puntoycoma – Treinta años: mirar hacia atrás para seguir adelante

Jueves, 22 de julio de 2020.

puntoycoma, el boletín de los traductores españoles de las instituciones de la Unión Europea, publica el número 170, que celebra el trigésimo aniversario de su creación. Se trata de un número especial de 140 páginas cuya presentación ofrecemos a continuación. El número completo puede consultarse aquí.

 

                                                                       Amadeu Solà, in memoriam

En el verano de 1991, el número 0 de puntoycoma se presentaba como «un espacio de comunicación en el que tendrá cabida toda información útil para el trabajo de los traductores de lengua española, tanto si se refiere a aspectos concretos (problemas terminológicos y propuestas de soluciones, dudas, casos espinosos pendientes de resolución, etc.) como a cuestiones de tipo más general sobre lingüística y documentación (por ejemplo, la aceptación y uso de neologismos, novedades de la biblioteca, reseñas de libros, etc.)». Los objetivos enunciados en ese momento fundacional de lo que inicialmente fue un boletín interno de los traductores de lengua española de la Comisión Europea han permanecido prácticamente intactos. Quizá únicamente las alusiones a la documentación (que a la sazón aún era básicamente en papel) y a «la biblioteca» (que hasta entonces solo se entendía como espacio físico, de igual manera que la Biblioteca de Alejandría hace veintitrés siglos) nos devuelvan fugazmente la imagen, a modo de fogonazo, de los tiempos previos a la irrupción generalizada de la informática y el mundo virtual en el viejo oficio de la traducción (y en nuestras vidas).

En los treinta años transcurridos desde la aparición de aquel número «cero», la tecnología, poco a poco, ha ido dejando de constituir meramente un conjunto de herramientas de ayuda a la traducción para ser el medio natural (el único que se concibe hoy, salvo, en gran medida, por lo que respecta a la traducción literaria) con el que interactúa el traductor a cambio de recursos que le permiten una mayor fiabilidad, una mayor coherencia con las fuentes y (parece inevitable mencionar este frío concepto) una mayor productividad. El uso de la tecnología no ha roto el vínculo esencial entre el intelecto del traductor y el texto original, ni la naturaleza profunda del trasvase del contenido de este a su traducción por medio del complejo (quizá insondable) conjunto de mecanismos que constituye el lenguaje. Pero sí ha transformado profundamente los procedimientos concretos que permiten a quien traduce llegar al resultado final que se le pide.

Desde el inicio de su andadura, puntoycoma ha ido tratando de ampliar cada vez más, en la medida de sus medios relativamente limitados, tanto la esfera de participación en sus tareas de otros colegas (se convirtió en una publicación interinstitucional en 1995 y muy pronto empezó a solicitar la colaboración regular de traductores y otros profesionales afines de todo el mundo), como su ámbito de recepción.

Actualmente, cada nuevo número del boletín llega al buzón electrónico de 235 traductores e intérpretes de las instituciones de la Unión Europea y 1 650 personas suscritas, y se continúa imprimiendo una versión en papel (con una tirada de unos 200 ejemplares).

Nuestra publicación ha participado recientemente, como bien saben nuestros suscriptores, en el certamen bienal que convoca la oficina del Defensor del Pueblo Europeo para reconocer iniciativas del ámbito de la administración de la UE que repercuten de manera visible y positiva en la vida de la gente en Europa y el mundo, y ha obtenido en él un honroso segundo puesto en uno de los premios: el que se otorgaba según el respaldo obtenido en una votación pública virtual.[1]

El contexto de la pandemia de COVID-19 y de sus innumerables secuelas y proyección futura en todos los ámbitos (desde el propiamente sanitario al económico, pasando por el tecnológico, el laboral y otros muchos), unido a la satisfactoria respuesta a ella de la Unión Europea (por ejemplo, por lo que respecta a la vacunación de la población y a los fondos destinados a la recuperación de los Estados miembros), y también otros hechos traumáticos (como el Brexit y el inquietante avance de las posturas autoritarias en determinados lugares de la propia Unión) han estado muy presentes en la gestación de este número especial de recapitulación de los treinta años de vida de puntoycoma. En él dedicamos amplio espacio a los artículos de interés general (en las secciones de Cabos sueltos, Colaboraciones y Tribuna), con atención particular a las tecnologías de la traducción y varias calas en la situación de la traducción institucional en determinados territorios de España, así como de los traductores autónomos, más sendos artículos sobre las herramientas lingüísticas del Consejo de Europa y la traducción de las patentes y marcas europeas. En la sección (efímera por definición) «Treinta años de puntoycoma» nos hemos permitido, superando en esta ocasión ciertos pudores, ofrecer varios artículos que abordan nuestra trayectoria desde distintas perspectivas, desde la más estrictamente histórica hasta la de las experiencias personales (sin olvidar algunas notas de humor), con una mirada implícita de esperanza en el futuro de la profesión.

A la reflexión profesional y la rememoración histórica se suma, al final del número, el homenaje de puntoycoma a Amadeu Solà, que fue un grandísimo traductor de varias instituciones de la Unión Europea y uno de los artífices principales de nuestro boletín durante varios años. Nos abandonó prematuramente hace varios meses y a él dedicamos este número.

La traducción y la interpretación en las administraciones nacionales y europeas y en los organismos internacionales tiene una larga vida por delante en la que la intervención humana seguirá siendo determinante en su interacción con la máquina. Y puntoycoma, a cuya Redacción continúan incorporándose jóvenes profesionales con el mismo entusiasmo que sus mayores y con ideas renovadas, seguirá ahí también por mucho tiempo, al servicio de nuestro oficio, cuya esencia ha definido el gran maestro de traductores Miguel Sáenz:

Sin adentrarse en la metafísica, se podría mantener que el universo entero no es más que una grandiosa traducción, y que toda actividad humana es el ejercicio de una voluntad de traducción. Dentro de esa actividad el traductor, artista y técnico a la vez (para los griegos hubiera sido lo mismo: tejné es arte), está llamado a desempeñar un papel cada vez más importante. (Miguel Sáenz, «El mundo como voluntad de traducción», en Traducción. Dieciocho conferencias nada magistrales y dos discursos de circunstancias, Ediciones Universidad de Salamanca, 2013, p. 50)

 

[1] Véanse el vídeo de presentación de la candidatura de puntoycoma y el comunicado de prensa con los resultados del certamen.

 

 

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