¿Quién asesinó al verbo matar?
«Las autoridades identificaron el jueves a los dos hombres asesinados en el accidente de un avión monomotor cuando intentaba aterrizar en Torrance». Lo que arranca así no es una novela negra sino una noticia de Telemundo, cadena estadounidense en español, que relata un accidente ocurrido en Los Ángeles.
«Tres soldados asesinados en el Cauca». «Biden participa en el traslado dignificado de los tres soldados asesinados en Jordania». «Setenta soldados asesinados en Burkina Faso»... El asesino en serie de militares recorre continentes y siglos: la revista española Historia titula un artículo sobre el Egipto de los faraones «El enigma de los sesenta soldados asesinados de Deir el-Bahari», aclarando que aquellos cuerpos sepultados cerca de Luxor pertenecían a «soldados caídos en combate».
Asesinar es un crimen. Matar al enemigo en el campo de batalla es un deber. ¿Estamos ante redactores pacifistas deseosos de recordarnos que toda guerra es un crimen? No. Quien ha trabajado alguna vez con estudiantes de la carrera de Traducción sabe que en la última década traducen por reflejo el verbo inglés to kill con asesinar, como opción única: el verbo matar parece no existir en su vocabulario. Está claro que es lo que ha sucedido con la avioneta de California y los soldados jordanos. Pero ¿es únicamente un problema de traducción? El artículo sobre Luxor lo firma una arqueóloga española, aunque utilizará fuentes anglosajonas. Y en los titulares de soldados «asesinados» en combate con la guerrilla colombiana no hay filtro inglés alguno.
Podría haber un intento de atribuir a los guerrilleros la condición de criminales mediante el uso del verbo. Uso que me defendía un periodista español —más activista que periodista— en la guerra civil de Siria: en un tiroteo entre yihadistas del Daesh y milicianos kurdos, a los primeros los describía como «abatidos» o «eliminados» y a los segundos, como «asesinados», para dejar claro quién era héroe y quién, canalla. Pero en prensa latinoamericana también hay «guerrilleros asesinados en combate». Y el hábito ya ha llegado a los mejores: en una reciente novela traducida del serbocroata leemos que «una mujer había sido atacada y asesinada por un oso»,1 y aunque es difícil saberlo sin ver el original, no parece haber una intención expresa de humanizar al animal. Más bien parece que el verbo asesinar se está estableciendo como opción por defecto para toda muerte violenta. Pronto, terremotos y huracanes también asesinarán a la población.
El origen de esta evolución del idioma casi con certeza es un error en las traducciones del inglés, fomentado por los programas multilingües: aunque Google Translate es hoy bastante versátil según el contexto, la frase aislada «he was killed» sigue traduciéndose como «fue asesinado». Las traducciones erróneas llegan a calcarse en prensa y blogs y de ahí se retroalimentan los programas. (☛) Pero ¿por qué se ha expandido tan rápido este modelo de mala traducción?
La respuesta probablemente esté en la gramática: también se ha calcado del inglés (y antes del francés) el uso pródigo de la voz pasiva, hasta aniquilar por completo el sujeto anónimo de la tercera persona plural («lo mataron») y yendo a por la secuencia sujeto-verbo aun cuando el sujeto figura en la frase («una mujer fue asesinada por un oso» y no «un oso mató a una mujer»). En estas condiciones, el uso de asesinar prácticamente se impone: la voz pasiva de matar suena torpe (nadie dice «fue matado en un accidente») y el clásico «se mató en un accidente» parece reservado al habla del pueblo llano. En pasado imperfecto es peor: es simplemente imposible escribir «quienes se resistían al invasor eran matados» (casi podría leerse «... eran unos matados», y es distinto).
Mientras la pasiva campe a sus anchas en titulares, textos y traducciones, esta batalla está perdida. A veces, el verbo morir podría acudir en auxilio: «tres hombres muertos en un accidente»; «traslado de los soldados muertos en Jordania» (en el texto se aclarará si fue por disparos o golpe de calor). Si no, pronto habrá que colocar una lápida: «Aquí yace el verbo matar, asesinado por pasiva». O quizás sea hora de resucitar un activismo del lenguaje.
- (1) Bekim Sejranović, De ningún lugar a ninguna parte, La Caja Books, 2025, p. 178. Traducción de Patricia Pizarroso y Marc Casals. volver
(artículo completo en el trujamán)
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