Lunes, 16 de febrero de 2026.
«—¿Piensa que el libro electrónico puede llegar a desplazar al tradicional en papel?
—Por desgracia, sí. El fenómeno no es tan terrible como lo pintan. Pero, a pesar de que pasas páginas, y hasta a veces se reproduce el sonido de las páginas, no es el libro que uno ha hecho… El paso del viejo libro al nuevo libro es penoso, porque ¿quién se encargará de compaginar esas obras?».[1]
La persona

José Martínez de Sousa en las Jornadas de Tarazona
Martínez de Sousa tenía una mente analítica y lógica y hubiera podido dedicarse a cualquier actividad científica que solicitase abstracción y originalidad, que pidiese capturar algo en el fluir de las cosas, observarlo detenidamente, colocarlo en el lugar correspondiente junto a otros muchos objetos mirados con la misma delicada atención y establecer las reglas de su existencia y funcionamiento.
Interesarse por la lengua castellana llegó del aprendizaje del tipógrafo, en tiempos en los que la escritura conservaba la materialidad y el perfume de la tinta y del plomo, del estaño y antimonio de los tipos de imprenta. No fue el único en sentir el placer de ese vínculo. Borges confesó en una entrevista que, cuando hacía la Revista Multicolor de los Sábados del diario Crítica de Buenos Aires: «Me gustaba mucho trabajar con los obreros, en el taller, con los linotipistas. Y aprendí a leer los linotipos, como un espejo. Y aprendí a armar una página, también. Yo podía armar una página, entonces. Ahora no sé si podría hacerlo».
Martínez de Sousa nació en 1933, en una España republicana donde, en lo que iba del siglo, se habían multiplicado imprentas, talleres tipográficos y empezaba un período de industrialización creciente por el auge de la prensa, de los diarios y revistas, de las editoriales que producían libros populares, científicos, de alta literatura, diccionarios, enciclopedias. El golpe de Estado de Franco destruyó la España por venir. Al bibliocausto (término de Ana Martínez Rus[2]): la eliminación directa de libros de bibliotecas públicas y particulares y los de las editoriales que los producían y de las propias editoriales, le siguió la macarrónica censura que se prolongó casi cuatro décadas.
La vida de José, al que todos llamaron Pepe, comenzó en un pueblo gallego de la provincia de Pontevedra en las orillas del río Tamaxe que termina, después de sumar sus aguas al Miño, en el Atlántico. Educado en Sevilla, en una de las escuelas salesianas que Giovanni Melchiorre Bosco (don Bosco) fundó por el mundo, estudió el arte de la imprenta, profesión que requería leer, interpretar y reproducir textos, habilidades singulares que explican que si los tipógrafos hacían libros y periódicos, también los leían y eran capaces de convertirlos en un instrumento social. La información y la tradición artesanal los convirtió en los protagonistas de las primeras grandes huelgas obreras en el mundo: desde el Grand Tric de Lyon, 1539; París, 1862; Canadá, 1872; Argentina, 1878; Madrid, 1882.
Se presentó voluntario al ejército en Madrid para incorporarse a las filas de los topógrafos durante un año y otros dos a las de los tipógrafos. Terminado el servicio militar comenzó a trabajar en la legendaria editorial Bruguera de Barcelona como corrector tipográfico. Ocho años después lo ocupó el periódico La Vanguardia, donde contribuyó a redactar las normas de estilo y dos años más tarde fue convocado por la editorial Labor, donde estuvo de 1966 hasta su incomprensible despido en 1993. Según Pepe Sousa, «la mejor editorial que ha tenido España, donde aprendí y apliqué los elementos de la edición. Aprendí todo lo que me quisieron enseñar y enseñé todo lo que de mí quisieron aprender[3]».
La empresa, grande y antigua (tiene un capítulo completo en Antes de que se me olvide), estaba dedicada a la alta traducción científica —ciencias naturales, farmacología y medicina—, a las obras clásicas, a la elaboración de enciclopedias, diccionarios enciclopédicos y manuales. Volúmenes que, compitiendo con Montaner y Simón, Espasa, Salvat, Aguilar, tenían como destino los mercados americanos e innovaron de forma extraordinaria el formato y diseño de los libros y las formas de venta.
Su último compromiso editorial fue con Bibliograf, y bastante antes hubo un breve paso por el Tele/eXpres[4], el también breve periódico barcelonés (1964-1980), un soplo de ilusionantes aires renovadores que ahogaba constantemente la censura.
Martínez de Sousa fue un narrador ameno y exacto y es una lástima que no dejara más descripciones de las editoriales y de las empresas para las que trabajó. Los edificios donde se encontraban fueron demolidos, los archivos rara vez conservados y los libros, salvo excepciones, tampoco sobrevivieron en gran número. La debilidad del papel (las colecciones populares de Bruguera, por ejemplo) o el progreso digital expulsó a los diccionarios y enciclopedias de las bibliotecas privadas y arrinconó aquel laborioso saber en los lugares de paso de las bibliotecas públicas, antesala de un porvenir que mejor no imaginar. Queda el eco de su relato que recuerda la prosa periodística y sarcástica de James Boswell, el albacea de Samuel Johnson. «Hablamos (dice refiriéndose a Carlos Barral, compañero en Labor) de nuestros gustos tipográficos: él me confesó que detestaba la negrita y la negrita cursiva que yo empleaba en los títulos y subtítulos, respectivamente, y yo le manifesté mi horror por los títulos y subtítulos compuestos en versales y versales cursivas, respectivamente, que empleaba él»[5].
Trabajos y métodos
Durante muchos años (quizás con la llegada de la informática usó otros recursos), Martínez de Sousa recogió en fichas: palabras, signos, significados, usos, variantes, reglas, anomalías, excepciones, que se multiplicaban en los bolsillos y, al volver del trabajo, alfabetizaba con la ayuda de sus hijos y después dividía por temas para dibujar el esqueleto de los libros que iban a ser escritos.
Sus investigaciones dieron forma a diccionarios, manuales y ensayos. Las obras iniciales, Diccionario de tipografía y del libro (1974) y Dudas y errores del lenguaje5 (1974), fueron una auténtica novedad y la primera, el más heteróclito o más libre de sus libros, una recopilación extensísima de la terminología del arte tipográfico —reunida por primera vez en castellano— a la que se añadían palabras e historias que justificaban el pasado, cuando los diccionarios podían leerse como si fuera una novela: desde las fantasías galicistas de un duque de Almódovar a una antología de las más extravagantes erratas.
Los dos campos: la corrección verbal y la precisión terminológica del arte de la imprenta se diversificaron y multiplicaron en diversos volúmenes que respondían a la necesidad de crear, identificar o definir lo no definido respecto del uso de la lengua: [Diccionario internacional de siglas (1978), Diccionario internacional de siglas y acrónimos (1984), Diccionario de uso de mayúsculas y minúsculas (2007, 2010); volúmenes mayores y menores de ortografía, de ortografía técnica, de ortotipografía (1985, 1987, 1991, 1999, 2000, 2004, 2007, 2008, 2010, 2014); diversas versiones de diccionarios de dudas y de uso del español actual (1973,1974, 1992, 1999, 2008)].
En el otro campo de sus saberes, a aquel diccionario inicial de 1974 le siguió, ampliado, el Diccionario de tipografía y del libro (1989, 1995) y después otros: Pequeña historia del libro (1991, 1999), Diccionario de bibliología y ciencias afines (1989, 1993, 2004). En estos volúmenes puso a disposición de los lectores términos y exhaustivas informaciones sobre tipografía, edición, historia del libro, bibliología y ciencias afines definidas con la claridad que lo hizo famoso.
Martínez de Sousa tuvo la suerte de asistir al auge de la imprenta tradicional en España y a su final, cuando las linotipias y la impresión en caliente fueron sustituidas por la fotocomposición, la adopción del offset y la impresión en frío que adoptaron los talleres gráficos de periódicos y editoriales. Las diferentes versiones de Diccionario de redacción y estilo (1993, 1996, 2007, 2015) o el Manual de estilo de la lengua española (2000, 2001, 2012) o el Diccionario de edición, tipografía y artes gráficas (2001) al Manual de edición y autoedición (2004, 2013, 2024) documentan el pasado, presentan y conviven con el porvenir: la existencia de medios técnicos que nos permiten ser hoy editores de nosotros mismos.
Como María Moliner, sus obras reflejan un conocimiento extraordinariamente preciso de la lengua castellana y algo semejante al «oído absoluto» para proponer ejemplos de uso certeros y claros. Lejos de los diccionarios y manuales que postulan un lector de escuela elemental, Moliner y Martínez de Sousa concibieron un destinatario culto, exigente y dispuesto a entender las complejidades de una lengua a la que acompañan una exquisita tradición literaria y un prestigioso bagaje artístico, científico e intelectual. Los dos compartieron el horizonte del español peninsular aunque anotaron las sutilezas léxicas del otro lado del mar y las palabras de cualquier idioma que eran habituales en la España de su tiempo. La primera versión del Diccionario de tipografía y del libro (1974) incluía un abundante repertorio léxico sobre edición y tipografía tomados del catalán, términos seguramente muy vivos cuando Pepe Sousa llegó a trabajar a Barcelona en 1966.
