Miguel Sáenz: Conversaciones, edición de Alberto Rivas Yanes

Lunes, 5 de enero de 2026.

Miguel Sáenz: Conversaciones, edición de Alberto Rivas Yanes. Madrid  (Funambulista), 2025.

Carlos Fortea

Los que nos dedicamos a este oficio solemos explayarnos, cuando escribimos acerca de él, hablando mucho de traducción y poco de las traductoras y traductores. Por eso, resulta tanto más relevante y feliz la idea de Alberto Rivas Yanes de dedicar un libro —de no poca extensión, 350 páginas— al que posiblemente sea el más emblemático de nuestros traductores vivos: Miguel Sáenz, titular del sillón b de la Real Academia Española, traductor de Kafka, de Brecht, de Grass, entre tantos otros autores esenciales en nuestra formación lectora.

El libro lleva el título de Conversaciones, y eso es lo que es mayoritariamente, pero el ingenio del editor y las muchísimas horas de trabajo que sin duda ha tenido que dedicar al texto hacen que este volumen sea muchas más cosas.

Alberto Rivas tenía seguramente varias opciones a la hora de abordar la recopilación de las entrevistas que el traductor que firma el volumen ha concedido a tantos periodistas y colegas a lo largo de su extensa trayectoria. Podía haber ordenado las entrevistas en orden cronológico, la opción más socorrida, o haber hecho con ellas bloques temáticos, asumiendo el riesgo de la reiteración, pero ha optado por algo mucho más arriesgado: ha mezclado un criterio con otro para constituir, insisto, a base de horas y codos, lo que termina siendo un ensayo biográfico sobre el entrevistado. Con minuciosidad de miniaturista, ha desmenuzado las entrevistas para recolocar sus piezas de tal modo que el lector obtiene una panorámica de la vida y la obra de Miguel Sáenz en sus propias palabras, una especie de larga narración oral de intenso contenido biográfico y traductológico. Así, la primera conversación arranca con la infancia de Sáenz en Sidi Ifni, y a partir de ahí el libro avanza por las distintas etapas del autor, mientras fase tras fase aumentan las conversaciones referidas a la traducción, llenas de reflexiones interesantes sobre los temas que han preocupado a la profesión en los últimos años, desde el español neutro hasta las relaciones con los editores, desde la concepción del propio oficio hasta la enseñanza de la traducción o su papel (o su falta de él) en la Real Academia.

El montaje de las entrevistas propiamente dicho se lleva los dos primeros tercios del libro, pero no lo agota. El editor ha considerado útil —y coincidimos con él en esto— rellenar las lagunas que inevitablemente tenían que quedar en el relato autobiográfico, y lo hace con un texto —El aventurero de las palabras— que recorre de forma cerrada la complejísima trayectoria vital del maestro de traductores, en el que nos descubre las mil vidas de Sáenz como jurista del Ejército del Aire,  representante de España en numerosos comités jurídicos internacionales, novelista, crítico de jazz…

Para este reseñista, el libro terminaba perfectamente aquí, pero aún hay más: los anexos suceden a los anexos. El primero de todos —con el título Coda— recoge una entrevista conjunta de Miguel Sáenz y su esposa y colaboradora, la intérprete Grita Loebsack, sobre la aventura de traducir a Günter Grass. El segundo, el discurso de ingreso de Miguel en la Real Academia Española (Servidumbre y grandeza de la traducción, leído el 23 de julio de 2013), y aún queda un exótico Cuestionario San Jerónimo que Max Lacruz plantea a Miguel Sáenz, al estilo de las «entrevistas capotianas» de algunos autores.

Vuelvo al comienzo: elegir a Miguel como sujeto de un volumen así es sin duda la más justificada de las opciones. En la medida en que un traductor puede ser influyente —en su propio oficio—, sin duda Miguel Sáenz ha sido uno de los más influyentes del gremio. Desde su puesto en el comité editorial de Alfaguara, abrió paso hacia España a algunos de los nombres más significativos de la literatura alemana moderna; con sus dos doctorados honoris causa (por Salamanca y Málaga), afirmó la presencia de los traductores en el mundo universitario; con su ingreso en la Real Academia, nos dio carta pública de naturaleza. He repetido en muchas ocasiones el elocuente titular de El País el día en que ganó la votación: «La traducción entra en la Academia».  El maestro es también uno de los pocos que es maestro a la vez en ambas orillas del Atlántico. El reconocimiento de Miguel Sáenz por parte de muchos colegas latinoamericanos (y algunos novelistas de aquella orilla del español) es un signo notable de su altísimo nivel literario.

No quiero terminar estas líneas sin hacer hincapié en el hecho importante de que esta biografía no haya sido iniciativa, como podría haberlo sido, de un traductor editorial, sino de un colega de otro de nuestros mundos traductores: el de la traducción institucional. Traductor en las instituciones europeas, a las que tanto debemos desde todos los puntos de vista, Alberto Rivas ha sabido resaltar en estas páginas el papel de ese traductor de la ONU que fue Miguel Sáenz hasta su jubilación, y que forma parte tan relevante de su personalidad traductora como todos sus libros.

En resumen: un libro ameno y grato de leer, un tesoro de información que añadir a la historia de los traductores en nuestro país, y un derroche de magisterio por parte del maestro. Para no perdérselo.

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