y en febrero de 1961 estaba nuevamente en España. Cabe suponer que la delegación soviética, en vista de sus antecedentes políticos y militares, interviniera para que la organización prescindiera de él. Pese a todo, tras pasar un tiempo en España, entre 1962 y como mínimo 1968, Illin obtuvo contratos de intérprete temporero del español al ruso en la sede de Ginebra. En algún momento debió de completar sus estudios iniciales de Bachillerato con una titulación en Filología Hispánica de la Universidad de Salamanca de la que hacía gala en su tarjeta de visita. Por otra parte, en los años sesenta vio frustrado, al menos en una ocasión, su intento de ingresar en el Cuerpo de Traductores de la Dirección General de Prensa franquista.

No he encontrado testimonios de los pasos de Illin en sus dos últimos decenios de vida, pero sin duda se mantuvo fiel, hasta la muerte del dictador, al régimen imperante en la que consideraba su «adoptiva patria», al que había prestado un «continuo y leal servicio». Curiosamente, tal servicio no le había impedido trabajar durante años codo con codo en los organismos internacionales, en plena Guerra Fría, con sus colegas intérpretes venidos del corazón de la Unión Soviética.1


(artículo completo en el trujamán)


Tecnologías

«Más rápido que el tiburón lejano»

Por Lucas Martí Domken
13/05/2026

Cunde la desesperación entre escritores y traductores. Sí, efectivamente, los algoritmos son capaces de realizar textos relativamente bien estructurados e incluso originales...
Traductología

«El corazón de las tinieblas» (y 5). Títulos

Por Juan Gabriel López Guix
06/05/2026

A la hora de retraducir un clásico o, lo que es lo mismo, una obra con una larga tradición de traducciones, tarde o temprano se plantea la cuestión del título...
Autores s. xx

Un pequeño tributo. Miguel Martínez-Lage (1961-2011)

Por José Francisco Fernández
29/04/2026

En 2026 se cumplen quince años de la prematura muerte de Miguel Martínez-Lage, probablemente uno de los traductores con más talento de su generación, ganador del Premio Nacional a la Mejor Traducción en 2008 por su monumental «La vida de Samuel Johnson», de James Boswell...
Traductología

La sabiduría de la ambigüedad

Por Carmen G. Aragón
22/04/2026

Viena, 1782 o alrededores. Mozart escribe unos cánones de carácter lúdico. Uno, «Leck mich im Arsch», literalmente «bésame o lámeme el culo», vendría a decir «Que te den por culo». Tras la muerte del genio, su esposa, Constanze, mandó esos cánones a la casa editorial Breitkopf y Härtel, que los publicó «embellecidos»...
Lenguas

A vueltas con las almas de Heathcliff y Catherine

Por Ana Isabel Sánchez
15/04/2026

No sorprende que varios de los sellos que han publicado ediciones de «Cumbres Borrascosas», la novela de Emily Brontë, a raíz de «'Cumbres Borrascosas'» (sí, entre comillas), el largometraje de Emerald Fennel, hayan elegido la misma cita para promocionarla...

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies