Viernes 16 de enero de 2026.
El pasado 10 de diciembre, ACE Traductores celebró la ceremonia de entrega del XX Premio de Traducción Esther Benítez en la sede de Madrid del Instituto Cervantes. Reproducimos aquí las palabras que pronunciaron algunos de los ponentes ante un numeroso grupo de traductores, este año limitado por exigencias del aforo de la sala.
Ana Flecha: Es una alegría y un honor para mí daros la bienvenida a la vigésima entrega del Premio Esther Benítez que todos los años por estas fechas otorga ACE Traductores en la sede del Instituto Cervantes, a quienes agradecemos como siempre su hospitalidad.
Antes que nada, permitidme que me ponga institucional y agradezca en nombre de nuestra asociación la presencia en este acto de Luis García Montero, director del Instituto Cervantes; María José Gálvez, directora general del Libro, del Cómic y de la Lectura; Manuel Rico, presidente de ACE; Pedro Sánchez Álvarez, Carmen Cuartero y Javier Díaz de Olarte de CEDRO; Ainhoa Sánchez, de Acción Cultural Española; Lola Montero, del Centro Virtual Cervantes; Fernando Valdés, de UniCo; Sara Sánchez, directora gerente de CEGAL; Rosa Llopis, de Asetrad y Eva Moraga de Por y Para.

María José Gálvez, Directora General del Libro
Gracias también a Mauro Hernández, hijo de Esther Benítez, y a su familia por acompañarnos en el depósito del legado de nuestra compañera y socia fundadora en la Caja de las Letras de la sede del Instituto Cervantes de Madrid y, como cada año, también en la entrega de este premio que lleva el nombre de su madre. El Premio Esther Benítez, que ya cumple veinte años, se ha convertido no solo en un reconocimiento de prestigio, sino también en una excusa para reunirnos a celebrar a nuestros compañeros premiados, porque no todo va a ser pelearnos por un futuro profesional más justo. Como decía Emma Goldman, que, a diferencia de mí no era nada sospechosa de ser frívola: «Si no puedo bailar no es mi revolución».

Manuel Rico y Ana Flecha
Me hace mucha ilusión volver a estar en este escenario como maestra de ceremonias. Ya lo fui en 2019, cuando ganó Eugenia Vázquez Nacarino, y en 2020, ese año tan raro en el que, con una mascarilla como complemento, recibió el premio Teresa Lanero. En esta ocasión, además, me siento un poco como una miss que entrega la corona a su sucesora. Por suerte para Alicia y para mí (y seguro que para decepción del público presente) hoy nadie va a desfilar en bikini y ni Alicia ni yo vamos a tener maravillosa o que Confucio inventó la confución.
Me alegra enormemente hacer entrega de esta metafórica corona a Alicia Martorell, que no solo es una excelente profesional, sino que, además, es una compañera generosa, sabia y comprometida de la que aprendo y a la que admiro.
La literatura sirve, entre otras cosas más mundanas y disfrutables, para ayudarnos a imaginar otros futuros posibles o, en palabras más rimbombantes pero también más poéticas que tomo prestadas de Maruja Mallo, como un pronóstico para otra época de devenir. Me parece destacable que este año los socios de ACE Traductores hayan decidido premiar la traducción de ¿Quién teme al género?, de Judith Butler, un ensayo que, en tiempos de cerrazón y de regresión a los momentos más oscuros de la historia reciente (y me refiero, por supuesto, al auge del fascismo) arroje luz sobre lo que con tan mala intención hay quien llama ideología de género y que no es otra cosa que la lucha diaria por existir tal y como somos. A ver si ahora el enemigo vamos a ser las invertidas y no cuatro archimillonarios malvados y sus fidelísimos vasallos, que conciben el mundo como una mezcla del Monopoly y un videojuego de acción. Gracias a Alicia Martorell, el libro cuya traducción hoy premiamos tiene casi seiscientos millones de lectores potenciales más que los que tenía antes de pasar por sus expertas manos y su privilegiada cabeza. Y esos lectores tienen a su disposición un texto muy bien escrito, porque no solo es de Judith Butler, sino que lo ha traducido Alicia.

