Salustiano Masó, el verso a rememorar, Daniel López-Serrano

Viernes, 5 de febrero de 2021.

Nací como cualquiera,
sujeto a viejas normas
y a la ley de la muerte.
Pero en mi corazón la noche ardía
sideral, enigmática.
Puse mi confianza en el secreto
profundo de la vida
y, hasta donde es posible,
más que toda ventura,
amé la libertad.

Estos son los primeros versos del primer poema que publicó Salustiano Masó en su primer libro, Contemplación y aventura, que fue accésit del Premio Adonáis en 1956. Actualmente este autor es muy desconocido por la gran mayoría; sin embargo no para de resultar injusto ese desconocimiento para con uno de los poetas de la segunda mitad del siglo XX español que llegó a ser premiado en un concurso infantil durante la Guerra Civil por un jurado del que formaba parte Miguel Hernández y que ya de adulto seguía siendo premiado por grandes personalidades, como son por ejemplo Gregorio Marañón o Dámaso Alonso, cuando le premiaron con el premio Leopoldo Panero en 1966 por el libro Canto para la muerte. De hecho, Salustiano Masó acumula trece premios literarios a lo largo de su trayectoria y diversos reconocimientos. Destaca de entre sus premios ese accésit del Premio Adonáis en 1956 por su primer libro, siendo su segundo libro, Historia de un tiempo futuro, otro accésit del Premio Adonáis en 1960. Su premio más reciente lo recibió con una edad muy avanzada, en 2010, fue el premio Poesía Eres Tú, que le valió la publicación del libro Metafísica recreativa, pero, más allá, fue un premio que le fomentó y publicitó como poeta caído en el olvido, introdujo parte de su obra en Internet para darle a conocer.

Salustiano Masó. Imagen de Jonás Carmona.

Salustiano Masó nació en Alcalá de Henares en 1923. Cuenta con veintidós poemarios propios, aparece en tres antologías, una de ellas compilada por Leopoldo de Luis, y en 2013, ya muy anciano, se atrevió incluso a publicar sus memorias, La batalla de vivir (1923-1950), Memorias. Pero fuera de su propia obra, tiene innumerables traducciones al español de obras y autores ampliamente conocidos de la literatura de todos los tiempos, siendo así que algunas de sus traducciones aparecen en la colección de los mejores libros del siglo XX del diario El Mundo. También ha traducido una ingente cantidad de literatura infantil y juvenil, siendo así que su sobrino es el ilustrador Albertoyos (Alberto de Hoyos Masó), especializado y reconocido en esa literatura. También en el campo de la traducción tiene varios premios, uno de ellos con carácter mundial, el Premio de Traducción Literaria Nathorst-UNESCO, en 1993, otro de carácter nacional, el Premio Nacional de Traducción, en 1996.  Ha colaborado como traductor con la UNESCO, con el Banco Mundial y con la editorial Alfaguara, dentro de su colección de clásicos y en la que destacan sus traducciones de Rousseau.

Fue amigo de Buero Vallejo y Eduardo Zúñiga, conoció a José Hierro, y Gerardo Diego decía de él que era una de las promesas sólidas de la poesía española e incluso le invitaba a sentarse a su mesa de restaurante cuando viajaba a Gijón. Gerardo Diego llegó a nombrarle varias veces en algún poema que publicó en el periódico ABC, periódico en el que, por otra parte, el propio Masó mantuvo una sección propia llamada «Y poesía cada día».

Tanto él como su familia fueron republicanos durante la Guerra Civil, viviendo particulares tragedias familiares que se llegan a mencionar en el libro Una vasta elegía, publicado en 1976. Salustiano Masó ocupó muchos y muy diversos trabajos tras 1939, como por ejemplo peón de albañil, trabajador del zoo de Madrid, guardia de la circulación o conserje de hotel, entre otros. Siempre se definió proletario. Publicó en prensa local alcalaína y pronto en otras publicaciones. Comenzó a escribir a nivel nacional para ABC y a traducir libros tras recibir reconocimientos literarios desde aquel Adonáis de 1956.

Fotografía de Daniel L.-Serrano.

