Las palabras son herramientas poco fiables: su significado es a menudo impreciso y escurridizo. Como las pinceladas en un cuadro impresionista, a menudo solo adquieren sentido en relación con el resto de los trazos cuando se observa la obra completa.
En algunos casos es especialmente complejo percibir y manejar su falta de concreción. Adjetivos como bueno tienen un significado propio e invariable, pero que no deja de ser acusadamente genérico. Algo bueno es algo positivo. Sin embargo, esa positividad solo adquiere una forma precisa en relación con situaciones concretas: un buen amigo (moralmente ético), una buena comida (sabrosa), un buen partido (divertido), un buen trabajador (rápido y eficiente), etc. Palabras como bueno son significantes flotantes, es decir, formas lingüísticas que adaptan su significado genérico a distintas realidades con el material conceptual que es relevante en cada situación. Igual que los barcos recargan suministros en cada puerto con productos locales.
Su vaguedad semántica se hace aún más patente cuando cruzan aguas internacionales y fondean en los puertos de otras culturas. Traducirlas no siempre es sencillo. Una buena persona se puede traducir como a good person en inglés, activando el mismo concepto de persona moralmente ética en ambos idiomas. Las dos culturas comparten además una idea similar de lo que se entiende por persona moralmente ética. Pero en otros casos usar un significante equivalente o incluso buscar la colocación más adecuada en la lengua meta no es suficiente ya que cada cultura establece asociaciones con escenarios conceptuales diferentes. Eso es lo que ocurre con el adjetivo normal. La victoria de Zohran Mamdani en las elecciones a la alcaldía de Nueva York lo ha puesto de manifiesto.
Normal significa ‘habitual’ y/o ‘razonable’ tanto en América como en Europa; pero la parametrización social y cultural de su significado nuclear es diversa en estos dos contextos. En un artículo publicado en The Planet (Substack), (☛) Alexander Verbeek menciona una conversación que escuchó en un café de Oslo en relación con el candidato demócrata neoyorkino: «Finalmente, un político americano que suena normal».
¿Qué significa normal para un europeo en el contexto de las propuestas de políticas sociales de una campaña electoral? Desde la perspectiva del estado del bienestar consolidado que disfrutamos en nuestro continente, las promesas electorales de Mamdani —cuidado universal para menores, transporte público gratuito, fijación de un límite a los alquileres— son, en efecto, normales. En Estados Unidos, sin embargo, el adjetivo normal no describe esas mismas realidades. Más bien lo contrario. Lo normal allí es la ausencia de un estado del bienestar universal y sostenido por los impuestos. La campaña electoral de Mamdani ha abierto la posibilidad de dotar a este adjetivo, en el contexto americano, del contenido que adopta cuando descansa al abrigo de los puertos europeos.
Las palabras reflejan la realidad. El significado flotante del adjetivo normal en relación con las políticas públicas está virando tanto en Nueva York, con el discurso elegido por Zohran Mamdani para su campaña electoral, como en Europa. Y lo está haciendo en direcciones opuestas: adoptando allí el sentido que aquí se está perdiendo. No deja de ser irónico que ahora que los americanos ganan elecciones adoptando nuestra visión de lo normal, en Europa la parametrización cultural del significado de este adjetivo esté comenzando a ser arrastrada en la dirección opuesta. Las listas de espera en los hospitales, la falta de profesionales sanitarios, la crisis de los cribados en algunas comunidades autónomas y las dificultades económicas por las que atraviesan las universidades públicas se van alargando en el tiempo y haciendo que lo normal aquí comience a ser la degradación y el desmantelamiento del sistema sanitario y la educación pública.
Los significantes flotantes, como el adjetivo normal, que se parametrizan de manera diferente en distintas culturas e incluso dentro de una misma cultura a lo largo del tiempo, son un reto para la traducción humana. Para ChatGPT y el resto de los grandes modelos lingüísticos, quizás un imposible. Traducir el adjetivo normal en el ámbito de las políticas sociales al inglés va más allá de buscar la colocación adecuada en la lengua meta (normal/standard/mainstream social policies), que es todo lo que nos ofrecen hoy en día las traducciones mediante IA. Por el contrario, requiere una explicación que haga visible la parametrización de su significado genérico en la sociedad a la que se refiere. El significado no está en las palabras, sino en su modelización social y cultural. La IA puede llevar el barco a otro puerto, pero no sabe qué mercancías debe cargar para dar sentido al viaje.
(artículo completo en el trujamán)
Se parecen, se parecen..., pero no son lo mismo (27): «monkey» y «ape»
Por Fernando A. Navarro
10/12/2025
