El 10 de diciembre de 2025 murió Robe Iniesta, líder de Extremoduro. Desde entonces deseo que un cliente me envíe para traducir, como tantas veces antaño, el catálogo de una ferretería. Con suerte, podré volver a escribir papel secante en un segmento de Trados. Solo yo sabré que el subtexto de esas pocas letras alude al final de la primavera, a las estrellas que nos hablan, amor, desde cualquier lugar.
¿Qué poso intangible deja la obra de un músico errante en la cultura en la que se desarrolla? En la primera viñeta de la página 101 de mi traducción del cómic Duelo aparece una frase anodina: «¡Andar, lo que es andar, anduve!». El original francés reza así: «Ah ça, pour marcher, on aura marché!». Se trata de la obra Duel, de Renaud Farace, publicada por Casterman en 2015.
Hay pocas cosas originales en este mundo. Todos bebemos de todo. Intertextualidad dicen que se llama. Mi original era tan poco original que se basaba en el relato The Duel-A Militar Tale de Joseph Conrad, publicado en 1908. Hace poco, en estas páginas, nos hablaba López Guix de Conrad y el hibridismo (☛) en su escritura. Conrad, a su vez, fue tan poco original que se basó en una historia real. Y Farace, mi original, ¿en quién se basó? ¿En Conrad? ¿En sus traducciones? ¿En la versión fílmica de Ridley Scott? ¿De dónde surgió esa frase anodina? Mi traducción de ese fragmento bebía de Robe.
Ponent Mon publicó el cómic Duelo en España en 2018. Yo lo traduje en 2017. Cualquier fan de Robe reconocerá en la mencionada frase un verso del tema «Del tiempo perdido» incluida en el disco Destrozares, que salió a la luz a finales de 2016. No es una de las crudas frases de Robe que te sacuden, pero es una referencia que te transporta a su canción, su disco, su obra. Puedo imaginarme en 2017 descubriendo el nuevo álbum de un artista —él, sí, único y original— que me ha acompañado siempre. Puedo verme desarrollando poco a poco los parlamentos de una obra compleja, con múltiples referencias internas y con el peso de Conrad. Yo le sumaba otra capa. Y lo volvería a hacer si acaso fuera necesario.
En 2017 yo ya traducía cómics sin prisas, sin carga. Acumulaba los suficientes ISBN al peso como para sentirme libre. Traducía con calma, sin miedo, y sabía que solo le tenía que ser fiel a las personas lectoras y a mí mismo.
Cuando uno traduce, lo que escucha, lo que lee, lo que vive se vierte en su pluma. En toda mi obra traducida hay rastros de Extremoduro. Las traductoras vamos dejando una huella en nuestros textos de manera más o menos deliberada. En este caso era tan consciente de lo que hacía como para recordarlo ocho años después.
Cuando la suerte te ofrece un original que dice algo como «la marea está subiendo» o «se ha apagado el fuego», ¡qué felicidad rezuma al escribir «va a subir la marea» o «se apagó el fogón»! Y uno se pregunta si alguna vez alguien, al leerlo, si es que alguien nos lee, sonreirá al reconocer la referencia y escuchar, en su caja gris, todo el Rock transgresivo, todo el Deltoya.
Si Extremoduro ha influido a tantas bandas, ¿a cuántas traductoras nos ha prestado sus versos? Si Robe le robó letras a Hernández, a Chinato, nosotras se las robamos a Robe. ¿Qué huella deja una traductora en sus textos? Gracias, Robe, por cantarnos que, desde nuestro rincón en el mundo, las traductoras también podíamos preferir ser indias que solo viven provisionalmente.
(artículo completo en el trujamán)
Se parecen, se parecen..., pero no son lo mismo (27): «monkey» y «ape»
Por Fernando A. Navarro
10/12/2025