Míralo en el Sousa
En las editoriales y redacciones de los periódicos peninsulares, en aquellas épocas legendarias cuando se fumaba, se tomaba café, se hablaba a los gritos, se escribía ruidosamente a máquina y las bibliotecas y escritorios tenían libros en papel, las preguntas o discusiones se cerraban con la invocación irrefutable de la verdad: Martínez de Sousa. También en los lugares de trabajo de otras partes del mundo estaban y se consultaban sus obras o al propio autor como fue el caso de profesionales uruguayos, mexicanos y argentinos con quienes compartió ideas, informaciones, dudas y, en el caso especial de Domingo Buonocuore (importante especialista en edición de la Universidad del Litoral, de Argentina), la preocupación por la existencia de un genuino vocabulario tipográfico en castellano y no malas traducciones del inglés o del francés.
Martínez de Sousa fue presidente de honor del Comité Español de la Asociación Internacional de Bibliología (con sede en París) (1991-1997); presidente de la Asociación Española de Bibliología (AEB) (1997-2000), con sede en Salamanca; presidente de la Asociación Internacional de Bibliología (AIB) (1998-2000), con sede en París y presidente de honor de la Asociación Española de Bibliología (AEB) (2000-)
Con los traductores
En 1986, la entrada de España en lo que hoy es la Unión Europea creó nuevas instituciones, espacios académicos, asociaciones profesionales, publicaciones especializadas y redes internacionales que solicitaron expertos y profesionales de las lenguas y de la edición. No sólo las obras de Martínez de Sousa tuvieron más lectores, el mismo fue convocado como orador, ponente de mesas redondas o docente de los nuevos escenarios. Dictó cursos, impartió seminarios, participó de másteres, congresos y encuentros organizados por la Universidad de Valladolid, la Universitat Pompeu Fabra y la Universitat Autònoma de Barcelona, la Universitat Jaume I de Castellón en Valencia, la Universitat de Vic, la Complutense de Madrid. Fue invitado especial en congresos como «El español, lengua de traducción» en Almagro, colaboró con asociaciones profesionales de traductores (ASETRAD, ACE Traductores, tanto en encuentros en Barcelona como en las Jornadas en torno a la Traducción Literaria en la Casa del Traductor de España en Tarazona, Aragón). Fue siempre un conferenciante riguroso, entusiasta, dispuesto al diálogo y agradabilísimo en las tertulias improvisadas en «el después» de las charlas.
Abunda en la tradición española el genio y la generosidad. También la memoria brillante y la mente poderosa. Quienes tuvieron la suerte de conocerlo no lo olvidarán jamás.
[1] Entrevista a José Martínez de Sousa por Mariano Vitetta, 2011, Revista CTPCBA (Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires).
[2] Libros al fuego y lecturas prohibidas. El bibliocausto franquista (1936-1948), CSIC, 2021. http://libros.csic.es/product_info.php?products_id=1469
[3] https://addenda-et-corrigenda.blogspot.com/2012/10/entrevista-jose-martinez-de-sousa.htmlviernes, 5 de octubre de 2012. Se reproduce una entrevista publicada en Prosofagia. Revista Literaria, núm. 16, septiembre 2012.
[4] En el edificio de Aragón y Roger de Flor de Barcelona donde estaba la redacción del Tele/eXpres (y otros medios) se conserva una interesantísima escultura de Josep Maria Subirachs formada por las publicaciones del grupo grabadas con moldes de los tipos reales que se utilizaban en las rotativas. Un homenaje premonitorio al protagonista de este artículo.
[5] Martínez de Sousa (2005). Antes de que se me olvide, 81.
Algunas notas bibliográficas
Del autor
https://martinezdesousa.net/conferencias.html
Antes de que se me olvide: una aventura tipográfica y bibliológica personal e intrasferible (2005, 2012), Ediciones Trea, Gijón.
Otros autores
https://addenda-et-corrigenda.blogspot.com Blog de Silvia Senz.
https://uvadoc.uva.es/bitstream/handle/10324/27996/TFG-O%201056.pdf?sequence=1&isAllowed=y
https://lalinternadeltraductor.org/n11/martinez-de-sousa.html
https://www.martinezdesousa.net/Pepealia/recuerdo2.htm
https://www.lavanguardia.com/servicios/obituarios/20260127/11450570/martinez-de-sousa-obituario-lexicografia.html
[Tuve que reducir a unas pocas las 3960 noticias de estos días aparecidas en la Red]