Intervención en vídeo de Judith Butler
Amaya García Gallego, presidenta de ACE Traductores: Buenas tardes a todos. Me uno a los saludos de Ana Flecha y me gustaría hacerlos extensivos los representantes de las asociaciones y organismos afines a ACE Traductores; a los compañeros (especialmente los que han viajado) no solo traductores sino también correctores, editores, libreros, etc.; a los compañeros que no han podido apuntarse a tiempo; a la junta saliente por la ayuda y el apoyo que nos está prestando. Por último, quiero hacer mención especial de las finalistas del premio aquí presentes (Núria Molines, Gemma Rovira y Julia Gómez Sáez) y las no presentes (Victoria Alonso, Ana Mata y Regina López Muñoz).

Amaya García Gallego
Y hablando de finalistas, no hay ni que decir que habría sido un honor entregarle el premio a cualquiera de ellas. Pero resulta que yo oí hablar por primera vez de una traductora llamada Alicia Martorell en 1996, cuando ganó el Premio Stendhal de la Fundación Consuelo Berges con la traducción de la obra Atlas de Michel Serres, publicado por Cátedra en 1995. Aún recuerdo, por ejemplo, el acto de entrega del premio y las deliberaciones entre María Teresa Gallego e Isabel Reverte, que formaban parte del jurado.
Desde entonces, Alicia no ha dejado de estar presente en mi carrera profesional, por aquel entonces aún incipiente (en la que Esther Benítez también jugó un papel importante).
Por estos antecedentes, el estar hoy aquí entregándole este otro premio me hace especial ilusión, no porque sea como cerrar un círculo (puesto que espero que a ambas nos queden mucho recorrido, muchas traducciones y muchas batallitas por delante) sino como caer en la casilla de la oca del tablero, en plena partida: «de oca a oca y te premio porque me toca».
Y es que, en efecto, la providencia ha querido que me toque a mí estar aquí, no solo con Alicia, sino con Esther. Me ha tocado ocupar este cargo, este atril, justo en el momento en el que, en mi particular universo de traductores, se ha producido la conjunción de dos de mis estrellas polares.
Porque las cosas suceden por algún motivo: vosotros pensáis que estoy aquí para presidir ACE Traductores, pero yo sé que, en realidad, desde hace meses, los acontecimientos se han ido ordenando para que yo tuviera este privilegio de juntar a Esther Benítez y a Alicia Martorell, tan parecidas en tantos aspectos. Ambas cosas, en realidad, son el resultado de vuestras votaciones y os lo agradezco.
Otro de los motivos por los que me hace especial ilusión estar aquí precisamente hoy es que, para colmo de dicha, se acaba de depositar en la Caja de las Letras el legado de Esther Benítez. Me ilusiona por ella, por su familia, por los colegas que hemos heredado de ella otro tipo de legado, por ACE Traductores…
De modo que doy las gracias al Instituto Cervantes por dedicar por fin este espacio a una traductora y también a la junta saliente por actuar como mediadora, muy especialmente a Marta Sánchez-Nieves por el cariño que me consta que le ha puesto a esta iniciativa. Y pongo a disposición del Instituto Cervantes el cariño y el esfuerzo de esta nueva junta para que Esther no se quede tan solita en la caja n.º 1166 y pronto la acompañen otros traductores.
Por último, procedo, por fin, a entregarle a Alicia Martorell este Premio Esther Benítez en su vigésima edición, que espero que sea como lanzar los dados para que volvamos a encontrarnos en la próxima oca del tablero.

Sergi Soliva, editor de Paidós: (Texto leído por Rita da Costa) En nombre de Ediciones Paidós, queremos dar las gracias por este reconocimiento a la traducción al español de ¿Quién teme al género?, de Judith Butler, a cargo de Alicia Martorell Linares.
Este premio honra la labor de la traductora y nos alegra enormemente que así sea. El trabajo excepcional de Alicia, cuya trayectoria admiramos profundamente y con quien nos une una larga y fructífera colaboración, destaca por su rigor, su sensibilidad y su capacidad para trasladar al español ideas complejas con claridad y precisión. Es un auténtico honor trabajar codo con codo con profesionales de este nivel, tan comprometidas como Alicia y con quien compartimos (y debatimos) hasta el menor detalle del texto.
También cabe destacar el propio texto, puesto que, para una editorial como la nuestra, comprometida desde hace décadas con el pensamiento crítico y el debate intelectual, es un honor poder publicar obras que amplían nuestras formas de entender el mundo y que contribuyen a conversaciones tan necesarias como las que propone Judith Butler en este ensayo.
Agradecemos de corazón este premio, que celebra no solo una traducción, sino también la importancia del puente que las y los traductores tienden entre autores, editoriales y lectores. Muchas felicidades.

Rita da Costa, Alicia Martorell, María José Gálvez, Manuel Rico y Ana Flecha