Su primera etapa la definió él mismo como existencialismo expresionista en una nota autobiográfica en el libro Canción de lo tachado, de 1977, aunque igualmente declaraba tener toques intimistas y voluntad de denuncia y testimonio de la realidad que suponía la dictadura. Ciertamente hay en sus libros un algo osado que no se llega a ver en otros autores más conocidos. Así, por ejemplo, Canto para la muerte, publicado en 1968, contiene una alta dosis de agnosticismo que parece caer en el ateísmo a pesar de declararse creyente de Dios en varios poemas, aunque se trasluce que no se trata de un Dios exactamente como la liturgia católica del momento proclamaba. Es un libro donde se nota ese testimonio entre la creencia impuesta en actos en contradicción con la creencia y duda íntima. Pero se ve aún más claramente en 1976 con Una vasta elegía, un libro donde compiló tres libros previos que no había podido publicar; en ese poemario, uno de los más perfectos que tiene, pasaba revista y daba cuenta de los agravios que la dictadura había creado a las vidas personales, denunciaba el origen bélico del gobierno, la imposición de ideas, los silencios, algún drama familiar… pero sobre todo, sin odios ni rencores, alababa su amor a la libertad. Probablemente sea el libro de poesía ejemplar de la Transición, a pesar de que las publicaciones de libros de autores más famosos que hasta esa fecha no se habían podido leer en España taparon a la obra y al autor.

Sus primeros libros Contemplación y aventura (1957), Historia de un tiempo futuro (1960), Jaque mate (1962), La pared (1967), Canto para la muerte (1968) y Como un hombre de tantos (1968), recibieron premios importantes cada uno y fueron los que forjaron que pudiera escribir en prensa a nivel nacional y tratarse con destacados poetas de su tiempo. De esa etapa el propio Salustiano declara que se ve influenciado por la poesía social que se llevaba por aquella época, si bien él era más dado a la metafísica y temas teológicos, así como a llevar una vida más que apegada a los cafés y la vida social con otros escritores, al recogimiento personal en el campo y la meditación introspectiva, cosa que hacía mucho en la Dehesa de la Villa, conocida popularmente como El Cerro de los Locos.

Fotografía de Daniel L.-Serrano.

Los siguientes libros recibieron varios premios importantes en diferentes provincias, pero por contra sus libros no fueron bien difundidos, por lo que su persona y obra quedaban escamoteadas del público lector más general y amplio y quedaban relegadas a un sector pequeño. El problema venía de que en los años de las épocas del tardofranquismo y la Transición, que es prácticamente los años 1970, estaba mal visto por los intelectuales del momento que los libros publicados por un poeta fueran publicados fundamentalmente a base de obtener premios y no porque un editor hubiera decidido publicarle sin más. Son los libros de La música y el recuerdo (1969), Piedra de escándalo (1970), Coro concertado (1971), La bramadera (1971), Pentagrama sin pájaros (1972), Ejercicio de contrapunto (1974), Amor y viceversa (1976), Una vasta elegía (1976), Canción de lo tachado (1977), Unas palabras donde vivir (1978) y Así es Babilonia (1978), este último fue ganador del prestigioso Premio Miguel Hernández de Poesía. Estos libros corresponderían, según Salustiano, a la corriente llamada Los Novísimos, y serían un engarce con la contracultura. Rompe varias de las temáticas tradicionales. Salustiano abrió sus ojos y mente a esta corriente renovadora y transgresora, si bien su personalidad introspectiva y reflexiva se deja marcar más en su obra, que en la de los citados, más llevados por entonces a una transgresión sin límite, incluso en lo estético. Se considera parte de los creadores de antipoemas, como Nicanor Parra, al cual cita en algunas de sus obras, e incluso compone varios poemas siguiendo algunas de las pautas de los antipoemas, tales como caer en el prosaísmo, por ejemplo.

En los años siguientes ganó unos cuantos premios más y publicó Las glosas de lo oscuro (1981). Se volcó en su faceta literaria de traductor, al tiempo que Leopoldo de Luis le sacó en 1983 en la antología Poesía escogida. Era todo un reconocimiento a su trayectoria y faceta como poeta de la segunda mitad del siglo XX español. Luego vino el libro Don de fábula (1986) y después la segunda antología que le hicieron, Obra rememorada (1991) y aún otra antología en el mismo año de 1991, Clamor a fondo perdido. En 1993 recibiría el citado Premio Nathort-UNESCO por sus traducciones, y sintiéndose ya viejo, en 1995, con 72 años, publicó un nuevo libro, Final de partida. En 1996 recibió el Premio Nacional de Traducción, con lo que España le reconocía también esa faceta, como ya se dijo. Todos los libros nuevos que sacó en esta etapa habían ya virado a una introspección total, propia de los años que iba ganando, por lo que se trata de poesía intimista.

