El péndulo y el lastre, Amaya García Gallego

Viernes, 2 de enero de 2026.

Nuevo año, nueva junta rectora, nuevo número de la revista… Pero los mismos caballos de batalla para nuestra Asociación: precariedad e inteligencia artificial generativa.

Francesco Santullo

Esta última no es una corriente irresistible. En todo caso, una marea, con su flujo y su reflujo, que te arrastra a las profundidades pero luego te devuelve a la orilla. Mejor aún: un péndulo, que ahora parece encontrarse en uno de los extremos del ciclo, el del entusiasmo y la aceptación generalizada; pero que, en algún momento, pasará al otro, el de la decepción y el rechazo. Y con el tiempo, la oscilación se irá atenuando hasta alcanzar un punto de equilibrio.

La incógnita es cuándo llegará ese momento, cuánto durará el ciclo, porque los movimientos pendulares de la Historia no son como los de los relojes, regulares y previsibles. Sí sabemos, en cambio, los estragos que está causando entre los traductores editoriales la guadaña que arrastra este péndulo (por no hablar de los estragos ecológicos; por no hablar de la explotación de los raters, que son el verdadero motor de una maquinaria no tan artificial como inhumana; por no hablar de los traductores de otras especialidades, ni de otros trabajadores editoriales y culturales, ni de otras profesiones muy distintas de la nuestra pero no por ello menos afectadas). No vamos a detallarlos ahora, pues son de sobra conocidos. Pero sí cabe destacar que resultan tanto más devastadores cuanto que nos han pillado, económica y emocionalmente, en una situación límite, fruto de la precariedad.

La precariedad es nuestro lastre. Un lastre antiguo y múltiple cuyo elemento más plúmbeo son las tarifas congeladas desde hace lustros. Por supuesto que también pesa el hecho de no poder negociarlas colectivamente…, pero si las editoriales las hubieran ido actualizando todos los años en función del IPC, esa negociación quizá no tendría tanta razón de ser. Por supuesto que la mayoría de nosotros también carga con un régimen de trabajador autónomo que no se adapta a las peculiaridades de los trabajadores culturales…, pero si no existiera un desequilibrio tan flagrante entre el trabajo que realizamos y la remuneración que percibimos, quizá dicho régimen no nos penalizaría tanto.

Y son esas tarifas que, incluso en el mejor de los casos, apenas nos permiten alcanzar el salario mínimo interprofesional (y si alguien lo pone en duda, le invitamos a hacer un simulacro en La Tarifadora), las que algunas editoriales quieren eliminar del todo recurriendo, de forma más o menos encubierta, a la inteligencia artificial generativa y la posedición para traducir los libros que publican.

Diseño de Francesco Santullo. Fotografía de Patricia Orts

No todas, afortunadamente; mientras algunas hacen alarde de codicia y falta de respeto por sus autores y sus lectores, otras se comprometen a seguir confiando en el trabajo humano para mantener la calidad de las traducciones. Agradecemos el detalle, pero ya no basta. Para hacer frente a esta fase del péndulo no es suficiente mantener la posición, hay que reforzarla; los baluartes de esta encomiable resistencia no pueden ser unos traductores depauperados durante años, sino unos traductores revalorizados, también en la acepción más material de la palabra. Porque, si no, se arriesgan a que, cuando el péndulo por fin se ponga de su lado, ya no queden traductores, pues los veteranos se fueron quedando en el camino y los aspirantes decidieron no emprenderlo siquiera, impidiendo así el relevo generacional.

Este es el guante que desde aquí les arrojamos a estas editoriales: que se desmarquen de las que solo aspiran a alardear de los beneficios que obtienen a costa de sus traductores y demás proveedores infrapagados; que no esperen a que estos se lo pidan y aprovechen el cambio de año para cambiar también, motu proprio, sus condiciones actuales por las que saben que son de justicia.

Editores amigos, espartacos, compatriotas de la lengua y la cultura: ensalzadnos como sabéis que nos merecemos y no nos inhuméis, porque si no, cuando el péndulo alcance un punto más propicio, la guadaña también os habrá segado a vosotros.

Amaya García Gallego es presidenta de la junta rectora de ACE Traductores.

 

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