Viernes, 30 de enero de 2026.
Lengua mutante: Reflexiones sobre lenguaje inclusivo, VV. AA., con la coordinación de Ártemis López, Pie de Página, 2025, 382 páginas.
Carla Bataller Estruch
Lengua mutante es una amplia colección de ensayos coordinada por le traductore y doctorande Ártemis López. Publicada en otoño de 2025, esta antología ofrece una panorámica de la situación actual del lenguaje inclusivo en nuestro idioma. Habrá quien, al decir «lenguaje inclusivo», todavía piense en el desdoblamiento («los alumnos y las alumnas») o en las barras entre una vocal y otra («alumno/a»), pero lo cierto es que el tema del lenguaje inclusivo ha evolucionado mucho desde aquella época en la que el lenguaje no sexista estaba en el punto de mira y le salieron detractores blandiendo el arma de «la economía del lenguaje».
Ahora (y desde hace ya un tiempo) la inclusión en el lenguaje no solo se aplica a las mujeres, sino también a las personas no binarias, intersex, con discapacidades, de otros países y orígenes, racializadas, con cuerpos que se salen de lo normativo y un largo etcétera. Porque todes queremos vernos representades en este nuestro idioma y, si no hay una inclusión activa, lo que se produce es una exclusión que no solo afecta a nuestra capacidad de expresarnos, sino que también perjudica otros ámbitos de nuestra vida y nos invisibiliza.
López, le coordinadore de Lengua mutante, arranca la antología con una definición breve y concisa de lo que entendemos hoy en día por lenguaje inclusivo, el cual «toma muchas formas —antirracista, anticapacitista, antisexista…—, pero, en el fondo, parte del deseo de respetar y visibilizar identidades marginadas» (pág. 9). Cabe señalar, además, que mucha gente confunde «lenguaje inclusivo» con las distintas estrategias que se han creado para referenciar a las personas no binarias (como la famosa terminación en -e); dichas estrategias reciben, en un ámbito más académico, el nombre de «lenguaje no binario directo», término que acuñó le propie López y que explicó en su artículo de 2019 «Tú, yo, elle y el lenguaje no binario», publicado en La linterna del traductor.
Sin embargo, esta antología deja claro desde el mismo índice que su labor es incluir a cuanta más gente mejor. Desde artículos sobre la gordofobia y la intersexualidad, pasando por el lenguaje en los museos y la atención sanitaria, esta obra ofrece una perspectiva extensa de lo que implica incluir a aquellas personas que siempre se han quedado relegadas a un segundo plano bastante más oculto.
Aun así, el lenguaje inclusivo con perspectiva de género cuenta con un gran protagonismo en la primera mitad de la antología. Los artículos, que alternan entre visiones más académicas y otras más militantes, abarcan distintos aspectos del género, como la legibilidad de formas no binarias o los neologismos que se crean a partir del uso del morfema de género -e. Sin embargo, no reinventan la rueda y pueden llegar a ser un tanto repetitivos para quienes ya tengan formación en el tema; por ejemplo, muches colaboradores se paran a explicar y enumerar la taxonomía de las lenguas según cómo de marcado esté el género.
Algunos capítulos sobre el género, además, no son coherentes entre sí. En el primer capítulo, «La interseccionalidad por bandera: panorámica del lenguaje inclusivo», Carla Míguez Bóveda apunta con gran acierto qué es lenguaje inclusivo en cuanto al género (el uso del morfema -e) y qué no (las estrategias con la consonante -x o el símbolo -@), ya que estas últimas opciones excluyen de forma activa a las personas que tengan alguna discapacidad visual (por no hablar de que son ilegibles en voz alta). Sin embargo, otros capítulos dan por inclusivas estas últimas opciones, sin crítica o comentario alguno sobre su legibilidad o su capacidad de excluir, y hay quien llega a afirmar que son opciones usadas dentro de la comunidad no binaria, cuando la realidad es justo la contraria: cada vez se usa más la -e, por su valor inclusivo y porque podemos vernos representades tanto por escrito como de manera oral.
