M. T. Gallego y Amaya García G.: La Cartuja de Parma, Stendhal, y Voy a hablar de Sarah, de Pauline Delabroy-Allard

María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego han traducido del francés la obra Stendhal La Cartuja de Parma para Alba Editorial y Voy a hablar de Sarah, de Pauline Delabroy-Allard, para Editorial Lumen.

¿Qué se hace con el amor al traducir del francés?

Qué se hace, en concreto, con los eufemismos para nombrar el coito. Porque, a ver, en castellano no hay gran cosa. Acostarse con alguien y punto. Bueno, o irse a la cama con alguien. Hay verbos de gusto antiguo: yacer. Hay verbos considerados groseros: follar. Hay verbos con toque de manual médico: copular. Hay verbos con toque de Tablas de la Ley en el Sinaí: fornicar (por cierto, aprovecho para recordar algo muy olvidado: la fornicación es el trato sexual fuera del matrimonio, con un especial hincapié en el adulterio, así que en el lecho conyugal pasará lo que pase, pero nunca será fornicar). Verbos todos ellos que dicen lo que dicen y valen para lo que valen en el contexto oportuno. Y que tienen todos ellos sus correspondientes verbos equivalentes en francés.

Y, claro, luego está el dichoso hacer al amor… que me resisto a usar cuanto puedo. Porque es un galicismo relativamente reciente, y no soy nada partidaria de los galicismos, y porque le pisa el terreno a un «hacer el amor» que ya existía en castellano antes de que aterrizase el galicismo y que significa (DRAE dixit): «enamorar, galantear», acepción que está desapareciendo desplazada por el hacer el amor = a copular, follar, yacer, acostarse, irse a la cama… El ya mencionado DRAE ha incluido, por cierto, esta segunda y relativamente reciente acepción. Pero, la verdad, para mí sigue siendo un galicismo que prefiero no usar.

¿Qué pasa en francés?  Pues que también tuvo faire l’amour el mismo sentido que en castellano: Faire la cour, cortejar, aunque en el siglo XVII empezó ya usarse ya en determinados ambientes para las relaciones sexuales, pero la primera acepción prevaleció hasta el siglo XIX. ¿Qué pasó, entre otras cosas, en el siglo XIX? Que llegó Stendhal. Que adoraba Italia, la lengua italiana y los italianismos. Que cogió un fare ll’amore que también en un principio valía para cortejar, requebrar, galantear y también fue evolucionando hacia la expresión de la relación física. Stendhal decidió emplearlo en ese sentido como deliberado y consciente italianismo (entre otros varios que utiliza en sus novelas).

Fin del preámbulo y llegamos a la traducción. Como creo que ya ha quedado claro, me resisto a usar la forma «hacer el amor» y tiro por acostarse con… o irse a la cama con… hasta que me piden que traduzca a Stendhal. Y entonces, por supuesto, lo uso, traduzco sus faire l’amour por hacer el amor, consciente y deliberadamente, pero no es un galicismo, es un italianismo, no mío, de Stendhal.

Y esto es lo que sucede en la traducción (a cuatro manos con Amaya García Gallego) de La cartuja de Parma que publicó la pasada primavera Alba Editorial.

Pero luego llegó Sarah. O sea, Voy a hablar de Sarah, un libro recién publicado en Francia de una joven escritora, Pauline Delabroy-Allard, su primer libro.

Novela en la cual «faire l’amour», conjugado en todos los tiempos y modos, no está en todas las líneas, pero le falta poco.

Se trata también de una co-traducción con Amaya García Gallego. Mientras hacíamos el borrador, yo fui defendiendo los irse a la cama con… Pero mi co-traductora alegó que, con aquella densidad por centímetro cuadrado, quedaba ortopédico y chirriaba una barbaridad. Por lo demás, tan usual es ya el giro hacer el amor en la actualidad admitido incluso en el DRAE, que lo que es anacronismo —galicismo y anacronismo, las dos cosas— al traducir obras de buena parte del siglo XX, es posible, nos dijimos. que fuera lo indicado en una obra de 2019.  Así que… se tradujo por «hacer el amor» (y perdimos palabras en el recuento final, a la hora de hacer la factura, pero ésa es otra historia).

Como en La Cartuja de Parma. Pero ¡ojo! que no son el mismo giro en los dos libros. Obedecen a muy diferente causa. Es decir, que no, que no como en La Cartuja de Parma. Otro origen, otros motivos, otro razonamiento.

Nota: Y, aunque no tenga nada que ver con el presente comentario de estas dos traducciones, me he acordado de una frase deliciosa no sé de quién que leí una vez: L’amore non esiste, per questo lo facciamo

 

 

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