Cuando parecía que ya no escribiría más, en 2010 escribió un nuevo libro y ganó el citado premio Poesía Eres Tú, con Metafísica recreativa. Y en 2013, cumpliendo 90 años, sacó sus memorias, La batalla de vivir (1923-1950), Memorias. Dijo en 2010 a raíz de su más reciente libro de poesía que quizá debería haber dejado de escribir, pero el nuevo libro respondía a una necesidad personal e íntima que le incitaba a escribir y a expresarse escribiendo. Deseaba, dijo, transcender escribiendo, mediante la escritura. Dejar algo de él que transcendiera de sí a los demás. Poeta hasta la médula.

Por todo ello no deja de ser sorprendente su desconocimiento general dentro de la literatura española de la segunda mitad del siglo XX. Sería justo difundirle ahora por dos motivos: porque en justicia se lo merece y porque estando aún vivo sería lo propio que viera reconocida como es debido su obra.

Masó no cae en versos fáciles, ni en temáticas arquetípicas. Es un poeta con todo un armazón que no le interesa la copla ni la coplilla. No hace rimas fáciles ni tiende a lo rural y lo localista. Su aspiración es una aspiración de nivel humano que va más allá de lo folclórico. Usa de elementos naturales en varios de sus poemas, sobre todo de las primeras obras, y se notan las etapas que le marcaron.

 

Daniel López-Serrano Páez (1979), nombrado como autor como Daniel L.-Serrano, más conocido como “Canichu”, es de Alcalá de Henares. Es escritor,  historiador y archivero. Comenzó a escribir ficción y poesía desde niño en los años 1980. En 1995-1996 colaboró en la revista complutense Omnia, publicado en el nº 8 de enero-febrero de 1996. En bachillerato codirigió la revista El Recreo (1995-1999). Fue redactor laico de la revista literaria Claxon (1998-2000) para el Centro Juvenil Cisneros, donde fue cesado tras recibir censura textos de colaboradores que atrajo él mismo a la publicación y sufrir cambios y cortes sin previo aviso sus propios textos. La sección de cartas de Rolling Stone (España) publicó uno de sus poemas en 2001. Creó y codirigió la revista de literatura contracultural La botella vacía (2000-2008), con Francisco Huerta, Alberto Cordero y Pedro J. Maza entre otros. Finalizó en 2015 como El vaso lleno del vacío de la botella. Autor de la bitácora Noticias de un espía en el bar desde 2005, y colaborador de la revista digital sobre cine El Tornillo de Klaus, desde 2012. Creador, redactor y coordinador de Las notas de los cíclopes libreros desde 2018, sobre autores y libros de, con y sobre Alcalá de Henares. Aparece en la antología poética hispanoamericana Tú, 2 (2015). En 2016 editó con la poetisa Sofía Winter una antología de poetas complutenses, Veinte poemas asoman… en un invierno. Ese mismo 2016 publicó el libro de relatos de ficción Relatos de la Gran Guerra (editorial Atlantis). En 2017 publicó la novela  Balada triste de una dama (editorial Verbum). En 2019 publicó un libro de relatos de ciencia ficción que incluía una novela breve, El frío que nos acoge mientras los robots caminan entre los humanos y otros relatos (editorial Amarante). Ha colaborado puntualmente en el pasado con publicaciones como El espectador imaginario (bitácora argentina sobre cine, colaboró en ocasiones puntuales desde 2006), Diagonal (periódico de ámbito nacional, colaboró en 2014), Fraternidad Universal (bitácora de Historia y análisis del movimiento obrero, en 2014 con un artículo sobre cine anarquista en la guerra civil), Fundación Aurora Intermitente (periódico anarquista, con un artículo sobre el cineasta Armand Guerra en 2014) o Violeta mag. (revista de Arte y Literatura, en 2016), entre otras. En 2020 aparece su poema “Queda el viento” en la antología poética Poesía Antiviral, con motivo de la pandemia de la Covid-19, de la revista literaria electrónica Jazz Café Montaigne.