Los artículos académicos relacionados con el género, sobre todo aquellos que exponen experimentos, han servido para confirmar unas sospechas que ya circulaban por mi mente, como que las formas no binarias son más inclusivas, no solo para las personas no binarias, sino también para las mujeres (según se afirma en el artículo «¿Hay más Marías en un grupo de alumnes que en uno de alumnos? Representación de las mujeres con el masculino genérico y el lenguaje inclusivo de género», de Ángela Gutiérrez Conde), y que el lenguaje no binario no resulta tan difícil de procesar a nivel mental como se cree (según el artículo «Género gramatical, estereotipos de género y representaciones mentales: ¿dónde está lo marcado?», de Noelia A. Stetie y Gabriela M. Zunino).
En otros artículos se mencionan temas, no siempre principales, que despertaron mi interés y que, a mi modo de ver, necesitarían más investigación y expansión. En «El lenguaje no binario y el paradigma neológico», Pedro J. Bueno Ruiz menciona la carga política que puede tener el famoso «todes», ya que se emplea en discursos políticos tanto a favor como en contra del lenguaje inclusivo (de género). Y, de hecho, gracias a este uso, «todes» se ha integrado en el léxico de les hablantes. Por su parte, Leticia Santana Negrín menciona en «De Isabel la Católica a la DGT: crónica urgente de la intención inclusiva» que el uso del masculino genérico introduce sesgos sexistas en la inteligencia artificial. Esto, de hecho, llevan años criticándolo desde las comunidades racializadas, ya que las grandes tecnologías como la IA están hechas desde una perspectiva más que manifiesta: blanca, masculina y heteronormativa.
Me parecen muy reseñables los artículos que muestran una visión más personal, como el grito que lanza Itxi Guerra pidiendo una lengua mutante, que quizás pueda parecer un tanto sacrílego para algunes lectores («Lo mutante desdibuja el lenguaje para que cada une lo cree como le dé la gana», pág. 62), pero que habla sobre la necesidad de romper y reconstruir según nuestras necesidades. Tras leer ese artículo, me resulta muy apropiado que la antología precisamente se titule Lengua mutante y me habría gustado ver más artículos en esta línea, con alegatos a favor de romper las normas, de dejar el lenguaje libre para que crezca y prospere. En ese sentido habla también Kris Aric Knisely («El lenguaje trans también es buen lenguaje: sobre el valor de las culturas trans del lenguaje en la educación», con traducción de Ártemis López) sobre el miedo que tiene mucha gente a que, desde las disidencias, «rompamos» el lenguaje, como si fuera un jarrón delicado de porcelana. Esas personas ansían preservar dicho jarrón en una urna de cristal para que nadie lo mueva ni medio centímetro, sin percatarse de que el cristal también es delicado. El idioma está en constante cambio y reglar la forma que tiene cada persona y comunidad de lenguar (de crear lengua) es condenarlo a la muerte.
Así, estos dos artículos me han hecho pensar sobre la necesidad de crear una gramática oficial sobre el lenguaje no binario, a saber: no existe ninguna, ni necesidad ni gramática. Hoy en día, el lenguaje no binario está en constante evolución y ahí radica su belleza. Une hablante se ve obligade a pensar en estrategias de creación lingüística para expresar su realidad cada vez que usa el género no binario. Les traductores, de hecho, contribuimos a esa maquinaria de creación no binaria. En una de mis traducciones, por ejemplo, acuñé la palabra «profete», que se sale de la «norma» morfológica del género. Lo «correcto» habría sido «profetise», pero opté por una versión más corta por cuestiones puramente mercadotécnicas: aparecía en la sinopsis y entraba mejor por los ojos. No hay nada «correcto» en el lenguaje no binario, porque no está reglado y ojalá no lo esté nunca. Ahora mismo solo existe la necesidad de expresar, comunicar, entender, incluir, escuchar, experimentar y habitar un idioma que sea nuestro.
En este sentido, y volviendo a Lengua mutante, los capítulos escritos desde una experiencia más activista son oro. Desde el formato más experimental pero efectivo de Berna Wang en «油嘴滑舌», donde nos insta a pensar un modo de hablar sin racismo, hasta las palabras de Jordi Suárez Padilla en «Cuerpos extraordinarios: el orgullo de ser intersexual», en el que nos recuerda que el silencio excluye (y, por tanto, las realidades intersex están excluidas de la sociedad) y las palabras patologizan (y de ahí que mucha gente todavía considere que ser intersex es una enfermedad). Y no quiero olvidar un capítulo que, saliendo del género, también me toca muy de cerca: el de Tess Hache («De bestias y cuerpos: especismo, gordofobia y el lenguaje que nos define»). Sin ir más lejos, el otro día me reprendieron por referirme a mí misme como gorde, porque eso está mal visto y es mejor decir que «tienes sobrepeso».
Queda claro, pues, que todavía queda mucho por aprender en temas de inclusividad y, de hecho, una de las ramas del saber que más se está preocupando por hablar sobre inclusividad y sobre cómo transmitirla a las generaciones más jóvenes es la de la educación. La antología cuenta con dos artículos centrados en la enseñanza del español como lengua extranjera («Una cuestión ELE-mental: el lenguaje inclusivo en las aulas de Español como Lengua Extranjera», de Mónica Penalva-Sanz, y «Personajes no binaries en productos audiovisuales: algunos problemas de traducción y una propuesta didáctica para clases de ELE», de Sofía Ansaldo y Giorgia Esposito), en los que se aborda la peliaguda cuestión de cómo hablar sobre lenguaje no binario directo cuando, precisamente, no recibe apoyo institucional. Aun así, todes les alumnes deben ser capaces de poder expresarse en la nueva lengua que están aprendiendo y el género forma parte de la sociedad en la que vivimos.
Ambos artículos se complementan con otros dos que rompen estereotipos asentados desde hace décadas. En el primero, «El bingo de Blaubergs, ocho argumentos de los ochenta y sus respuestas actualizadas», Begoña Martínez-Pagán desmonta unos razonamientos que llevan en circulación desde antes de que yo naciera y que hoy en día siguen vigentes pese a haber sido rebatidos miles de veces. Y, en el segundo, «¿Lingüística? ¿En esta economía? (O: la economía lingüística son los Reyes Magos)», Ártemis López comenta cómo el concepto de economía lingüística, tan asentado en la sociedad de habla hispana, cambia según a quién preguntemos.
Hay mucho camino por recorrer en temas de inclusividad y eso es lo que nos recuerda Lengua mutante. Ni el mundo académico ni la realidad de la calle avanzan a la misma velocidad que la necesidad de expresarse de los colectivos marginados, porque es muy fácil anquilosarse en la comodidad de no pensar más allá de la burbuja que te rodea. Lengua mutante abre ventanas a esas otras realidades, aunque lo que necesitaríamos es tirar abajo la puerta de una patada.
No me queda más que recomendar Lengua mutante para toda aquella persona que todavía piense en desdoblamientos cuando mencionamos el lenguaje inclusivo y también para aquelles que quieran profundizar en el tema y disfrutar de distintas perspectivas. La edición de Pie de Página es manejable y subrayable, con una letra de un tamaño decente para ojos cansados. Ojalá algún día se publique una versión en digital para que este libro sobre lenguaje inclusivo sea de verdad inclusivo para todo el mundo.
Carla Bataller Estruch estudió Traducció i Mediació Interlingüística en la Universitat de València y más tarde se especializó en traducción literaria mediante el máster en Traducción para el Mundo Editorial de la Universidad de Málaga. En la actualidad, cuenta con cerca de cincuenta títulos en su haber, de entre los cuales destacan más de diez por su uso del lenguaje no binario directo, como Las mareas negras del cielo, de Neon Yang, y Monje y robot, de Becky Chambers, que fueron finalistas al Premio Matilde Horne a la Mejor Traducción de Género Fantástico. Durante su periodo como editore en la Asociación Cultural Crononauta, publicó y tradujo obras de diverses autores no binaries, como Rivers Solomon, Nino Cipri y Sarah Gailey. Además, junto con Aitana Vega Casiano, codirige Voces de lo insólito, un proyecto independiente de traducción de ficción corta, en el que han publicado a escritores de la talla de Annalee Newitz, Zen Cho, Angela Slatter y C. L. Polk.


